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La ciudad de las lenguas confundidas

  • Córdoba vive un intenso día turístico con miles de visitantes llegados de muy diversos puntos del planeta

Detalle de una de las calles de la Judería repleta de turistas. Detalle de una de las calles de la Judería repleta de turistas.

Detalle de una de las calles de la Judería repleta de turistas. / Juan Ayala

Balun Sharma y Mesha Kumari buscan en un plano algún patio que visitar tras pasar por el Palacio de Viana. La pareja hindú lleva unas horas en Córdoba. Se aloja en una vivienda turística de la zona de San Lorenzo "que encontramos por internet", cuenta Balun. Tienen apenas algo más de tres días para conocer la ciudad. Están de vacaciones "y nuestra siguiente escala será Sevilla y después, Granada", comenta ella. El manejo de ambos del español es algo deficiente, pero entre las palabras que repiten están los destinos que quieren visitar: "patios", "Mezquita", "Medina Azahara"... Insisten en que les hubiera gustado conocer el Festival Flora, justo cuando divisan un cartel del mismo colocado en el punto de información turística de las Tendillas.

Patxi Hernández, Ana Muguruza y sus dos hijos salen de ese punto de información con un plano idéntico al de la pareja hindú. Han venido a pasar el puente de Todos los Santos desde Bilbao. No es la primera vez que visitan Córdoba. "Es que quien viene una vez, repite; y todavía nos queda mucha Córdoba por ver", sentencia él. "Estuvimos hace algo más de un año en la Fiesta de los Patios", apunta. "Mis antepasados son de aquí y las raíces tiran", añade. Ambas parejas coinciden a las puertas del punto de información y el bilbaíno les recomienda que vayan a ver los patios de San Basilio, que no hay otros abiertos. "Nos hemos informado, porque queríamos pasar por ellos sin aglomeraciones y nos han dicho que esos sí que están abiertos por estas fechas", les insiste antes de iniciar la marcha hacia la Mezquita por la calle Jesús y María, en la que se empiezan a confundir las lenguas. Como si fueran camino de la Torre de Babel, oyen hablar en francés, en alemán, en japonés, en inglés... Mientras, Rafael Crespo canta guitarra en mano Córdoba, de Medina Azahara. Patxi, Ana y sus dos hijos se paran junto al músico callejero y se interesan por uno de los CDs con su música que tiene en el suelo para vender.

Al lado, un goteo de turistas de distintas nacionalidades se muere de ganas de fotografiarse con el caballo blanco que promociona Córdoba Ecuestre justo a la entrada de la calle Céspedes, de cuyo número 10 salen Phil Neal y Sara Stewart, dos neozelandeses sexagenarios que tan sólo pasarán unas horas en la ciudad, dado que el grupo con el que viajan pernocta en Sevilla. "No queríamos dejar la oportunidad de llevarnos un vino de la tierra, que nos han dicho que los hay muy buenos", relata Phil justo después de pisar la calle tras salir de ese número 10, que es la Vinoteca El Sótano.

Phil y Sara se cruzan ya camino de la Mezquita, en la calle Cardenal Herrero, con un grupo de japoneses que están realizando una visita guiada. El grupo entra en el Patio de los Naranjos y una de sus integrantes se inclina y de sus labios sale un categórico "congratulations" (felicidades) dedicado a una pareja de novios recién casada a la que en los portales les están haciendo fotos. "Thank you", les responden ambos al unísono. Phil y Sara ya se han puesto en una de las larguísimas colas que recorren de punta a punta el Patio de los Naranjos para sacar la pertinente entrada que da acceso a la Mezquita-Catedral.

Afuera, en uno de los muros de acceso al patio, la de la calle Magistral González Francés, decenas de personas se agolpan asentadas para cumplir con el ritual de saborear el pincho de tortilla de patata de Bar Santos regado con caña de cerveza. En otro de esos muros de la Mezquita que da acceso a la Catedral una guía explica a un grupo llegado de Valencia que en el mismo "hay partes que tienen 1.000 años, otras de hasta 100 años y otra con sólo dos años de historia, ya que la reformaron hace dos años", insiste, para añadir que "los hombres más importantes de aquellos tiempos entraban por estas puertas, mientras que los menos importantes y las mujeres lo hacían por el Patio de los Naranjos". No muy lejos, en la calle Corregidor Luis de Cerda, Jurgen Kahn y Oliver Schmidt, junto a sus mujeres, compran un souvenir en una tienda. Un cuadro de la calleja de las flores con la Torre de la Mezquita al fondo le gana el pulso al de una mujer vestida de faralaes en el Coso de los Califas a la hora de la elección de los alemanes. Jurgen, Oliver y sus mujeres se dirigen después al Centro de Recepción de Visitantes, donde se inmortalizan fotografiándose con el equino que aparece en el cartel de la Semana del Caballo Árabe. Afuera, Balun y Mesha se hacen un selfie con la Puerta del Puente como fondo y, como si fueran atraídos por la famosa flauta de Hamelín, se pierden en la gran marea humana de lenguas confundidas que va y viene entre el puente Romano y la Calahorra.

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