LaLiga 1,2,3 | Córdoba-Almería

Las lágrimas bañan otra vez tu mejilla (2-0)

  • El Córdoba sortea la presión y consigue una valiosa victoria que le da también el 'goal average' gracias al gol de Quim Araujo en la última jugada

  • El conjunto blanquiverde sigue en descenso, pero ahora sin déficit

Los jugadores del Córdoba celebran uno de los goles. Los jugadores del Córdoba celebran uno de los goles.

Los jugadores del Córdoba celebran uno de los goles. / Álex Gallegos

Las lágrimas volvieron a inundar tu rostro, convertido en un río que busca su liberación camino del mar, sorteando meandros en forma de sonrisa, muecas de felicidad. De repente, un grito, explosión de júbilo, rienda suelta a la rabia contenida durante horas, minutos y segundos eternos. Y luego la calma, el abatimiento absoluto. Todo eso en sólo unos instantes, suficientes para soñar con un final tan mágico como merecido, suficientes para echar otra pala de tierra a los sinsabores acumulados en diez meses, en seis años de penurias compartidas por un cordobesismo que sigue vivo, muy vivo. El milagro continúa latente. Y cada vez toma más forma. Habrá que sufrir, mucho, pero seguro que al final vale la pena. Como valió ayer mantener la respiración durante esos segundos en los que Quim Araujo corría en solitario buscando el portal del Almería, esos segundos en los que el balón buscaba la red tras superar a René. Ese 2-0 puede ser oro, oro puro. De momento, vale sólo para reducir a la nada el déficit con la permanencia, pues el Córdoba aguarda una semana más en zona de descenso, pero en el futuro puede ser determinante. Quedan apenas dos capítulos más, y el cuadro indálico ya apenas tiene un punto de colchón, y goal average perdido por ese tanto agónico del ex del Albacete, otro equipo que sigue en el lío, como el Barcelona B, la Cultural, el Nàstic o el Alcorcón. Siete para dos plazas que nadie quiere.

De hecho, las victorias de estos dos últimos, y también la del filial azulgrana, presionaban de lo lindo al Córdoba antes de la batalla de las batallas, episodio... ya es difícil saber hasta la cuenta. Y esa angustia, convertida en miedo por momentos, se reflejó en el verde en muchos pasajes de un duelo a muerte que se resolvió a favor del más necesitado, quizás también del que más lo buscó. Porque el Córdoba fue mejor de salida, se adelantó, y luego supo templar los nervios, agarrarse a la ilusión transmitida por una afición bestial, de doce, cuando peor lo pasaba por el empuje visitante para, ya en el alargue y pese a no saber aprovechar su superioridad numérica, sentenciar el triunfo. Fue el colofón a una jornada heroica, inolvidable, de esas que se quedan grabadas en la retina, en la memoria, para disfrute futuro. Habrá más, sin duda, la próxima en Reus y en dos semanas otra vez en el reino blanquiverde para tratar de atar lo que para muchos era un imposible. Está ahí, y no se va a escapar de ninguna de las maneras.

Con un par de retoques en la alineación, en la zona ancha, pero manteniendo ese dibujo con tres centrales que tan buen rendimiento le está dando en este tramo decisivo de la temporada, el CCF se puso manos a la obra de inmediato. Antes del primer minuto ya pisó área rival con peligro real. Y al paso por el cuarto de hora había amenazado hasta en cinco ocasiones a René, casi todas de media distancia, con especial relevancia en dos tiros de Edu Ramos y Álvaro Aguado en los que tuvo que emplearse a fondo el meta rojiblanco. Los blanquiverdes iban a todo trapo, lo que provocó alguna que otra imprecisión en la transición, mientras que su oponente prefería tomarse las cosas con una pizca más de calma, quizás la que reflejaba su más cómoda posición en la clasificación.

Sabiendo que era el equipo de Sandoval el que debía exponerse, el Almería esperaba en campo propio, reduciendo unos espacios que la movilidad de Guardiola y el guante de Reyes abrían para beneficio especialmente de un Galán tan activo como impreciso en la mayor parte de sus llegadas. Tras un primer aviso serio, ya dentro del área, del sevillano que el pie de Pervis mandó a córner, y con el partido en una fase de ebullición y con juego subterráneo –Valentín y Juan Muñoz se jugaron la roja ante un árbitro que o no vio o no quiso ver–, el Córdoba se adelantó con una acción que dibuja a la perfección lo que el técnico busca con su sistema: Galán la puso en la línea de fondo, Fernández –sí, los dos carrileros– la devolvió al área llegando al segundo palo y Guardiola la empujó a puerta. Era gol, pero el despeje in extremis de Joaquín que tocó en la cabeza de René lo único que hizo fue que el gol subiera a la cuenta del cancerbero en lugar de a la del pichichi cordobesista.

Las imágenes del Córdoba-Almería Las imágenes del Córdoba-Almería

Las imágenes del Córdoba-Almería / Álex Gallegos

Lo más difícil parecía hecho. Y eso sirvió para que los locales por fin se serenaran , para que hicieran alguna transición de lado a lado, dejando a un lado la verticalidad constante. Sin llegar a renunciar al ataque, por supuesto. De hecho, Valentín lo intentó con un libre directo que se fue un par de metros desviado poco después de que el Almería tuviera su gran oportunidad. Un desajuste defensivo causado por la movilidad de Fidel dejó a Tino Costa franco ante Pawel, pero el argentino optó por el cabezazo a la carrera en lugar del control para fusilar y le salió manso a las manos del polaco. Hubiera sido un palo durísimo, pero al menos sirvió de lección.

Porque tras el paso por los vestuarios, los rojiblancos salieron un punto más decididos, sin importarle lo más mínimo que el partido pasara a ser de ida y vuelva. Con Alcaraz al mando de las operaciones en la medular, donde Sulayman hacía el trabajo sucio y paraba las salidas del CCF con incontables faltas, y con Fidel amenazando por todos los perfiles, el choque se volcó hacia el portal de Pawel. Y con ello, el nerviosismo empezó a aparecer, hasta convertirse en miedo en más de una fase. Como en una caída de Nano que pidió penalti ante Fernández (no era) o otra de Pozo ante Javi Galán (tampoco era) y, sobre todo, en un gol anulado a Juan Muñoz por un fuera de juego sólo por milímetros del delantero, que ejecutó el remate perfecto, imposible para Pawel.

Ni siquiera los cambios de Sandoval, sobre todo buscando refresco en la zona ancha, dominada por los visitantes de manera cada vez más descarada, pudieron cambiar la tendencia. Algo que sí logró la roja que Aguza sacó, de manera clara, a Sulayman. El Almería se quedaba con diez y por debajo en el marcador. El escenario era el idóneo no sólo para ganar, sino para buscar el segundo que diera también el premio extra del average. Lo intentó Guardiola en un par de transiciones a la carrera, ya que los rojiblancos se volcaron con todo, aunque sin apenas inquietar de verdad a un Pawel sobrio y segurísimo en los balones laterales. Pero no fue hasta la jugada final cuando Quim Araujo aniquiló por completo a los indálicos y puso la rúbrica a una victoria agónica, de esas que te hacen perder años de vida, de esas que hacen que las lágrimas bañen de nuevo tu mejilla. Pero valió la pena. Y tanto.

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