Córdoba CF - Recreativo Granada | La Crónica Las prisas no son buenas consejeras (1-1)

  • Un Córdoba precipitado, lento y sin claridad de ideas vuelve a pinchar en casa ante un correoso filial

  • De las Cuevas, en el 88', salva un punto que puede ser importante tras jugar media hora ante diez

Piovaccari, desesperado tras una ocasión fallada ante el Recreativo Granada.

Piovaccari, desesperado tras una ocasión fallada ante el Recreativo Granada. / Juan Ayala

Otro pinchazo inesperado, otro disgusto ante un enemigo de la zona baja, otro golpe a la confianza, la moral y el autoestima. Ni siquiera salvar los muebles al filo del minuto 90, con ese tanto de Miguel de las Cuevas, puede en esta ocasión dejar un regusto mínimamente dulce. Porque el Córdoba CF volvió a mostrar una imagen poco fiable, alejada de la que siete días antes había invitado a pensar en un futuro plácido. Se estrelló ante su falta de claridad con la pelota cuando toca divisar el área rival, ante su incapacidad para meter ritmo al partido, jugar a pocos toques... y ante la precipitación mal entendida que ni los intentos desde la banda de Pablo Alfaro pidiendo calma pudieron virar a tranquilidad.

Esa acumulación de problemas, casi todos con balón, se repitieron cuando el filial rojiblanco jugaba con once y también en la más de media hora que estuvo en inferioridad numérica por las dos amarillas que Aranda vio en solo siete minutos. Y se tradujeron en un pobre balance tres tiros a puerta. Demasiado poco para ganar a un Recreativo Granada correoso, que leyó bien lo que requería cada momento del duelo y aguantó casi hasta el final la ventaja conseguida en el primer periodo con el buen gol de Bravo, en una de sus escasas llegadas. Es cierto que también tiró tres veces entre los tres palos, pero la exigencia de uno y otro conjunto reduce a nada cualquier comparación que se precie.

El partido ya desde la previa tenía ese tufo a trampa por la histórica manía del CCF de dar vida a rivales que llegan sin aliento. Y desde el principio quedó patente que los blanquiverdes iban a tener que sufrir, y sobre todo mostrar una versión al menos parecida a la de Murcia, para ganar tras dos jornadas sin hacerlo. Pero como ocurriera en la anterior aparición en El Arcángel, la parsimonia en el juego combinativo y la falta de claridad cerca del área contraria volvieron a ejercer de freno, encorsetando a un equipo incapaz de traducir su dominio, claro por momentos, en ocasiones reales de gol, en sustos que intimiden al enemigo de turno.

Con dos cambios en el once, ambos en la línea defensiva, pero manteniendo el frente ofensivo que tan bien venía de hacerlo ante el UCAM, el Córdoba se encontró con un filial trabajador, sustentado en un sistema idéntico (4-2-3-1), pero con la variante de ser más vertical con la pelota que los locales. Parecía claro que la premisa para salir de su depresión, tras cuatro derrotas seguidas, era crecer desde el orden y la contención. Eso dejaba a la escuadra cordobesista el timón del choque. Quedaba ver cómo lo encararía. Con Alberto del Moral encajado entre los centrales para lanzar arriba a los laterales, el juego horizontal tomó protagonismo, mucho más del deseado, y la templanza fue convirtiéndose en previsibilidad.

La irrupción por zonas interiores de Javi Flores, Mario Ortiz y los extremos difícilmente hallaba continuidad por el buen hacer del Recreativo Granada sin la pelota, juntando líneas, replegando bien... y lanzando tras robo para que Nuha Marong consiguiera dar respiro, lo que pocas veces consiguió por el buen hacer de la pareja Xavi Molina-Djetei. Eso sí, cuando le tocaba iniciar, los nazaríes mostraron capacidad para tener la pelota, criterio para manejarla, y capacidad para salir bien de la presión, alta, como siempre, del conjunto local, que no siempre terminó de ir arriba en bloque. Así, Dieguito fue el primero en intentarlo con un tiro raso desde fuera del área que Becerra atajó bien, rodilla en tierra.

Nahuel Arroyo trata de superar a Alberto López. Nahuel Arroyo trata de superar a Alberto López.

Nahuel Arroyo trata de superar a Alberto López. / Juan Ayala

El encuentro estaba más donde querían los nazaríes que donde le interesaba al CCF. Y ni siquiera la lesión  muscular de Pepe, que llevó a David Tenorio a hacer su primer cambio antes del cuarto de hora, cambió el guion. Y eso que acto seguido llegó el primer disparo a portería blanquiverde, por ese perfil; Moutinho probó fortuna con una volea tras un saque banda largo de Farrando que había peinado Willy en el primer palo. No crean que ahí arrancó un asedio, todo lo contrario. Más de 70 minutos hubo que esperar para que Joao Costa volviera a tener que intervenir, más allá de para atajar pelotas colgadas desde los costados sin opción mínima de remate. Porque no será por centros laterales... buenos, ya menos, la verdad.

