Champions League | Atlético de Madrid - Lokomotiv de Moscú

La inquietud ya es pasado (2-0)

  • El Atlético aprovecha el segundo penalti en el arranque para disipar las dudas contra un Lokomotiv sensiblemente inferior

  • Felipe resuelve el partido y la clasificación para octavos

Joao Félix transforma el penalti que puso con ventaja al Atlético, el segundo pitado a su favor en el arranque del partido. Joao Félix transforma el penalti que puso con ventaja al Atlético, el segundo pitado a su favor en el arranque del partido.

Joao Félix transforma el penalti que puso con ventaja al Atlético, el segundo pitado a su favor en el arranque del partido. / Juanjo Martín / efe

El Atlético de Madrid doblegó las dudas, superó al Lokomotiv de Moscú, cumplió con un triunfo sin sobresaltos y avanzó a los octavos de final de la Liga de Campeones, al ritmo de Joao Félix, el promotor de una victoria crucial, abierta por él de penalti y cerrada por Felipe con el 2-0. Fue un Atlético práctico, aún peleado por momentos con el gol, pero con un futbolista distinto, todavía en crecimiento, del que surge la diferencia. Cuando el balón pasa por él, el equipo rojiblanco juega mejor.

Porque al bloque de Diego Simeone aún le falta vuelo en esta temporada. El fantasma del Qarabag, la inquietud o cualquier pensamiento pesimista duró 17 minutos en el Wanda Metropolitano, aliviado cuando Joao Félix transformó el penalti que abrió una victoria irrebatible desde entonces.

Su lanzamiento raso, potente, pegado al palo, a la derecha del portero, con poca carrera y un golpeo seco con el interior del pie derecho, no sólo fue inalcanzable para Kochenkov, sino que lo hubiera sido para un porcentaje altísimo de guardametas. Nada que ver con la pena máxima ejecutada y errada antes por Trippier.

Porque el Atlético necesitó dos penaltis para marcar el 1-0. El primero, señalado a los 44 segundos sobre Joao Félix y lanzado al borde del minuto 2 de forma fallida por el lateral inglés. Centrado, lo rechazó el meta. El segundo, por una mano absurda, imprudente e innecesaria de Zhemadletdinov, pitado gracias al VAR, lo anotó el portugués. Su cuarto gol con el Atlético. No marcaba desde el 1 de octubre, precisamente contra ese rival que, como ya le ocurrió en Moscú, sufrió más que ningún adversario hasta ahora todo el fútbol que tiene Joao Félix. Indetectable para el bloque ruso entre líneas, fue el promotor de la ofensiva total de inicio de su equipo.

La victoria era indispensable para no depender de nadie más que de sí mismo. La única certeza en la última jornada de cualquier torneo. No dio margen a la especulación, dispuesto desde el primer instante a completar cuanto antes una clasificación convertida en una obligación. Y no admite matices. Ni ganar la Liga Europa. Cualquier otra cosa habría sido un batacazo. No lo permitió el Atlético, que siempre tuvo todo bajo su control contra el Lokomotiv, un rival que no se jugaba absolutamente nada, que es mucho peor que el conjunto rojiblanco y que sostuvo el pulso más por la ineficacia ofensiva ajena que por méritos propios.

Porque el Atlético no sentenció antes por una falta de contundencia en ataque que acostumbra en los duelos recientes. Su falta de precisión ofreció al portero contrario unas cuantas paradas que no habría ni contemplado con algún tiro más ajustado. A Thomas, a Lodi y a Joao Félix, que dispuso del 2-0, pero lo remató fuera. Sólo era un 1-0. En Leverkusen, al descanso, 0-0. Aún todo demasiado abierto como para permitirse algún despiste, así que el conjunto rojiblanco no rebajó su tendencia ofensiva, consciente de que un marcador tan corto era un riesgo.

En el minuto 54, la clasificación era ya segura con el 2-0 del brasileño Felipe, que remató de volea, con la derecha, un servicio de Koke. Un gol previsible para acomodar ya, sin distracción ni apuros, el viaje hacia los octavos de final de la Liga de Campeones. Una cita ineludible para el Atlético.

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