• Una enfermera, un alcalde, una auxiliar de residencia, un comerciante, una maestra y un hostelero cuentan cómo la crisis sanitaria revolucionó por completo sus vidas y sus trabajos

Un año del coronavirus en Córdoba Memorias de una pandemia contada por sus protagonistas

Toñi Gémez (auxiliar), Ramón Villegas (comerciante), Toñi Quintanilla (enfermera), Pedro Pablo Fernández (hostelero), Mari Cruz Gómez (maestra) y José Porras (alcalde). Toñi Gémez (auxiliar), Ramón Villegas (comerciante), Toñi Quintanilla (enfermera), Pedro Pablo Fernández (hostelero), Mari Cruz Gómez (maestra) y José Porras (alcalde).

Toñi Gémez (auxiliar), Ramón Villegas (comerciante), Toñi Quintanilla (enfermera), Pedro Pablo Fernández (hostelero), Mari Cruz Gómez (maestra) y José Porras (alcalde).

Juan Ayala

Escrito por

· Noelia Santos

Redactora

Solo ha pasado un año aunque parezca que ha pasado toda una vida. En marzo de 2020, España se dio cuenta de lo que verdaderamente significaba la palabra coronavirus y el peso que iba a tener en la historia del país y del mundo, pero también en la memoria personal de cada uno de sus protagonistas. Seleccionar a varias personas para que cuenten sus vivencias en torno a la pandemia será, sea cual sea la cifra que se elija, insuficiente. Los seis perfiles que componen esta página son solo una pequeña muestra que pretende recoger las memorias de un año difícil, convulso, distinto.

Las pérdidas que ha generado el covid-19, en lo personal y en lo material, son absolutamente inabarcables. Pero la resiliencia también ha estado presente en la vida de estas seis personas que, de una manera u otra, han visto sus vidas afectadas de sobremanera por la irrupción del virus y que se han visto obligadas a mantenerse para sacar adelante a un paciente, para ayudar a un vecino o para intentar mantener a flote una empresa de la que depende mucha gente.

Cuando apenas faltan unos días para que se cumpla un año del primer estado de alarma y de un confinamiento total, la cronología en Córdoba del coronavirus dibuja una montaña de altibajos que se traduce en datos fríos. Casi 44.000 personas contagiadas, cerca de 4.000 ingresos y, la cifra más triste, casi 900 fallecidos. Las cifras ayudan a conocer el avance del virus, a tomar consciencia de lo que realmente supone, sirven para que los expertos apliquen medidas. Pero los número no son capaces de contar historias, no tienen competencias para hablar del sanitario que ha agarrado durante horas la mano de quien no ha podido más, del alcalde que no supo qué era el confinamiento porque no veía bien quedarse en casa mientras su pueblo no sabía qué ocurría o del propietario de un apartamento que no tiene a nadie que cruce la puerta de entrada.

Son seis testimonios que podrían ser infinitos y distintos o completamente similares. Seis historias de quienes no olvidarán una pandemia sin precedentes, no porque no quieran, sino porque ha marcado sus vidas de principio a fin.

Toñi Quintanilla, enfermera: "Ha sido el reto más complicado al que me he enfrentado como enfermera"

Toñi Quintanilla. Toñi Quintanilla.

Toñi Quintanilla. / E. D. C.

Toñi Quintanilla trabaja en la UCI del Hospital de Montilla. Cuando echa la vista atrás, a marzo de 2020, recuerda que nadie pensaba que eso de lo que se empezaba a hablar, el coronavirus, podía desencadenar en una realidad que todavía dura. Con miedo, incertidumbre y pocos recursos define esta sanitaria aquellos primeros meses.

"No pensábamos que íbamos a llegar esto, creíamos que era como el ébola, que dábamos unos cursos para estar preparados", relata Toñi, que apunta que pocos días después de declararse el primer estado de alarma ya empezaban a llegar los casos de covid al hospital, a veces de familias enteras.

Sin dudar, afirma que este año ha supuesto "el reto más complicado al que me he enfrentado como enfermera" e incide en que la presión "no se podía sobrellevar" de no ser por la vocación. Toñi rememora los peores meses de la pandemia y los describe como un tiempo de mucha tristeza: "Los pacientes que estaban muy mal sabían por sí mismos que se estaban muriendo, no te dejaban que te fueras de su lado", cuenta.

