Germán Jiménez | Historiador

“La idea de una España compleja era más natural en el siglo XVI que ahora”

El historiador Germán Jiménez El historiador Germán Jiménez

El historiador Germán Jiménez / Luis Serrano

Cuando Germán Jiménez tuvo que elegir carrera dudaba entre Sociología y Periodismo, pero sus padres, profesores de Latín y Griego, lo encaminaron hacia la Historia. “Lo vieron como una oportunidad de tener algo de lo que hablar”, bromea. Tras hacer la carrera y el máster en Sevilla, logró una beca para doctorarse en la Universidad de Groningen (Países Bajos) con una tesis sobre los comerciantes alemanes y flamencos que emigraron a Sevilla y controlaron en el XVI el comercio de madera de calidad para los barcos que iban a América desde el edificio de las Atarazanas. El camino opuesto de este joven historiador que ahora pretende volver a casa.

–¿Hasta qué punto es un tópico que Sevilla era la Nueva York del siglo XVI?

–Es un tópico y no lo es. Cuando hablamos de la Nueva York del XVI nos solemos referir más al poder que ostentaba la ciudad que a lo que realmente era, pero la Sevilla del XVI comparte con la Nueva York actual muchos aspectos que se suelen obviar. Era una ciudad en la que, posiblemente, había más negros de los que hay ahora, lo que habla de su diversidad. El complemento extranjero era muy poderoso. Los comerciantes flamencos y alemanes tenían control sobre un comercio estratégico que generaba mucha riqueza: la capacidad de reparar y construir barcos. Eso implica que era, posiblemente, una ciudad más abierta a la inversión extranjera que actualmente. Hay que entender el tópico con sus fortunas, sus miserias y, sobre todo, su diversidad.

–¿A qué miserias se refiere?

–No quiero echar por tierra los sueños de grandeza de nadie, pero era una ciudad con mucha gente pobre, con esclavitud. Se sale un poco de la imagen habitual de la Sevilla grande que tenemos en la cabeza. En la serie La peste se ve muy bien esa Sevilla oscura. La gente dice que no se ve bien, pero es una serie oscura, justo como me imagino esa Sevilla.

–Los comerciantes flamencos y alemanes de su tesis son parte de esa ciudad que sí vivía bien, supongo.

–Era una ciudad en la que se acogía fácil al extranjero. Estos comerciantes se hicieron rápidamente con un sector estratégico que la ciudad necesitaba. Las mejores maderas venían del norte de Europa y es la oligarquía sevillana la que quiso consolidar la presencia de estos extranjeros, que consiguen integrarse bien. Eso dice mucho de esa gran ciudad.

–Y eso que Sevilla tiene fama de no ser muy abierta a los extraños. Al final, el dinero lo arregla todo.

–El pobre era pobre y el miserable era miserable, pero si podías aportar algo a la ciudad podías consolidar tu posición. Lo interesante es que esa integración se hace a pesar de los intereses de Madrid. No se podía comerciar con flamencos y alemanes por la Guerra de los 80 años, pero la ciudad de Sevilla hace todo lo posible por proteger a su comunidad de extranjeros. Tanto los emigrantes como la ciudad se empeñan en demostrar que se han integrado, que hacen su vida en Sevilla, que se han casado y, por supuesto, que son católicos y leales al rey.

–¿Qué ocurre con esta comunidad cuando el comercio con América se decide desde Cádiz y la ciudad deja de necesitar madera?

–Me gusta hablar del espacio de la Baja Andalucía. Los comerciantes se asientan y consolidan en Sevilla porque así están cerca de las instituciones monárquicas, que son las que dan acceso a grandes oportunidades de negocio. Pero gran parte de la carga no llega a la ciudad, la mayoría se queda en Sanlúcar. Hay redes y pequeñas comunidades en Sanlúcar, El Puerto y Cádiz muy relacionadas entre sí por lazos familiares. Cuando gran parte de esa economía marítima se traslada allí, la comunidad flamenca de Sevilla pierde importancia respecto a Cádiz. Además, en ese momento, ya en el XVII, se quitan la careta. Se describen a sí mismos como holandeses, que habían sido los enemigos de la monarquía hasta poco antes.

–A pesar de ser la base del comercio de madera de calidad , imprescindible para los barcos que iban a América, Andalucía no desarrolla unos astilleros, que se quedan en el Cantábrico. El fenómeno suena actual.

–El País Vasco no quería perder su industria naval. Las pocas veces que los astilleros andaluces intentaron levantar cabeza hubo una ordenanza que prohibió utilizar barcos construidos en Andalucía para la Carrera de Indias alegando que no eran suficientemente buenos. Hay parte de verdad, pero lo fundamental para la navegación de alto bordo, que son los mástiles, está en Sevilla, que crea un mercado para eso. Eso habla mucho de la capacidad de la oligarquía para consolidar el comercio, pero no fue suficiente para conseguir desarrollar una industria naval en Andalucía porque las oligarquías vascas también tenían gran influencia.

–Esas ordenanzas en defensa de los vascos parten de la Corona, es decir, que es la misma que permite el comercio en Sevilla.

–El Imperio Español era policéntrico, es decir, las periferias no sólo son capaces de negociar con la Corona con gran fuerza, sino que hay un desarrollo del comercio y las relaciones institucionales entre las periferias, como Andalucía y el País Vasco, sin necesidad de pasar por Madrid. La Monarquía Hispánica era mucho compleja de lo que estamos acostumbrados a entender.

–Para un vasco y un andaluz era más fácil obviar a Madrid entonces que ahora.

–Quizás la idea de una España compleja le salía más natural a la gente del siglo XVI que ahora, que parece una idea más impostada, quizás porque el desarrollo del modelo territorial español quedó embarrado por la dictadura.

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