El Escáner | Jornada 7

El suave aterrizaje de Pablo Alfaro en el Córdoba CF

  • El triunfo en Murcia da al técnico justo lo que no tenía en su debut: tiempo para profundizar en su idea

  • Las seis caras nuevas en el once inicial son un aviso de que hay que ganarse el puesto de nuevo

Mario Ortiz y Manu Farrando intentan ganar por alto un balón en el duelo ante el Real Murcia. Mario Ortiz y Manu Farrando intentan ganar por alto un balón en el duelo ante el Real Murcia.

Mario Ortiz y Manu Farrando intentan ganar por alto un balón en el duelo ante el Real Murcia. / LOF

La victoria del Córdoba CF en Murcia ha cambiado la cara al vestuario y calmado los ánimos en El Arcángel. La dulce resaca del triunfo ha enterrado definitivamente la semana más convulsa -en lo deportivo- desde que Infinity echó a andar su primer proyecto desde cero. Tres puntos que han dejado atrás siete días en los que el club afrontó la destitución de Juan Sabas, símbolo del fracaso inicial de la temporada, y la apuesta por Pablo Alfaro como el remedio para los males de un equipo que empezó a languidecer antes incluso de haber levantado el vuelo de manera definitiva. Sin apenas tiempo, el nuevo entrenador consiguió revertir la dinámica, y ahora gana precisamente eso, un margen mayor para trabajar y forjar al equipo a su imagen y semejanza desde el refuerzo de un primer resultado positivo.

Porque a pesar de que el equipo consiguió en la Nueva Condomina los tres puntos que tanto necesitaba, es obvio que el Córdoba no se pareció a lo que su nuevo técnico quiere que sea. El equipo recuperó algunas de las señas de identidad que le hicieron solvente en las primeras jornadas, pero repitió vicios adquiridos que bien hará en pulir el preparador aragonés, para terminar de despejar las dudas y convertir al conjunto blanquiverde en ese sólido aspirante al ascenso que quiere ser.

No hay que olvidar que el triunfo ante el Real Murcia llegó en un partido en el que el equipo apenas disparó un par de veces contra la portería rival, y en el que el contrario falló un penalti y estrelló un balón en el larguero ya con el tiempo prácticamente cumplido. Detalles que esta vez sonrieron y que, por ejemplo, el día de Granada costaron dos puntos que ya estaban en el zurrón.

Pero puestos a salvar los detalles positivos que el Córdoba mostró en Murcia, el primero de ellos es sin duda la reactivación del equipo como bloque competitivo. El equipo de Juan Sabas había perdido de manera preocupante esa solidez que lo convirtió en un conjunto difícil de superar, que pegaba con contundencia y apenas se dolía por los intentos del rival. Sin solvencia ofensiva y con los pies de barro en defensa, el Córdoba se había convertido en un equipo muy vulnerable.

De la Nueva Condomina, los blanquiverdes salieron con el refuerzo de recuperar la portería a cero, una empresa que debe ser el primer objetivo de cada partido y que solo han conseguido en tres ocasiones este curso. El UCAM Murcia es el mejor ejemplo de la importancia de ser fuerte en defensa. Los universitarios dominan con puño de hierro el subgrupo, con seis puntos más que el Córdoba, a pesar de haber hecho solo un gol más (8) que los blanquiverdes, que llevan siete. La clave está en que solo han encajado dos tantos. No hay más lectura posible. La primera misión debe ser acostumbrarse a ver a salvo la meta propia.

El dulce sabor del triunfo

Ese buen trabajo defensivo y el gol de Willy devolvieron al Córdoba al camino del triunfo, una sensación que los blanquiverdes no experimentaban desde el 25 de octubre, cuando superaron a domicilio al Yeclano Deportivo en la segunda jornada del campeonato. Demasiado tiempo sin ganar para un equipo que aspira al ascenso.

Pese a todo, y con un lastre de cuatro semanas sin conocer la victoria, el Córdoba se colocó tercero nada más retomar el camino de los tres puntos. El UCAM va como un tiro, aunque sigue a seis puntos, una distancia todavía asumible; el Linares, que tanto está agradando en este arranque, solo está a dos puntos de distancia. Otra enseñanza a tener en cuenta es esa, que la competición ofrece más oportunidades de las que cabría esperar por su formato exprés. Pese a todas las turbulencias pasadas, el Córdoba aún está a tiempo de todo.

Seis cambios y un mensaje

La primera alineación de Pablo Alfaro como técnico blanquiverde ya resultó bastante llamativa. Seis cambios realizó el técnico respecto al equipo que alineó Sabas en Linares. Si se atiende al horrendo partido que el Córdoba hizo en Linarejos, pueden parecer incluso pocos, pero lo cierto es que resultan bastante llamativos.

Significativa fue la vuelta al equipo de Alberto del Moral, que se mostrado como el mediocentro más solvente para el equipo, a pesar de su condición de hombre del filial. El manchego ha jugado cuatro partidos como titular con el primer equipo y el Córdoba no ha perdido en ninguno de ellos. Con Sidoel fuera de la lista y Djak Traoré relegado a un papel de cerrojo en la segunda parte, Del Moral vuelve a ser el sostén del Córdoba y confirma su importancia en este equipo.

Pero para permuta significativa, la suplencia de Piovaccari. Alfaro apostó de inicio por la briega y batalla de Willy Ledesma, que además respondió a su confianza con un gol. Solo cuando el esfuerzo físico le pasó factura al extremeño tuvo su oportunidad el italiano, que a punto estuvo de sentenciar el choque en su única aparición de peligro.

Sentar a la referencia ofensiva de tu equipo y a uno de los pesos pesados del vestuario supone un aviso para navegantes. El puesto en el once inicial vuelve a estar en juego y cada futbolista parte con las mismas opciones de ganárselo. La brillantez en la definición que suele mostrar Piovaccari tendrá que ir acompañada de constancia y tesón durante la semana. De lo contrario, y es algo extensible a todos los jugadores, el técnico ya ha dejado claro que buscará alternativas.

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