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Juan Mayorga: mimbres de un teatro futuro

  • Recién llegado el montaje de ‘El chico de la última fila’ dirigido por Andrés Lima al CDN, y ante la próxima reedición de su ‘Teatro para minutos’ en La Uña Rota, el autor revalida su influencia

‘El chico de la última fila’ en el montaje de Andrés Lima que ahora acoge el Centro Dramático Nacional. ‘El chico de la última fila’ en el montaje de Andrés Lima que ahora acoge el Centro Dramático Nacional.

‘El chico de la última fila’ en el montaje de Andrés Lima que ahora acoge el Centro Dramático Nacional. / CDN

En la trayectoria de Juan Mayorga (Madrid, 1965), el estreno en 2006 de El chico de la última fila constituyó un verdadero punto de inflexión: si hasta entonces obras como Cartas de amor a Stalin, Himmelweg, Animales nocturnos y Hamelin habían dado ya buena cuenta de la autoridad con la que el dramaturgo hacía de la escena un espejo significativo de la realidad en clave benjaminiana, entendida la realidad como un ejercicio inagotable de traducción y asumida la Historia como una anomalía inclinada a la frustración y la deslocalización, lo que sucedió a partir de esta obra tenía más que ver con una síntesis proverbial, despojada ya de convenciones escénicas, que asumía al otro como condición indispensable de la existencia individual. En El chico de la última fila, Mayorga partía de una experiencia que vivió personalmente como profesor para indagar en la fantasía y el misterio que entraña la vida de los otros y la posibilidad de ser vivida por uno mismo, desde la suplantación, la parasitación o, al cabo, el deseo que tiende sin remedio al otro como prolongación aventurada de la identidad propia. Más allá de que, felizmente, El chico de la última fila constituyese un gran éxito, con montajes estrenados cada año en medio mundo desde entonces, cabe destacar el modo en que obras posteriores como La paz perpetua, La tortuga de Darwin, El cartógrafo, La lengua en pedazos, Reikiavik y El mago han compartido justo esta síntesis de aproximación al otro como misterio y frontera de uno mismo, una proyección que tiene en el teatro su mejor aliado desde Esquilo. Por cierto, aunque la influencia filosófica de maestros como Reyes Mate sigue siendo notoria en estos títulos, es bien sensible el protagonismo creciente de la otra gran disciplina académica que ha cultivado Juan Mayorga: las matemáticas. Seguramente en virtud de esa depuración, sus personajes funcionan cada vez más como algoritmos no programados, pero sí habitantes de una realidad distinta que corresponde al espectador traducir y hacer propia. Y tal vez por esto la satisfacción que prodigan sus textos y montajes es, en consecuencia, cada vez mayor.

El dramaturgo y académico Juan Mayorga. El dramaturgo y académico Juan Mayorga.

El dramaturgo y académico Juan Mayorga. / Sergio Parra

Ahora, El chico de la última fila vuelve a la actualidad con la llegada a la cartelera del Centro Dramático Nacional del montaje dirigido por Andrés Lima, con funciones hasta el 8 de noviembre en el Teatro María Guerrero de Madrid. La producción se estrenó en enero del año pasado en la Sala Beckett de Barcelona y regresa a las tablas con un reparto que mantiene a Guillem Barbosa y Arnau Comas pero que, por mucho que corresponda echar de menos a Sergi López, ha servido en bandeja nada menos que una recomposición de Animalario con Alberto San Juan y Guillermo Toledo. La reposición entraña todo un acierto en un contexto en el que, a base de mascarillas, confinamientos y sospechas permanentes de contagio, el otro es ya no un misterio sino directamente un adversario, dañino, peligroso en potencia, foco de enfermedades y de las peores pesadillas. Lo mejor de todo es poder comprobar no ya que El chico de la última fila mantiene intacta su vigencia, sino el modo en que adquiere nuevos matices, sentidos y lecturas en cada contexto. Aunque en los últimos años ha sido relativamente fácil asistir a alguna función de la obra en una de las diversas producciones que han celebrado sus giras por toda España, nunca está de más acudir al texto, publicado hace un par de años por la editorial La Uña Rota en un volumen que incluye un ensayo de Carlos Thiebaut, para comprobarlo.

Precisamente, La Uña Rota lanzará próximamente una nueva edición, ampliada y revisada, de Teatro para minutos, el libro que contiene el teatro breve de Juan Mayorga. Publicado por primera vez por la editorial Ñaque en 2001, el volumen conoció diversas reediciones hasta 2010 pero, dado el renovado interés que ha generado la obra del académico en la última década, y dadas también las dificultades para encontrar la edición original, la actualización era cada vez más demandada. Teatro para minutos permitirá a nuevos y viejos lectores afrontar los dilemas filosóficos, históricos, literarios, matemáticos y en definitiva dramáticos encapsulados en piezas como Legión, La mala imagen, Manifiesto Comunista, Sentido de calle, La mujer de los ojos tristes, Justicia, La mano izquierda, Candidatos, Una carta de Sarajevo y tantas otras, depositarias de la mejor tradición del teatro breve europeo del último siglo. El teatro futuro, el que de verdad importa, se juega en esta liga. Como casi todo lo demás.

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