Córdoba CF

El Córdoba CF vuelve al punto de partida

  • El CCF agotará una de las etapas más largas de su historia en el fútbol profesional sin avances como club

  • Tras 12 años, la entidad sigue sin patrimonio propio, con su masa social como única garantía

Fernández saluda a la afición blanquiverde tras consumarse el descenso. Fernández saluda a la afición blanquiverde tras consumarse el descenso.

Fernández saluda a la afición blanquiverde tras consumarse el descenso. / LOF

Tras el inolvidable ascenso a Segunda División que el Córdoba logró en Huesca el 24 de junio de 2007, el entonces presidente de la entidad, Rafael Campanero, fijó ese hito como el comienzo de lo que debía ser el Córdoba del futuro. Profesionalizar la institución, crear un sólido proyecto de futuro, crear y consolidar infraestructuras propias, lograr un aumento significativo de la incidencia social del club y un crecimiento notable de su masa social... Todo ello eran metas que aparecían como los retos más importantes de un club que se vio de vuelta en un fútbol que ya por entonces caminaba con paso firme hacia la profesionalización al extremo que hoy en día conocemos.

Más de una década después, sin embargo, el Córdoba se encuentra en un punto muy similar al de partida. Mucho peor en algunos aspectos, como el social o el económico, pero para nada mejor en otras áreas imprescindibles de la entidad. Dentro de unas semanas el conjunto blanquiverde cerrará de manera oficial una de sus etapas más largas en el fútbol profesional. 11 temporadas en Segunda y una en Primera que no han servido al club para dar ese paso al frente que auguraba el ahora presidente de honor blanquiverde.

Si se analiza área por área, el resultado es sangrante. Empezando por lo deportivo, el Córdoba ha convivido con hasta tres propiedades distintas en estos 12 años y ninguna ha sido capaz de instaurar un proyecto deportivo ambicioso y sólido para asaltar la Primera División de manera decidida. En el periodo de 2007 a 2011, el Córdoba vio como se cerraba la época de Prasa al frente del club, con el equipo instaurado en la filosofía del cincuentapuntismo, con la permanencia como reto más a mano.

La llegada de Carlos González varió ese rumbo deportivo. El Córdoba jugó en seis temporadas y media un total de tres play off y consiguió también un ascenso –de forma un tanto especial, eso sí– a la élite.

Pese a todo, la inestabilidad ha sido la tónica constante en el club. En estas 12 temporadas, el conjunto blanquiverde ha tenido la friolera de 19 entrenadores. Sólo cuatro de ellos consiguieron completar al menos una temporada. Lucas Alcaraz, que cumplió sus dos años de contrato íntegros, aparece como el técnico más sólido. En las dos últimas temporadas, sin embargo, hasta cuatro preparadores por curso han pasado por un banquillo que ha sido lo más parecido a una trituradora de entrenadores.

El nulo patrimonio tangible

Con el rumbo deportivo bastante inestable, al Córdoba ni siquiera le sirvió la breve estancia en Primera para cimentar unas infraestructuras propias que resolvieran la carencia patrimonial que sufre la entidad. Al contrario que otros equipos modestos como el Eibar, que han aprovechado su salto a la élite para fortalecer sus instalaciones y crear algunas nuevas, el conjunto blanquiverde está en la misma situación que antes de regresar al fútbol profesional.

Un estadio con una cesión en precario aún pendiente de resolver y con numerosas necesidades por cubrir, más una ciudad deportiva perteneciente a un grupo inmobiliario con el que la entidad ha tenido más de un combate legal. Ese es todo el patrimonio del Córdoba tras la época de mayor bonanza económica de LaLiga. Es decir, la nada más absoluta.

La fractura social

Por si fuera poco, en estos 12 años el Córdoba ha carecido de una paz social en su entorno que le hubiera permitido el crecimiento de la masa social del club. Los constantes vaivenes deportivos y la complicada relación de los abonados con la propiedad –especialmente en la última etapa de Carlos González en el club o en la actual de Jesús León– han hecho fluctuar la cifra de abonados, con el lógico aumento en el año en Primera, para estar de nuevo a las puertas de Segunda B con un estadio vacío y una masa social fracturada.

Y es que la que debía ser la etapa más próspera y sólida del Córdoba está a punto de cerrarse en un punto muy similar al que arrancó. Un fracaso rotundo que llena de interrogantes el futuro.

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