Los misterios de Auguste Dupin, el primer detective | Crítica

El sueño restitutivo

  • Periférica reune los tres relatos policiales de Poe, traducidos por Ángeles de los Santos; relatos cuyo protagonista, el introspectivo chevalier Auguste Dupin, pasa por ser el arquetipo del investigador privado

Imagen de Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849) Imagen de Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849)

Imagen de Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849)

Se reúnen aquí, traducidos por Ángeles de los Santos, los tres cuentos policiales de Edgar Allan Poe donde se da nacimiento al la figura del detective y al universo inductivo donde dicho personaje ejerce su benéfica tiranía. Quienes leímos a Poe en la traducción de Cortázar, o en ésta irreprochable de ahora, nos resistimos a creer en la evidencia señalada por Pratz, y que explica el mayor aprecio de Poe a este lado del Atlántico. Según Pratz, es la probidad del traductor quien corrige y depura las imprecisiones del original, presentándonos un Poe desconocido para los anglosajones. Lo cual no quita, en todo caso, la novedad temática de Poe y la valía crítica de sus anotaciones.

Carlo Ginzburg atribuye la paternidad del género policial, no a Poe, sino al Voltaire de Zadig.

Pero, ¿es Poe el instructor de esta figura introspectiva y meticulosa? Ginzburg atribuye la paternidad del género al Voltaire de Zadig. Y no deja de relacionar la literatura inductiva tanto con la crítica de arte de Giovanni Morelli, como con su adaptador a al ámbito de la clínica (Freud). Es posible, sin embargo, encontrar en Voltaire otro precedente, cuyo origen se halla en un crimen real, reconstruido con escrúpulo en su Tratado de la tolerancia. Esto mismo es lo que hace Poe en El misterio de Marie Rogêt, pero cambiando el nombre de la víctima y el lugar del crimen. E igual proceder adoptará Conan Doyle a título privado. Hay, no obstante, un episodio español, anterior a todos ellos, que mezcla la literatura inductiva con la fantasmal, y que pertenece a la Vida de Torres Villarroel. Me refiero al misterio de los ruidos en la casa de la condesa de Arcos, en la calle Fuencarral de Madrid, donde Torres comienza su indagación como un perfecto detective, receloso e irónico, pero que acaba vencido por el miedo.

No ocurrirá así, un siglo después, con este caballero Dupin que protagoniza los relatos de Poe. De todos ellos, el más artificioso y complejo acaso sea Los crímenes de la Rue Morgue, mientras que el más sencillo es, probablemente, La carta robada. En El misterio de Marie Rogêt es la inquietud de lo real aquello que contamina su literatura. Una literatura que sueña una infinita posibilidad restitutiva, pero que señala, precisamante, lo contrario.

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