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La moción en Córdoba

  • Política. La investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno deja algunos asuntos pendientes en Córdoba y es inocente pensar que ahora todo va a cambiar para mejor

Juan José Primo Jurado, José Antonio Nieto, Isabel Ambrosio y Pedro García. Juan José Primo Jurado, José Antonio Nieto, Isabel Ambrosio y Pedro García.

Juan José Primo Jurado, José Antonio Nieto, Isabel Ambrosio y Pedro García. / efe

El martes de esta semana el portavoz del PP, José María Bellido, y su viceportavoz, Salvador Fuentes, se fueron a Madrid para verse con el hasta ahora ministro de Fomento, Íñigo de la Serna. El objetivo, ver en qué punto estaban las inversiones pendientes de su departamento en Córdoba, sobre todo en el caso del Metrotrén, y repetir así el éxito que se trajeron hace unos meses cuando anunciaron la declaración de Obligación de Servicio Público (OSP) para este medio de transporte. En el breve encuentro, De la Serna les dijo que volvieran la semana que viene, una vez que se hubiera despejado el panorama que presentaba la moción de censura contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pues hasta entonces estaba todo en el aire. Se entiende que los concejales populares no volverán el martes a Madrid porque ni De la Serna ni ningún otro cargo del PP mantiene ya su puesto tras la investidura de Pedro Sánchez como presidente.

El resultado de la moción de censura ha caído como un jarro de agua fría en el PP de Córdoba, como prácticamente en todas las sedes del partido en España. Demasiado rápido ha ocurrido todo para asumir un cambio tan drástico de la realidad que influye, y de qué manera, en la política local. Por lo pronto, se dejan en el aire algunos proyectos que se habían confirmado en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y a los que se había comprometido también el Ejecutivo. Hay que recordar, por ejemplo, que la construcción de las dos comisarías en Córdoba es una apuesta personal del exalcalde José Antonio Nieto que ni siquiera aparecía en los presupuestos. Los convenios de cesión de los terrenos están firmados, pero quién sabe si la agilización de los trámites que ha habido en este asunto ahora se torna en lentitud o, al menos, no el mismo interés.

En lo recogido negro sobre blanco en las cuentas, ya estaba el propio Metrotrén con esa Obligación de Servicio Público (OSP), además de las obras de la nueva salida de la autovía A-4. Estros trabajos ya han comenzado, aunque están pendientes de una segunda fase, por lo que habrá que pedir que las exigencias que el PSOE ha tenido en este asunto se vuelvan ahora en gestión eficaz para solucionarlo. Todavía están pendientes de aprobarse los PGE y la oposición del Senado a las cuentas puede ser una de las primeras batallas que tenga que librar Sánchez.

Desde algunos ámbitos se ha vendido el relevo en el Gobierno como la gran esperanza de cambio, pero es posible que en el caso de Córdoba, como siempre, todo siga a igual a pesar de que por primera vez hay un presidente del Gobierno, una presidenta de la Junta de Andalucía y una alcaldesa en Córdoba del PSOE. Precisamente la regidora, Isabel Ambrosio, dijo el viernes que confía en recuperar las relaciones institucionales con el Ejecutivo y que se tengan en cuenta los proyectos pendientes, como las obras de la Biblioteca o el Museo Arqueológico, además de la apuesta por la logística y Rabanales 21. Sería demasiado inocente pensar que eso va a cambiar de la noche a la mañana, sobre todo porque ha habido gobiernos socialistas con algunos de esos asuntos encima de la mesa y se siguen arrastrando hasta ahora. La construcción de la biblioteca, de hecho, fue un proyecto de la entonces ministra de Cultura con Zapatero, Carmen Calvo, uno de los nombres que vuelve a sonar como ministrable para el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

La salida de Rajoy, además, tiene algo que ver -salvando las distancias, obviamente- con la situación que vivió José Antonio Nieto cuando se dio cuenta de que el pacto de izquierdas lo dejaba sin Alcaldía. Nieto llegó a decir que lo dejaran gobernar hasta diciembre. Rajoy se ha negado a dimitir y pasó la tarde en la que se debatía su moción de censura en un restaurante. Nadie le dijo, ni a Rajoy ni a Nieto, que no podían hacer eso. El miedo a cuestionar al líder es uno de los grandes errores del PP, que se rodea siempre de los que le dicen lo bueno y obvian las críticas. Seguramente hoy estarán pensando que la culpa es de todos los demás menos de ellos. Con todos los matices sobres las formas y los objetivos reales del resto de fuerzas políticas, al PP le toca hacer autocrítica y renovarse si quiere salir de ésta.

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