Turnos agotadores, epis, varias duchas al día... esta enfermera entiende que sí se ha reconocido el trabajo de los sanitarios, aunque admite que ha sentido "decepción" cuando ha visto cómo se incumplían las restricciones. "El sentimiento de decepción es mayor por ciertos comportamientos, no por la falta de aplausos", reconoce.

José Porras, alcalde: "Durante los meses de confinamiento no faltamos ni un día al Ayuntamiento"

José Porras. José Porras.

José Porras. / Rafa Alcaide / Efe

José Porras es el alcalde de Belmez. En este municipio del Alto Guadiato se registró la primera muerte por coronavirus de la provincia, un hombre de 87 años. Porras recuerda perfectamente ese 20 de marzo, cuando llegó al Ayuntamiento y vio a varios concejales llorando. "Era el exsuegro de una concejala, estábamos consternados", rememora el regidor belmezano, que no faltó ni un solo día al Ayuntamiento durante el confinamiento duro, ni él ni nadie de su equipo.

Desde los primeros días se pusieron a trabajar para intentar poner orden sobre un asunto del que se conocía poco, o más bien nada. Antes de que se declarara el estado de alarma, por ejemplo, pidió a los comerciantes que solo abrieran por la mañana. En un pueblo como Belmez, apunta, "la gente es conocida", si no se contagiaba un amigo, se contagiaba un vecino.

El Ayuntamiento intentó en todo momento estar pendiente de los casos positivos que iban saliendo y se nombró un concejal delegado para este asunto, para que se pusiera en contacto con esos contagios, especialmente con las personas de más edad.

Porras agradece a toda la ciudadanía de Belmez el comportamiento que tuvieron y tienen frente al covid-19. La gestión que puede hacerse desde un Consistorio en una materia de este tipo es limitada, aunque el trabajo siempre ha estado ahí. Porras desea, sobre todo, "volver a la normalidad".

Toñi Gémez, auxiliar de enfermería: "Cuando teníamos que guardar cuarentena sufríamos por no poder estar ayudando"

Toñi Gémez. Toñi Gémez.

Toñi Gémez. / Juan Ayala

Toñi Gémez es auxiliar de enfermería de la residencia de Jesús Nazareno de la capital, una de las tantas que ha sufrido el azote de un virus que se ha cebado con los más mayores. Fue la segunda ola la que pegó con más fuerza en esta residencia del Realejo, mientras que los primeros meses fueron algo más tranquilos.

De esos primeros coletazos Toñi recuerda la "falta de recursos", algo que estaba extendido en prácticamente toda España. "Por eso teníamos mucho cuidado con todo, tomábamos todas las precauciones posibles para que los abuelos no se contagiaran". La segunda ola, eso sí, llegó con tanta virulencia que la auxiliar solo puede describirla como "un infierno". Calcula que se contagió hasta el 70% de los trabajadores del centro y el covid se cobró la vida de más de diez residentes.

"Hubo un positivo entre las auxiliares y a la semana siguiente empezaron a salir muchos más. Nos mandábamos mensajes cuando nos hacían la prueba: un positivo, y otro, y otro...", rememora Toñi, que afirma que entre las trabajadoras tenían asumido que, tarde o temprano, iban a contagiarse, el objetivo era proteger a los residentes. La incidencia en esa época obligó a medicalizar la residencia y a traer refuerzos, indispensables antes las bajas de trabajadores que daban positivo.

Lo peor, asegura, no fue contagiarse, sino tener que quedarse en casa y no poder ayudar. "Cuando teníamos que guardar cuarentena sufríamos por no poder estar ayudando", asevera Toñi, que resalta la incansable labor de todo el equipo humano de la residencia, doblando turnos a pesar de estar "cansados y desesperados".

"Quien no ha vivido eso no es capaz de entenderlo", incide la auxiliar, que recuerda cómo "una auténtica fiesta" el momento en que llegó la vacuna. Desde finales de enero, todos los trabajadores y residentes tienen ya la segunda dosis puesta y las pruebas de covid semanales que les realizan confirman que están libres del virus.

Ramón Villegas, comerciante: "Ser optimista ahora es obligatorio"

Ramón Villegas. Ramón Villegas.

Ramón Villegas. / Juan Ayala

Ramón Villegas, empresario, tiene dos negocios que forman parte de los sectores que más han sufrido las consecuencias económicas de la pandemia. Una tienda de ropa en el Casco Histórico (Algo Diferente) y apartamentos turísticos. Comenta que el 15 de marzo suele ser la fecha que los comerciantes usan como pistoletazo de salida de una buena temporada, completamente perdida en 2020. Tenían los almacenes llenos porque, precisamente, se avecinaba una buena época para las ventas.