Con todo, el Córdoba poco a poco fue entrando más en el partido, sintiéndose mejor con la pelota, aunque con el mismo problema de dar velocidad a sus ataques. Es imposible que si cada pase necesita de dos-tres toques para hacerlo bueno se pueda sorprender a cualquier adversario bien plantado; es imposible que si para llevar la pelota de costado a costado se necesita pasar por cuatro jugadores con control-pase se pueda mantener la mínima superioridad. Es por eso que las dos o tres veces que el equipo jugó a un toque, llegó ventaja por fuera, si bien los envíos principalmente de Farrando se perdieron como si nada.

Premio final a la insistencia, y poco más

Y entonces, en una de las escasas salidas del Recreativo Granada, cuando encontró a sus hombres de más talento, llegó el gol que parecía más lejano, el visitante. Aranda caminó por la frontal y la dejó atrás para que Bravo se sacara un derechazo ajustado al palo que sorprendió a Becerra. Tocaba remar de nuevo ante un enemigo al que el gol, el primero tras 389 minutos de sequía, reforzó en su juego y su confianza. Había que esperar ahora una reacción del Córdoba, que antes del descanso lo intentó con un balón al espacio que entre Carlos Valverde, Alberto López y Willy casi llevan a la red, aunque la pelota terminó paseándose antes de coger de nuevo la dirección contraria. El propio delantero lo intentó acto seguido con una volea desviada.

Estaba claro que con lo hecho hasta el descanso no iba a valer para amarrar el triunfo, ni tan siquiera para igualar el marcador. Con todo, Pablo Alfaro mantuvo a los mismos once, aunque ya con la amenaza desde la banda de Nahuel Arroyo y Piovaccari, que no tardaron ni dos minutos en ponerse a calentar. Poco después de diez minutos, sin capacidad para asustar siquiera, y habiendo tenido Berto Espeso que abortar una contra con mala espina, ambos estaban ya en el verde, con el objetivo de refrescar las ideas en ataque. Con todo, el cambio de verdad al partido se lo dio la expulsión de Aranda, acto seguido, con más de media hora aún por jugar, lo que dio origen a una fase de acoso... pero sin derribo.

Porque cuando más tranquilo tenía que estar el Córdoba, ante un filial bien pertrechado, que se situó con un 4-4-1 dejando solo a Nuha arriba para pelear cualquier balón con los centrales, la precipitación y las guerras uno para uno pasaron a ser dominantes, por mucho que Alfaro se desgañitara desde la banda pidiendo todo lo contrario. Tras un zapatazo de Bravo, en la última estirada rojiblanca, una aparición de segunda línea de Flores terminó con un cabezazo que Montoro envío a córner. Desde la esquina también lo intentó Xavi Molina en una de sus incorporaciones, pero remató tan manso que Joao Costa ni sufrió para poder amarrarlo.

De las Cuevas empuja a gol un balón suelto en el área. De las Cuevas empuja a gol un balón suelto en el área.

De las Cuevas empuja a gol un balón suelto en el área. / Juan Ayala

Ya por entonces De las Cuevas y Meléndez, que debutaba en partido oficial, habían entrado para intentar dar otro aire a una última ofensiva a la que poco después se sumó Moussa Sidibé. De las Cuevas lo intentó tras un saque de esquina botado en corto, buscando una alternativa diferente a la colgada directa que la zaga estaba repeliendo de manera constante, y poco después con un zurdazo desde la frontal tras un recorte previo que se fue un metro arriba. El alicantino acumulaba las oportunidades, pero le faltaba tino. Y por fin lo encontró en el 88, cuando una pelea de Piovaccari en el área pequeña originó dos claras ocasiones; en la primera repelió el meta, en la segunda, el centro-chut del italiano lo cazó al segundo palo De las Cuevas para hacer el empate.

El tanto dejó tocado al Recreativo Granada, tanto que incluso apareció un olor a remontada en El Arcángel. Y casi llega el 2-1. Principalmente tras un libre directo del propio goleador cordobesista que, tras tocar en la barrera, fue desviado a córner por Joao Costa con una estirada con algún adorno. Fue la última, pues pese a que hasta Djetei acabó el partido en el área visitante, esa falta de templanza, ese querer correr más de la cuenta, impidió que hubiera más ocasiones en los cuatro minutos de alargue dados por el colegiado. Así se le esfumó al Córdoba una oportunidad pintiparada para situarse otra vez entre los tres primeros, pues los otros resultados habían acompañado por una vez. Habrá que esperar para ver si finalmente el punto acaba siendo bueno, aunque hoy queda claro que es otro tiro en el pie.

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