Córdoba CF El silencio más hiriente: El Arcángel, vacío por primera vez

Willy recoge el balón de su portería para sacar rápidamente tras el segundo gol del Sevilla Atlético. Willy recoge el balón de su portería para sacar rápidamente tras el segundo gol del Sevilla Atlético.

Willy recoge el balón de su portería para sacar rápidamente tras el segundo gol del Sevilla Atlético. / Juan Ayala

Cuando a un equipo le sale un partido como el que el Córdoba CF jugó este sábado ante el Sevilla Atlético, la bronca al final del partido está asegurada. Esos pitos de la propia afición pueden resultar molestos, pero no dejan de ser una muestra de que la gente está con su equipo y le duele verlo perder. La crisis del coronavirus, además de sacar a los aficionados de los estadios, ha enseñado a los futbolistas que esos pitos nunca llegan a ser tan dolorosos como el hiriente y frío silencio de un coliseo clausurado.

En la inmensidad de El Arcángel vacío, los festejos del rival al final del choque se clavaron en todos y cada uno de los jugadores del Córdoba. Es el nuevo fútbol, en el que todo se oye y cada detalle cuenta, porque ya hasta para dar indicaciones a sus jugadores los entrenadores tienen que esperar a que la distancia evite que el técnico rival ponga la oreja y pueda desbaratar a las primeras de cambio la táctica. Así lo entendió Gallardo, quien por cierto pasó todo el partido buscando la conversación con Juan Sabas, quizás para justificar que cada lance del encuentro era protestado desde el banquillo visitante con una indignación que rozaba lo cómico. El técnico blanquiverde apenas respondía con una mueca, pues bastante tenía con disimular el cabreo con los suyos, hasta que los errores se amontonaban y sus gritos delataban la tensión del momento.

En esta situación sanitaria, el fútbol no solo es distinto, para el Córdoba es también peor. El conjunto blanquiverde echa de menos a su afición y lo hace mucho más que la mayoría de sus rivales. La ventaja que suele suponer el contar con una masa social importante se vuelve en contra en la actual situación. Al equipo, errático y dubitativo desde el pitido inicial, bien le habrían venido un par de broncas de su gente para ponerse las pilas y reaccionar ante el empuje del rival.

Aunque los principales problemas del Córdoba radican en el aspecto futbolístico, un regreso de su afición a El Arcángel seguro que sentaría bastante bien a los futbolistas. Porque con público en las gradas, la media hora con la que el equipo cordobesista abrió el partido habría sido quizás distinta. En este contexto tan extraño, el que más enchufado sale a los partidos tiene mucho ganado y al Córdoba parece costarle el iniciar los partidos con esa mentalidad.

Sin que pueda servir de excusa al cuerpo técnico y a los jugadores, es evidente que El Arcángel sin su gente impone menos. A los rivales y al propio Córdoba, que ya va mereciendo un toque de atención de los suyos para ponerse las pilas y mostrar de una vez esa teórica condición de equipo dominante que quiere aspirar al ascenso.

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