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LA VERDAD DE LA PATRIA | CRÍTICA Ferlosio contra el ombligo

  • En edición de Ignacio Echevarría, que recopiló sus 'pecios' y 'fragmentos', se reúnen los artículos periodísticos que el autor dedicó al tema del nacionalismo

Rafael Sánchez Ferlosio en 2009 tras ganar el Premio Nacional de las Letras. Rafael Sánchez Ferlosio en 2009 tras ganar el Premio Nacional de las Letras.

Rafael Sánchez Ferlosio en 2009 tras ganar el Premio Nacional de las Letras. / Chema Moya (Efe)

No mucho antes de su muerte el año pasado, preguntado en una entrevista por el tema catalán, Sánchez Ferlosio contestó: "Lo de Cataluña es un coñazo". Como se deduce de estos escritos sobre la patria, el patriotismo, la identidad y el nacionalismo, Ferlosio habría contestado que el llamado problema de España, de la Transición a hoy mismo, también resulta un supino coñazo.

Dice Ignacio Echevarría en el prólogo que la generación de los 50 o la de los "niños de la guerra" (a la que perteneció Rafael Sánchez Ferlosio) fue la primera que quiso desentenderse de toda idea ancilar sobre España tal y como la repensaron los viejos cacúmenes del 98. El franquismo ambiental los había vacunado ya de toda reflexión sobre esencias nacionales.

El régimen impuso su yunque tras la guerra civil. Vinieron, como corolario, largos y duros años de represión. Pero, atenuado el trauma con el tiempo, el franquismo fue envolviéndose en un mantillo de folclore y de españolismo fullero. Los Reyes Católicos pasaron a llamarse Lola y Manolo. Y, a partir de ahí, las esencias patrias se volcaron, catolicismo aparte, en torno a la paella, los toros, la jota, el Cid, el flamenco, el Escorial, el Rocío, don Pelayo o la Giralda.

La generación de Ferlosio (sin olvido de la cuota catalana de los Barral, Juan Marsé, Ferrater Mora, Gil de Biedma o los hermanos Goytisolo) obviaron el nacionalismo español, igual que los citados habrían de desconfiar del nacionalismo catalán.

La llorona queja catalana, junto con la vasca, irá tutelando parte de la Transición y dará lugar a la propagación de lo que Ferlosio llamó la "la peste catastrófica de las autonomías". No es que no fuera saludable una descentralización eficiente del estado por entonces. Pero el autonomismo, gracias a alguna que otra eminencia gris de la UCD, propició ridículos particularismos.

La España de las autonomías (recreada paródicamente en la película de Rafael Gil Las autonosuyas, basada en la novela de Vizcaíno Casas), incidió cada vez más en el aldeanismo, lo que daría pie a diferentes zarzuelas regionales que, a su vez, ahondaron en supuestos valores etnográficos para dar amparo a los colosos administrativos que se fueron erigiendo por todo lugar. Del nacionalismo periférico al célebre café para todos, el mapa de España se fragmentó en un aparataje burocrático sin precedentes.

Para Ferlosio toda identidad, sea española o vasca o catalana o ceutí, no es más que "un fantasma fetiche". Estos fantasmas no son sólo propios de España (léase el artículo Austerlitz sobre Francia). Pero aquí el fetichismo adquirió un tono propio, lo que llevó a la citada "peste mortífera" de las taifas, al "amor de aldea" y al "embeleco" de lo que ya hace años -no ahora- se decía acerca del "patriotismo constitucional".

Los artículos aquí reunidos fueron publicados hace años por el escritor y premio Cervantes en los diarios El País y ABC (se incluye también su polémico Discurso de Gerona de 1984). La última parte del libro acoge algunos de sus conocidos pecios y fragmentos, que aparecieron recogidos a su vez en Campo de retamas. Pecios reunidos en edición de Ignacio Echevarría.

A juicio del autor, patria y nacionalismo son en esencia términos antitéticos. "La patria es la hija de la guerra", dirá Ferlosio. No es más que una versión del mismo tronco familiar del que ya hablara Heráclito en la hora luminosa de los antiguos ("la guerra es el padre de todas las cosas").

Para el escritor, toda identidad, sea ceutí o vasca, no es más que un "fantasma fetiche"

Habla Ferlosio de "ortegajos" para criticar ciertas "tontadas" de Ortega en referencia a la patria. No soporta la cursilería orteguiana de definir la cosa como "proyecto sugestivo de vida en común". La palabra sugestivo le repele y cree más honrada incluso la sencilla expresión del mismo Franco al decir que España, la patria española, "es el hogar de todos los españoles". Esta definición, umbilical y hogareña, nos lleva incluso al concepto de 'matria', del que habló Unamuno.

"Españolez", "onfaloscopia" o el culto aldeano a "San Simismo" son algunos de los términos ferlosianos más usados. Para interés de los lectores de este periódico de ámbito andaluz, nos parece de obligada relectura volver al artículo que sobre el andalucismo publicó Ferlosio en 1996 en defensa de Antonio Muñoz Molina. Éste había publicado a su vez otro artículo ("Andalucía obligatoria") en el que criticaba un curso para enseñantes andaluces, realizado en el marco de la Logse, y que pretendía estudiar "la realidad del Rocío como referente inmediato y cohesionador del entorno".

Escribe al respecto Ferlosio: "Así es como creo yo que acabaron por hacer de la pobre Andalucía esa especie de diva impúdicamente exhibicionista, insoportablemente pagada de sí misma, encerrada y ensimismada en la espiral del narcisismo". Casi veinticinco años después seguimos siendo una diva marismeña.

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