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Bienvenidos a la batalla final

  • El Córdoba no hace más cuentas que doblegar a un aspirante al ascenso para confirmar su remontada y atar la permanencia

  • Con el resto de resultados tocará sufrir

Nueves meses y medio de competición, 41 jornadas y miles de sensaciones se concentran hoy en sólo 90 minutos, los más importantes sin duda de una temporada que para el cordobesismo ha viajado en lo más parecido a una montaña rusa. Porque después de verse abandonado a su suerte, desvalijado y desvalido, después de vivir durante 34 semanas en el sótano más oscuro y tras atravesar una etapa de 224 días en la zona de descenso, el Córdoba alcanza hoy la jornada final recibiendo en la cara un rayo de luz que le aporta la tranquilidad de que depende de sí mismo para confirmar una remontada histórica y atar, de una vez por todas, su permanencia en Segunda División. El milagro, ese en el que muy pocos creían, está a punto de hacerse realidad. Queda apenas un paso, quizás el más difícil de dar, aunque tener que hacerlo en un estadio que rozará el lleno absoluto, sin duda alivia algo el camino.

Tras encadenar tres victorias consecutivas, todas tras deambular por un alambre sin red, sobre todo la épica del pasado domingo en Reus, el Córdoba tiene muy claras sus cuentas para la batalla final. Ganar al Sporting, que en unos días estará peleando por el ascenso a Primera, le otorga la salvación matemática sin tener que mirar a otros escenarios, que sólo entrarían en juego en caso de empate o derrota. Con todo, más del 88% de las combinaciones son favorables a un equipo que alcanza la cita definitiva con un punto de colchón con el peligro y tres rivales por debajo (más dos por arriba) entre los seis que se juegan evitar el último billete libre hacia la Segunda B. Eso le confiere una ventaja con la que debe saber jugar a lo largo de una tarde noche de locos.

Porque las cábalas en caso de no ganar, también son muy claras. Si empata, el CCF se salva si se da una de estas cuatro ecuaciones: no gana el Almería, no gana el Albacete, pierde la Cultural o pierde el Alcorcón. Si pierde, los tres supuestos que mantendrían la alegría en el cordobesismo serían: cae el Almería, cae el Albacete o empata el Almería y puntúa la Cultural. Parece complicado que no se dé alguno de estos casos, pero lo mejor para la tensión, lo mejor para evitar disgustos innecesarios de última hora, es encarrilar pronto el partido y atar la victoria, por muy difícil que sea la empresa por la entidad de un rival, que eso sí, baja el rendimiento a domicilio.

Para hacer el camino más plácido, un par de detalles que no deben caer en saco roto: un estadio que rozará el lleno más absoluto y, a buen seguro, pasará los 19.000 espectadores que ya vieron hace un par de semanas el triunfo ante el Almería para llevar en volandas a los suyos, y un equipo que debe demostrar desde el primer minuto a su enemigo quién se juega más en esta batalla. Porque esta es la última para el Córdoba, la definitiva, mientras que al Sporting le queda por delante un play off en el que buscará su retorno a la élite. Eso, reflejado en intensidad, garra, actitud, esfuerzo y un punto de maldad bien entendida, es lo que los blanquiverdes deben poner en el verde para que la balanza se vaya decantando de su lado.

Y al margen de todo eso, cómo no, los argumentos meramente deportivos. Porque el Córdoba actual, más allá de lo que diga la clasificación, ya ha demostrado que puede plantar cara a cualquiera dentro de la categoría. Ya no es aquel bloque sin pilares que se derrumbaba a las primeras de cambio que deambuló durante gran parte del curso. Ahora es un grupo impenetrable, que a base de sufrir y lamer sus heridas se ha hecho más fuerte y más seguro de sí mismo. Los números con Sandoval así lo reflejan, aunque en estos 90 minutos finales el pasado servirá de bien poco. Sólo queda mirar al frente y disponer el mejor equipo posible para tumbar al Sporting. Salvo sorpresa, serán los mismos que se mantuvieron en pie en Reus, con el único posible cambio del joven Aguado por Vallejo para dar más movilidad al centro del campo. Pero jueguen los que jueguen, ya saben que tendrán el respaldo imperecedero de una grada entusiasta que está deseando de liberarse por fin del calvario que ha vivido durante todo el curso. Es la batalla final, y es de todos.

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