Córdoba

Una mañana para estrenar la bicicleta antes de la vuelta al colegio

  • La calle se llena de patinadores noveles y de ciclistas que dan la primera pedalada

Los Reyes Magos han sabido superar la crisis y ayer descargaron sus alforjas dejando bicicletas, patines y videoconsolas en miles de hogares de toda la ciudad. Tras recibir una lluvia de caramelos, los niños se fueron a la cama el martes por la noche olvidándose de las malas notas escolares y eliminando de su conciencia las travesuras cometidas a lo largo del año. Los Reyes -y los padres- siempre perdonan, debió pensar más de uno después de dejar una cuba llena de agua para los camellos en el balcón.

Alejandro Díaz, de 5 años, del Campo de la Verdad, es uno de los que acostumbra a dejar un refrigerio para los animales. Ayer se paseaba por la Ribera con su bicicleta de montaña recién estrenada y con la mirada de cansancio de quien ha estado la mitad de la noche sin pegar ojo a causa de una posible visita real. Y, aunque la comitiva siempre es esquiva, el cubo de agua se vacía y los regalos nunca faltan. En este caso, su petición se cumplió: una bicicleta "de marchas" que lo incluye en el grupo de los "niños mayores".

La tarde de Reyes es una exhibición de carreras titubeantes en bicicleta, rodillazos contra el suelo a causa del poco dominio de los patines de línea y coches teledirigidos que se agotan antes de la vuelta al colegio. También salen a la calle barcos pirata, muñecas de todas las hechuras -desde las que asemejan ser un recién nacido hasta las más estiradas que quieren ser modelos de pasarela-, cochecitos de capota y peluches de animales con formas indescrifables. Algunos regalos, al cabo de unas semanas, quedarán recluidos en el fondo de cualquier cajón, víctimas de las modas pasajeras.

No ocurre así con los niños que exhiben vocaciones tempranas en su ocio: maletines de dibujo para quienes se distraen con la pintura, excavadoras para quienes se ven al mando de una obra o coches de fórmula uno a escala para quienes se miran en el espejo de Fernando Alonso. Y, claro está, existe una larga nómina de pequeños que quieren ser como Iker Casillas o como Messi y que no dudan en calzarse sus equipaciones. Aunque ayer no fue un día de balones. Las carreras tras la pelota llegarán en unos días, cuando las pilas de los juguetes electrónicos se descarguen y apetezca salir a la calle a pasar el rato con los amigos.

Mientras tanto, algunos días de invierno pasarán frente al televisor, al mando del último modelo de videoconsola. La que ayer empezó a probar Francisco Heredia, de 11 años, lo convierte en soldado de un ejército "que tiene que ganar la guerra". Hasta ahora, el único enemigo al que se ha enfrentado es su padre, contra el que ha perdido "todas las batallas". Con la vuelta al colegio se aliará con sus amigos. Y, si la suerte no llega, siempre queda la opción del balón sin estrenar y de las zancadillas.

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