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El final más épico a una temporada para olvidar

  • El conjunto blanquiverde evitó la tragedia del descenso en un curso negativo con cuatro entrenadores, que utilizaron hasta 32 jugadores

El final más épico a una temporada para olvidar El final más épico a una temporada para olvidar

El final más épico a una temporada para olvidar

A pesar de que terminó con una alegría enorme, la temporada del Córdoba no puede considerarse ni mucho menos un éxito. Los blanquiverdes finalizaron el pasado sábado un ejercicio decepcionante, en el que partían con la intención de pelear por la zona noble y en el que a punto estuvieron de acabar en el fango de la Segunda B. Sólo una reacción espectacular, con números de ascenso directo, hizo posible que el CCF salvara los muebles en la jornada final, dejando un panorama esperanzador para el futuro más inmediato, pues la gran apuesta de Jesús León debe tener continuidad ahora para realmente aspirar al regreso a Primera División.

En una de las temporadas más complicadas que se recuerdan en Córdoba, el conjunto blanquiverde mostró dos caras radicalmente opuestas. En la primera vuelta, el CCF fue un equipo frágil, sin argumentos para defenderse y sin una idea convincente de juego para ir a ganar los partidos. El resultado fue un equipo desastroso que se hundió al fondo de la clasificación y que acumuló una desventaja tremenda, triturando entrenadores y jugadores de una manera voraz y descorazonadora.

La confianza en Luis Carrión, el técnico que arrancó la temporada y que afrontaba su primer ejercicio desde el inicio en el equipo, apenas duró 10 partidos. El catalán fue relevado cuando el equipo sólo sumaba nueve puntos y ya coqueteaba con la zona de descenso. Pero los problemas empezaron mucho antes, pues en verano Carlos González -con su hijo Alejandro como pantalla presidencial para maniobrar en la sombra- evidenció el agotamiento de su ciclo en el club al intentar la enésima composición de una plantilla a bajo coste, pero con la máxima exigencia.

Si mala fue la etapa de Carrión, peor fue la de su sucesor, un Juan Merino que no supo remediar los males de un equipo que con él en el banquillo sumó un escandaloso 3 de 21 (merced a tres empates y cuatro derrotas) para hundirse en el fondo de la tabla. Con el patio revuelto y muy poca voluntad de invertir más dinero en el equipo, González volvió a mirar hacia abajo y promocionó a Jorge Romero, que tuvo el complicado papel de entrenar al equipo mientras el empresario madrileño ya tanteaba en la sombra su salida del club. Romero dispuso de nueve partidos, en los que sumó siete puntos, algo que dejó al Córdoba ya descolgado con 11 puntos de distancia respecto a la salvación en la jornada 26. En favor del técnico cordobés hay que recordar su labor de integración con los nuevos jugadores llegados en invierno y una cierta mejoría en el juego que, eso sí, no terminó de trasladarse a la clasificación.

José Ramón Sandoval, el cuarto entrenador blanquiverde de una campaña que caminaba hacia el estrépito se estrenó en la jornada 27, con una derrota ante el Granada (1-2) que colocó la salvación a 13 puntos más el average para un Córdoba prácticamente condenado.

En ese momento, sólo la fuerza de voluntad del nuevo propietario, un Jesús León empeñado en agotar todas las opciones de permanencia sin escenificar un plan B en la categoría de bronce, sostuvo al equipo, que paulatinamente fue mejorando cuando jugadores de la talla de Aythami, Quintanilla, Reyes o Narváez fueron acoplándose al resto de compañeros que quedaron tras la limpia del mercado invernal, en la que salieron del club las grandes apuestas del último proyecto de González, jugadores que decepcionaron enormemente como Joao Afonso, Pinillos, Jaime o Jona.

Con una cara totalmente renovada, una directiva con fe y determinación y una afición volcada, el Córdoba vivió un punto de inflexión en el choque ante el Valladolid de la jornada 28. Ahí, el penalti detenido por Pawel con 0-1 en el marcador supuso el cambio de ánimo que el equipo necesitaba. Aquel choque se ganó y el Córdoba ya no volvió a ser el equipo deprimido que hasta ese momento había sido. La confianza llegó de manera progresiva al vestuario y los resultados no tardaron en llegar, aunque la exigencia era cercana al milagro.

Recuperado el factor afición, El Arcángel fue un verdadero fortín para el Córdoba de Sandoval, que además sacó fuera de casa victorias clave ante rivales directos (Alcorcón o Nàstic) y alguna inesperada como la lograda en Vallecas. Tal fue el cambio que en sólo 16 partidos con el técnico madrileño el CCF sumó 32 puntos, gracias a 10 victorias, dos empates y cuatro derrotas, con 27 goles a favor y 16 en contra, acabando además con el estigma de ser la defensa más vulnerable.

Tras recortar 13 puntos con la zona de permanencia, la salvación se celebró en El Arcángel como si de un título se tratara, a pesar de un año decepcionante que, eso sí, deja abierta una esperanzadora puerta hacia el futuro. Y es que tras el aire nuevo que ha traído Jesús León, el Córdoba ha recuperado a su afición y este verano se espera una apuesta deportiva ambiciosa que permita a los blanquiverdes volver a luchar por el regreso a Primera.

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