Después de esto, "nuestras expectativas eran que en septiembre volveríamos a la normalidad porque en agosto se movió algo". Pero vino la segunda ola y se llevó todo (al menos lo que la primera había dejado) por delante. Ramón explica que además 2020 era un año que había sembrado ilusiones en el sector turístico, "se esperaban buenos datos, había muchos proyectos".

Relata que ser optimista ahora es casi una obligación y espera que cuando la situación sanitaria mejore y haya vía libre para viajar todo pueda empezar a recuperarse. Aún así, no cree que Córdoba se pueda aprovechar de ese tirón, teniendo en cuenta que su temporada alta empezaría ahora, a las puertas de la primavera.

El turismo, un sector clave para la economía cordobesa, también lo es para todo el país. Este empresario opina que "no somos conscientes de que si a una economía como la española le quitas el turismo, se cae. Es la rueda que da dinero a España". Por eso entiende que la recuperación económica y en todos los ámbitos tiene que llegar y que ser optimista ahora no es tan siquiera una opción, sino un hecho obligatorio.

Mª Cruz Gómez, maestra: "A veces sentíamos que estábamos abandonando nuestra propia casa"

Mari Cruz Gómez. Mari Cruz Gómez.

Mari Cruz Gómez. / Juan Ayala

Maestra de Educación Especial, Mª Cruz Gómez trabaja con alumnado con trastornos graves de conducta en el colegio San Juan de la Cruz, en el Sector Sur. Se trata de una zona con mucha población en exclusión, por lo que esta docente se encontró con algunos problemas cuando empezó el confinamiento. "Había alumnos que no tenían ordenador, otros no tenían internet y algunas familias apenas tenían conocimientos básicos para ello", relata Mª Cruz, que también reconoce que ella se tuvo que poner las pilas en este sentido. En algunos casos la situación era tan extrema que las familias le pedían directamente a ella que les buscara una ayuda para poder comer.

"Vivimos una situación de estrés y de malestar y sentíamos que estábamos abandonando nuestra propia casa", recuerda la maestra, que apunta que ni siquiera tenía horarios entre clases y reuniones y su propia familia.

Conoce a compañeros que han precisado de tratamientos psicológicos para sobrellevar la situación y si tiene que sacar algo positivo de todo esto es mucho aprendizaje: "Sin duda, un núcleo familiar con buenos cimientos es la base de todo", manifiesta Mª Cruz, que aún así insiste en que durante el confinamiento ella estaba deseando volver a clase para poder afrontar bien la situación.

Además, sus alumnos, por sus características, precisan de un cariño directo que encuentran en el colegio y que perdieron durante muchos meses, algo que era complicado de ofrecer, sino imposible, desde la distancia.

Pedro Pablo Fernández, hostelero: "Antes de la crisis nos las prometíamos muy felices, imaginábamos un escenario glorioso"

Pedro Pablo Fernández. Pedro Pablo Fernández.

Pedro Pablo Fernández. / Juan Ayala

Pedro Pablo Fernández era director de los Patios de la Marquesa, un enclave gastronómico del Casco Histórico que tuvo que bajar la persiana debido a la crisis del coronavirus. "Hemos aprendido sobre la marcha, dándonos topetazos", reconoce este empresario que recuerda las desescaladas y dice que "creíamos que era una pandemia que se superaría. Luego vinieron las olas, porque no era solo una".

Entiende que el empresariado estaba "desorientado" en todo el trayecto, planteaban algo y se daban cuenta después de que habían actuado de "forma errónea". Además venían de una época de movimiento en el Casco, de buenos datos turísticos y recuerda cómo durante Fitur se planteaban horizontes casi infinitos: "Nos las prometíamos muy felices, imaginábamos un escenario glorioso". Pero todo eso desapareció.

En los Patios de la Marquesa contaban con el hándicap de que era de alquiler y no obtuvieron rebaja alguna durante el tiempo que permanecieron cerrados. Y recuerda: "No es que bajara la actividad, es que desapareció".

Sobre el futuro más cercano entiende que la actividad retornará "más tarde o más temprano" aunque también reconoce que le surgen contradicciones, entiende que "las prisas no son buenas" y que hay sectores que necesitan "salvavidas". El objetivo, recomienda, debe ponerse en caminar hacia un modelo que sea más robusto, en una transformación profunda que debe pasar por revolucionar el modelo turístico y del Casco Histórico que impera ahora, o al menos hasta hace un año.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios