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La nueva política

  • Partidos. La estrategia de Pablo Casado, apelando a la "ilusión" y los sentimientos, se ha impuesto al estilo tradicional de Soraya Sáenz de Santamaría, centrado en los datos y la razón

Pablo Casado, Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, ayer, en el congreso del PP. Pablo Casado, Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, ayer, en el congreso del PP.

Pablo Casado, Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, ayer, en el congreso del PP. / efe

Si hay algo que saben los políticos experimentados -más por experimentados que por políticos- es que la vida es algo más que todos los momentos históricos -demasiados en los últimos años- que parecen decidir nuestro destino. Que la política marca la agenda es más que evidente, pero parece que ya se ha dado un paso más y no sólo forma parte de la actualidad, sino que las noticias empiezan a presentarse como vitales, decisivas, no para los protagonistas sino para los espectadores, como si la victoria de Soraya Sáenz de Santamaría o Pablo Casado fuera a salvar la cosecha del agricultor que todos los días labra la tierra y mira al cielo. La política espectáculo ha llegado para quedarse y el marketing es hoy la Biblia de cualquiera que aspire a ser alguien con mando en plaza. Quien no lo asuma se quedará fuera y eso es lo que le ha pasado a Soraya Sáenz de Santamaría y le pasó a Mariano Rajoy.

Los dos fueron protagonistas -con permiso del vencedor Pablo Casado- este fin de semana en el congreso del PP al seguir defendiendo un estilo que ya no se vende por sí solo. No valen los -a su juicio, claro está- logros en la gestión ni los datos. La política Míster Wonderful, que tan bien describió un compañero aplicado a la política local es lo que ahora se lleva. La emoción, la ilusión, el que se te mueva algo por dentro. El sí se puede -cada uno en su versión-, la visualización de los objetivos y todas las técnicas de coaching posibles. Gestos y mensajes en los que importa el fondo y, sobre todo, la forma. Ya lo decían ayer los entendidos analistas políticos: si es cuestión de discursos, ha ganado Pablo Casado por goleada.

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Y no es casualidad. La vieja escuela de Rajoy y Sáenz de Santamaría ya no tiene nada que ver con la nueva generación que se ha criado con El Ala Oeste, House of Cards o The Good Wife. Y aunque la política es algo más serio que una serie de televisión, cuánta influencia han tenido en las nuevas formas de nuestros dirigentes.

Con ese mensaje de ilusión, apelando a los sentimientos, como el que es del Madrid o del Barcelona, irrumpió Pablo Casado en una pelea que parecía cosa de dos: Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Y, poco a poco, eligiendo bien los escenarios -desde Alsasua a Galicia- empezó a calar un mensaje hecho a medida y que incluía exactamente lo que gran parte de los militantes quería escuchar. La incorporación de los cospedalistas una vez que la ex secretaria general se quedó fuera era ya la constatación de que el ascenso de Casado era imparable. El candidato llegó confiado pese a que eran muchos los que temían una victoria por los pelos que evidenciara que el partido está roto. Una diferencia de un puñado de votos hubiera sido fatal para el futuro del PP, aunque casi 500 y un 60%-40% parece un resultado que respalda a Pablo Casado y que debería evitar más confrontación de la cuenta.

A partir de ahora, y así se retoma la idea del inicio, la vida sigue como lo hizo cuando se repitieron elecciones -algo que parecía que era imposible que sucediera- cuando el PSOE se abstuvo para investir a Rajoy presidente, cuando se cesó al Gobierno de la Generalitat o cuando una moción de censura llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa. Lo hará también ahora y los únicos que pueden temer cambios con la victoria de Casado son los que vivían o quieren vivir de la política y no han apostado a caballo ganador.

En Córdoba había un apoyo claro a Casado -aunque muchos se resistían a decirlo en público-, que previamente fue a Cospedal. Está prácticamente confirmado que el exalcalde y ex secretario de Estado, José Antonio Nieto, tendrá un puesto de relevancia mientras que Adolfo Molina tuvo una actitud inteligente al declararse neutral en el proceso. A nivel andaluz, ya es otra cosa. El presidente Juanma Moreno sí se posicionó al lado de Sáenz de Santamaría, a pesar de que ayer se apresuró a decir por las redes sociales que Andalucía estará al servicio del nuevo presidente. Habrá que ver ahora si la integración y unidad son reales y no se aprovecha ahora para saldar cuentas pendientes.

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