Juan González-Barba | Embajador de España en Turquía y novelista

"Creo que no es incompatible ser musulmán y ser europeo"

Juan González-Barba. Juan González-Barba.

Juan González-Barba.

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Juan González-Barba (Sevilla, 1966) conoce la cuenca mediterránea desde los despachos, pero también desde el terreno. Fue director general en Exteriores con competencias desde Irán hasta Mauritania. También estuvo en las embajadas españolas en Grecia e Israel, entre otras, y ahora se estrena como jefe de delegación en Turquía. Entre reunión y reunión, ha sacado tiempo para escribir dos novelas. La segunda se titula Y la luna tocó el mar bajo Sevilla, misterio con reminiscencias de Dante Alighieri. El italiano, recuerda el diplomático, citó dos veces a la ciudad de la Giralda en su Infierno.

-¿Cómo se decide por la carrera diplomática?

-La vocación me la despertó mi profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Sevilla, Juan Antonio Carrillo Salcedo, un extraordinario maestro y persona excepcional.

-Además de a varias embajadas, su vocación lo llevó a la Dirección General para el Mediterráneo, el Magreb y Oriente Próximo.

-Mi competencia se extendía desde Irán a Mauritania, incluidos los países del Golfo. A los pocos meses de mi nombramiento estalló la llamada Primavera Árabe, lo que entrañó un enorme reto para la política exterior de España y de la Unión Europea en general.

-El Mediterráneo está ahora en el punto de mira por el asunto migratorio.

-La correcta gestión de los flujos migratorios es una de las cuestiones más importantes en nuestra relación con los vecinos del sur, pero se trata de una relación muy rica, que incluye asuntos como el comercio, las inversiones, el medio ambiente, el turismo o la cultura.

-Con su experiencia en la delegación española ante la UE, puede opinar con conocimiento de causa sobre la gestión que hacen los 28 con la inmigración en el Mediterráneo.

-Teóricamente, existe un consenso internacional de que la correcta gestión de los flujos migratorios exige la combinación de tres políticas complementarias: la lucha contra los traficantes de personas y la inmigración clandestina; la integración social de los inmigrantes legalmente establecidos, incluido el acceso al mercado laboral; y el desarrollo de los países de origen.

-¿Qué ocurre en cuando se aplica esa teoría?

"Hay países que creen que la única política migratoria posible pasa por luchar contra la inmigración clandestina"

-Que algunos países de destino tienden a creer que la única política migratoria posible se circunscribe al primero de los elementos citados. España es considerada por las instituciones internacionales competentes en la materia como uno de los países de destino que ejecuta una política migratoria más equilibrada.

-Ha pasado también por Grecia e Israel. Se ha cruzado el Mediterráneo de punta a punta. ¿Existe un carácter mediterráneo?

-Le puedo decir que a mis identidades sevillana, andaluza, española y europea se suma otra mediterránea. Sin duda, creo que España comparte rasgos con otros países mediterráneos.

- ¿De cuál de sus destinos guarda mejor recuerdo?

-Todos ellos me han ido enriqueciendo personal y profesionalmente, no me obligue a elegir.

-¿Cuál fue el más complicado?

-Posiblemente Sudán y Sudán del Sur. El primero con conflictos abiertos en Darfur y las montañas Nuba y el segundo con una guerra civil que estalló cuando era embajador allí. Así y todo, son países muy atractivos y de enorme potencial.

-Ahora ha desembarcado en Turquía. ¿Mantiene el carácter exótico del Imperio Otomano?

-Eduard Said le habría dicho que la calificación del Imperio Otomano como exótico es un caso de orientalismo. Fue una de las experiencias políticas más originales de la historia. Turquía, en tanto que su heredera principal, no se puede entender sin la historia otomana, pero hay diferencias.

-Explíquese.

-Para empezar, es una república basada en la nación turca, mientras que el Imperio Otomano tenía una lógica religiosa articulada en torno a los millets o comunidades religiosas, principalmente la musulmana, ortodoxa, armenia y judía, coronado por un sultán que también tenía la legitimación religiosa califal.

-Es un país entre dos aguas. ¿Es más europeo o más musulmán?

-No me atrevería a plantear la pregunta como una disyuntiva. Pienso que el ser musulmán no es incompatible con ser europeo. De hecho, aprecio en Turquía, cuya población es mayoritariamente musulmana, una clara vocación europea, por historia y por geografía.

-En su primera novela utiliza su experiencia como diplomático, pero en la segunda vuelve al terruño. ¿Por qué?

-Sevilla es una de las ciudades más bellas y extraordinarias que conozco. Lo digo como sevillano que se crió y estudió allí, pero también como alguien que ha vivido fuera de ella en los últimos treinta años y la ve al mismo tiempo con ojos de forastero. Como el protagonista de la novela, el padre Javier Irigoyen, también he sentido a veces la tentación de regresar. Ya que es incompatible con mi profesión, lo hago al menos en la ficción.

-¿De dónde viene la querencia por escribir?

-Los diplomáticos nos pasamos el día escribiendo, informes, despachos, telegramas... A muchos nos queda estrecha la prosa administrativa para describir nuestras experiencias y de ahí que cultivemos al mismo tiempo la ficción, ya sea la novela o la poesía.

-¿Es Sevilla un lugar para ser escenario de una novela de misterio?

-Sevilla es el escenario ideal para cualquier manifestación artística, del género que sea. Mi novela nace de la confluencia de tres circunstancias: mi condición de sevillano, el hecho de haber estado varios años ocupándome de analizar el fenómeno yihadista, tan ligado a la mentalidad apocalíptica; y una inmersión en la obra de Dante.

-¿Hay mucho de ese Infierno en el siglo XXI?

-Como afirma uno de los personajes de la novela, el infierno siempre ha estado en nuestro mundo y no en el más allá. Con todo, creo que el siglo XXI ha sido, hasta la fecha, el menos infernal de los que ha vivido el hombre.

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