Puerto del Calatraveño

Igualdad de cartón piedra

  • Corre el riesgo de que el feminismo se convierta en una moda y que el 8M sea algo así como un Día de San Valentín de color morado pese a que todavía queda mucho por hacer

Un momento de la manifestación del 8M en Córdoba capital. Un momento de la manifestación del 8M en Córdoba capital.

Un momento de la manifestación del 8M en Córdoba capital. / Jordi Vidal

Esto no es un texto contra el feminismo, que quede claro desde el principio. Es una advertencia contra aquellos que abanderan un feminismo de cartón piedra, de bandera y camiseta morada y, a la hora de la verdad, no asumen su responsabilidad para que la situación mejore. Porque sostener una pancarta violeta o encabezar una manifestación no deja de ser un símbolo; efectista, sí, pero poco más.

Desde que el 8 de marzo del año pasado una riada de personas inundó las calles de todo el país para reivindicar que, de una vez por todas, la igualdad entre las mujeres y los hombres sea real en todos los ámbitos, mucho se ha discutido sobre el feminismo. Se han publicado libros y fabricado camisetas y pancartas, escrito innumerables artículos periodísticos, creado premios y entregado reconocimientos.

El temor es que el 8M quede relegado a algo así como una moda pasajera, una especie del Día del Padre o de San Valentín impulsado por las instituciones y las corporaciones, una fecha en la que no queda más remedio que sacar la camiseta morada del armario para alimentar la conciencia de lo políticamente correcto a la espera de la siguiente causa justa.

Los procesos electorales que están a la vuelta de la esquina no han hecho otra cosa que alimentar esta tendencia, ante la certeza, viendo la participación masiva en las concentraciones y manifestaciones del viernes, de que el feminismo es un caladero de votos. Confío en que quienes lideren las listas de las próximas elecciones hagan algo más que ponerse detrás de una pancarta morada, porque de ellos es la máxima responsabilidad en el proceso para que esto cambie de manera definitiva y las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres en todos los ámbitos de su vida, que al final es de lo que se trata.

Echen un vistazo a las páginas de este periódico en los últimos días para comprobar que, en el ámbito público, la mujer sigue estando en desventaja. Hay instantáneas que retratan una situación de absoluta desproporción, como la asamblea de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) celebrada el jueves en Córdoba capital y en la que se dio el visto bueno a su integración en la patronal CEOE; el propio colectivo reconoció que la mujer apenas representa el 35% del conjunto de emprendedores.

Más ejemplos. Los principales partidos políticos tienen a secretarios o coordinadores provinciales varones, y las listas electorales estarán encabezadas mayoritariamente por hombres. Fuera de la política, los nombres masculinos son aún más mayoritarios. Córdoba tiene un fiscal jefe, un presidente de la Audiencia, un juez decano, un comisario, un teniente coronel...

Los colegios profesionales también son regidos mayoritariamente por hombres, así como las empresas públicas o las cooperativas, que son el corazón económico de multitud de municipios cordobeses. Da que pensar, como si la mujer poco tuviera que decir en estos ámbitos o careciera de la cualificación adecuada.

Lo cierto es que, mientras la situación poco o nada ha cambiado en el último año, esta semana volvían a repetirse numerosos gestos y llamadas de atención. Las estatuas amanecieron con mensajes, hubo concentraciones a las puertas de las principales instituciones y los partidos políticos lanzaron multitud de mensajes que, paradoja, ellos mismos deberían escuchar y asimilar.

Quedan innumerables decisiones que tomar, leyes que aprobar, peticiones que atender. La razón de ser del feminismo sigue igual de vigente mientras haya una sola persona que equipare el feminismo al machismo o que confunda el feminismo con, ejem, ser o no femenina, como en los últimos días se ha podido leer en las redes sociales en conversaciones delirantes. Mucha fuerza.

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