Supercopa de Europa | El escenario

La vida sigue su curso en una ciudad de cuento

Una imagen del estadio en el entrenamiento del Atlético de Madrid. Una imagen del estadio en el entrenamiento del Atlético de Madrid.

Una imagen del estadio en el entrenamiento del Atlético de Madrid. / TOMS KALNINS / efe

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La final de la Supercopa no parece alterar la actividad normal de Tallin en estas fechas en las que numerosos turistas visitan una ciudad de cuento. La decisión del ente regulador del fútbol europeo (UEFA) de mover la Supercopa de la que fue su sede fija hasta 2012, el estadio Louis II de Mónaco, responde al intento de acercar el fútbol de élite a países menos habituados a grandes eventos precisamente en fechas de verano boreal en las que a los hinchas europeos les es más difícil viajar por el periodo vacacional.

Así, el trofeo pasó desde entonces por ciudades como Praga (República Checa), Cardiff (Gales), Tiflis (Georgia), Trondheim (Noruega) y Skopje (Macedonia). Sin embargo, en esta ocasión en Tallin será la primera en la que el estadio que albergará la final no alcanzará los 20.000 espectadores.

De hecho, el humilde A. Le Coq Arena, casa de la selección estonia, apenas llega a los 10.000, aunque la UEFA logró aumentarlo hasta los 13.000 espectadores que verán la final en vivo. Su nombre original es estadio Lillekülla pero una marca de cerveza local patrocina su actual denominación.

Esto provocó que tanto Real Madrid como Atlético apenas pudieran adquirir un par de millares de entradas cada uno y finalmente algo menos de 3.000 aficionados madrileños se desplazarán para alentar a su equipo.

Es por eso que Tallin, una ciudad eminentemente turística y más en estas fechas veraniegas, apenas parece alterar su normal actividad de mediados de agosto por la final. Su principal atracción es el casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad y con un bien conservado aspecto medieval que le dan el aire de una ciudad de cuento.

Por él desfilan turistas de lado a lado costantemente aprovechando que muchas de sus empedradas calles no están abiertas al tráfico, algunos de ellos en grupos guiados que recorren los principales monumentos de la ciudad y en los que se pueden apreciar visitantes de todo tipo y origen: asiáticos, mediterráneos...

De la final hay algunas huellas por la ciudad, pero pocas. Algunos establecimientos del centro tratan de aprovechar el tirón para ofrecer fiestas musicales hasta altas horas de la madrugada el día de la final y las Fan Zone preparadas con actividades por la UEFA están lejos de masificarse.

Aun así, desde la víspera de la final ya es más normal ver las primeras camisetas blancas y rojiblancas por las zonas céntricas, las de los primeros hinchas en llegar y que aprovechan para hacer turismo.

Eso en el centro, porque por las zonas más modernas de la urbe, donde se encuentra el A. Le Coq, apenas hay señales de una gran final salvo por el ir y venir de periodistas y de trabajadores que ultiman los preparativos para el partido.

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