Baloncesto

De gris escolta a buen pastor

  • Adrian Crawford, jugador del Cajasur en el curso 01-02, es ahora el director ejecutivo de 925 Athletic Ministries, una organización cristiana que apoya a jóvenes deportistas

"Todo el que compite en los Juegos sigue un estricto entrenamiento. Lo hace para alcanzar una corona que se marchitará pronto, pero nosotros lo hacemos para obtener un premio que durará para siempre". Así reza la primera carta a los Corintios 9.25, el pasaje que ilustra la página de inicio de 925 Athletic Ministries, la asociación cristiana fundada por Adrian Crawford, aquel escolta americano que hace siete años jugó en el Cajasur. Porque hoy, pese a que apenas tiene 30 años, Crawford ya no es jugador de baloncesto, sino que es el Pastor Adrian, una transformación que ha cambiado su vida fundiendo su pasión por el deporte con la religión.

Crawford llegó a Córdoba en el verano de 2001 como uno de los estandartes del equipo granate en una temporada que ya se preveía complicada. El club venía de atravesar una de sus mayores tormentas tras la marcha de Rafa Sanz, que durante las dos temporadas previas había llevado al equipo a los play off. La salida del entrenador cordobés, salpicada por una dura polémica con Andrés López con paso incluido por los tribunales, representaba por sí sola un cambio de ciclo en la entidad. Además, su gran estrella Joe Alonso solicitó abandonar el club tras cuatro exitosas temporadas para firmar por la Universidad Complutense en lo que se supone que era el primer paso hacia su retirada, aunque hoy sigue jugando (y destacando) en el Illescas de la LEB Oro. Para iniciar la nueva etapa, Andrés López otorgó el banquillo a Eduardo Clavero y apostó como pareja de americanos por el ala pívot John McClark y el escolta Adrian Crawofrd, el primer foráneo puramente exterior en la historia del equipo, quizás un fichaje meramente político para hacer olvidar a Alonso.

Desde el primer día que llegó a Vista Alegre, acompañado por su inseparable novia Wendy, Adrian demostró ser mucho más centrado que su díscolo compatriota McClark, más recordado por sus andanzas nocturnas y su trabajo alternativo como portero en una conocida discoteca del centro. Pese a que el trato personal era excelente, su rendimiento nunca llegó a satisfacer a nadie. La sombra de Alonso era alargada, y el escolta no podía competir con el madrileño, ni en recuerdos ni en números. Muy pronto sobrevoló sobre él la opción del corte, una decisión que llegó finalmente en el mes de abril, después de 27 partidos en los que Crawford firmó 13.5 puntos y 2 rebotes por partido. El escolta fue sustituido por Joe Wilye apenas tres semanas antes del inicio del play off de descenso, aunque el mercenario ala pívot tampoco pudo colaborar en la salvación del equipo en aquella triste eliminatoria ante el Sondeos de La Coruña.

Mucho antes de que todo eso pasara, Crawford ya había entrado en contacto en grupos cristianos para deportistas. Fue durante su etapa en la Universidad de Florida State, cuando el jugador empezó a asistir a las reuniones de Campeones de Cristo, un grupo religioso destinado especialmente a jóvenes deportistas en pleno proceso de formación y con demasiadas tentaciones cerca de su entorno. "Tras jugar en Córdoba tuve un breve paso por Filipinas, y entonces decidí dejar el baloncesto", dice Adrian, que regresó a Talahasse (Florida) en 2004, donde abrió Game Speed Basketball, una escuela de baloncesto destinada a niños. Al mismo tiempo comenzó su magisterio en Campeones de Cristo, de la que pronto se convirtió en director ejecutivo cambiando su nombre por el actual, 925 Athletic Ministries. El entrenador Crawford se había convertido en el Pastor Adrian.

"Somos una organización que trata de cambiar el mundo a través del deporte, aconsejando a jóvenes deportistas con un entrenamiento espiritual", señala 925 en su página web, al tiempo que Crawford difunde sus cada vez más influyentes pensamientos en su blog (http://adriancrawfordlive.com), además de impartir conferencias por escuelas, iglesias y centros cívicos no sólo en Estados Unidos, sino también en Suráfrica -su actual directora de operaciones es la surafricana Marianne Kriel, bronce en natación en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996- Australia, Nueva Zelanda y Filipinas.

"Me sentí llamado a aconsejar deportistas universitarios y ayudarles a desarrollarse no sólo como hijos de Dios, sino también como grandes seres humanos más allá de su vida deportiva", apunta Adrian, que todavía hoy sigue teniendo buenos recuerdos de su experiencia en Córdoba: "Tanto yo como mi mujer Wendy -hoy tienen dos hijos; ella es la entrenadora de las cheerleaders de la Universidad de Florida- pasamos un gran año en Córdoba. Fue divertido vivir en una ciudad preciosa, jugando con compañeros de gran talento y conociendo gente estupenda". Y por encima de todos sus recuerdos, Crawford todavía tiene clavado algo en su memoria. "Definitivamente, lo que más echo de menos es La Pizetta, aquel restaurante que había al lado del pabellón", sigue diciendo hoy en día desde su casa en Florida, donde desde su púlpito trata de crear un mundo mejor.

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