Córdoba CF - Getafe | Ambiente Qué bonito sería...

Un grupo de aficionados blanquiverdes muestran sus ‘armas’ en El Arcángel. Un grupo de aficionados blanquiverdes muestran sus ‘armas’ en El Arcángel.

Un grupo de aficionados blanquiverdes muestran sus ‘armas’ en El Arcángel. / Juan Ayala

Qué bonito cuando te veo, ¡ay!; qué bonito cuando te siento; qué bonito pensar que estás aquí junto a mí. La letra a la que puso música Rosario Flores mediada la década de los 90 nos lleva de viaje a esa vieja normalidad, a esos tiempos precovid en los que todo era diferente, y seguramente hasta mejor. Y es la que a buen seguro latió, con esas u otras palabras, en el corazón de El Arcángel, desde sus entrañas a las gradas, en el primer partido en diez meses en el que el coliseo ribereño se pareció a un estadio de fútbol. Porque tras ver a apenas 800 o 400 aficionados desperdigados por los más de 21.000 asientos de los que dispone en algunos partidos, y quedarse en otro desierto, la visita del Getafe, la vuelta a la Copa del Rey y, tal vez, el milagro de los Reyes Magos, permitieron a 2.500 cordobesistas disfrutar en vivo y en directo de los suyos. Vibrar, dar color y calor, e ilusionarse con recuperar lo perdido, aunque por el momento solo sea como una "ocasión excepcional" que, ojalá, pronto, sea otra vez una sana costumbre.

Qué bonito cuando me hablas, ¡ay!; qué bonito cuando te callas; qué bonito sentir que estás aquí junto a mí. La liturgia del himno volvió de nuevo a ser única, las voces de los aficionados, afinadas durante meses, con los lógicos nervios del que lo hace casi por primera vez, del que no sabe si lo iba a recordar –¡cómo qué no!–, siguieron coreando uno a uno a los nombres de los elegidos por Pablo Alfaro, que se llevó la mayor de las ovaciones. No en vano, es el artífice de la resurrección, en un mes, de un equipo que languidecía, y ahora tiene las constantes vitales a tope. Pero también los silencios, como cuando el grupo al completo se conjuró en el centro del campo nada más concluir la ronda de calentamiento, para refrendar la importancia del primer partido del nuevo año, para decir a todos, que la Copa no se tira.

Qué bonito sería poder volar; y a tu lado ponerme yo a cantar; como siempre hacíamos los dos. Y eso no se olvida, por mucho tiempo que el virus o cualquier otro demonio refleje en abandono. Por eso, cuando más lo necesitaba el equipo, en esas fases del choque en las que el Getafe apretaba de lo lindo con la idea de pedirse otra copa futura y recuperar sensaciones, la voz de El Arcángel, esa que irrumpe como lo hacen muy pocas cuando toca subirse al carro, fue el mejor aliado. Los once gladiadores, exhaustos y ya casi sin aliento, notaron el empuje que emanaba de las gradas, en las que hubo hasta viejos ex cordobesistas recuperando el disfrute de lo vivido, para seguir en pie.

El graderío de Preferencia, con los seguidores cordobesistas guardando las distancias de seguridad. El graderío de Preferencia, con los seguidores cordobesistas guardando las distancias de seguridad.

El graderío de Preferencia, con los seguidores cordobesistas guardando las distancias de seguridad. / Juan Ayala

Que mi cuerpo no para de notar; que tu alma conmigo siempre está; y que nunca de mí se apartará ¡ay! Y ese mensaje lo saben bien directivos, cuerpo técnico y jugadores, que en estos meses en los que han tenido que jugar prácticamente en soledad, han sentido el cariño y el empuje de los suyos sin estar. Y seguramente, maldita pandemia, así tendrá que volver a ser en el futuro próximo si la amenazante tercera ola hace acto de presencia como se prevé. Para tratar de que no ocurra eso, el comportamiento de los abonados fue modélico, antes, durante y después del encuentro, con las medidas del protocolo anticovid grabadas a fuego, y siguiendo las recomendaciones para que todo saliera a la perfección, pese a la premura con la que la entidad tuvo que montar el partido, lo que se tradujo en fallos, seguro, que están apuntados para no repetirse.

Qué bonito tu pelo negro, ¡ay!; qué bonito tu cuerpo entero; qué bonito, mi amor, todo tu ser; sí, tu ser. Qué bonito disfrutar del Córdoba, cada uno en su lugar: los jugadores en el verde, los técnicos en el banquillo, los rectores en el palco y los aficionados en la grada. Todo eso es el fútbol en su esencia, ese que al menos por un ratito volvió a El Arcángel para felicidad plena, la que trajo el buen partido del CCF y la victoria sobre el Getafe que trae consigo el billete a la tercera eliminatoria de la Copa del Rey.

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