Entrevista
  • Lleva tres años al frente de Manos Unidas en Córdoba, ONG de la Iglesia que ha recaudado más de un millón de euros en plena crisis del coronavirus, y destaca la solidaridad "extraordinaria” de los cordobeses"

Pepa Iribargenaray: "Tras la pandemia, regresamos al egoísmo y el yo nos vuelve a salir"

Pepa Iribargenaray, en la sede de Manos Unidas Córdoba. Pepa Iribargenaray, en la sede de Manos Unidas Córdoba.

Pepa Iribargenaray, en la sede de Manos Unidas Córdoba.

Juan Ayala

Escrito por

· Lourdes Chaparro

Redactora

La delegación de Manos Unidas de Córdoba se fundó hace más de medio siglo, fue una de las primeras de España y desde hace casi tres años la dirige Pepa Iribargenaray (Las Arenas, Bilbao, 1945). En plena pandemia, la ONG ha conseguido recaudar más de un millón de euros en Córdoba para desarrollar proyectos en varios países. Iribargenaray se muestra convencida de que “podemos cambiar el mundo”.

–¿Cómo fue su llegada a la delegación de Manos Unidas en Córdoba?

–Fue sorprendente. Siempre he estado en activo y pertenezco a Manos Unidas desde hace 35 años. Por medio de una hermana mía que colaboraba con Manos Unidas en Madrid, le dije al párroco de Marbella, cuando vivía allí, que por qué no poníamos una delegación en la parroquia, pero me dijo que era mejor de Cáritas. Cuando llegué a Córdoba hace diez años empecé a ir a la iglesia de Cristo Rey, pero me dijeron que había más necesidad en El Naranjo y, casualmente el párroco me dijo que si había una persona que quisiera involucrarse en formar el grupo de Manos Unidas y fui la primera. Aunque estaba de retirada, nunca te puedes retirar del amor y eso te hace mantenerte al pie del cañón y te da vida. Formé el grupo y empecé a venir a la delegación para conocer a la gente y tener contacto con los jefes. De repente un día, antes del día de Navidad de 2018, me llamó Aurora Toscano, que era quien estaba de delegada, y me propuso ser la delegada. Para mi fue una sorpresa impresionante. Le pedí que me lo dejara pensar ante el Sagrario.

–¿Y qué balance hace de estos tres años?

–Hago un balance positivo porque todo lo que en esta vida nos ayude a ser mejores personas, involuntariamente, porque no me estoy forzando, todo eso es ganancia como decía San Pablo y eso más positivo, no puede ser. Me ha tocado vivir una época muy dura porque me había propuesto al iniciar esto visitar todos los pueblos para conocer a los párrocos y a la gente de las parroquias, pero llegó la pandemia y, aquel propósito de viajar a todos los pueblos, se convirtió en llamar por teléfono. En Córdoba hay 227 parroquias y, prácticamente todas tienen un responsable. Fue una época muy dura porque era muy difícil trabajar sin poder moverte.

–Aunque Manos Unidas comenzara su andadura hace más de 50 años en Córdoba, su labor continua sin descanso.

–Sí no se ha parado nunca. Es una labor que entusiasma, que tiene que llegar al corazón porque si no se llega al corazón, no se puede sensibilizar a la gente. Tu tienes que creértelo y amarlo y, entonces ya puedes hablar de ello. De 72 delegaciones que hay de Manos Unidas, la de Córdoba es la sexta de España en recaudación de fondos. .

–Siempre se ha dicho que Córdoba es muy solidaria.

–Sí y esto lo refrenda y de una forma extraordinaria. Estamos hablando de las cuentas cerradas del año 2020, el año de la pandemia. La solidaridad ha pasado por encima de la tristeza, de las dificultades y de la pobreza quese ha generado. Los cordobeses han demostrado que tienen un corazón de oro, ha sido algo extraordinario y sorprendente.

–Han sido 1,1 millones de euros los recaudados en plena pandemia, ¿qué previsiones hay para cuando se cierren las cuentas de 2021?

–Esperamos que sea bueno, no sabemos si tanto porque cuando ya te vas encontrando mejor, me refiero a la población, y se va pasando el susto inicial de la pandemia, vamos volviendo al egoísmo y el yo nos vuelve a salir y volvemos a dejar de lado un poquito a esos hermanos que tenemos que llevar siempre en el corazón siempre.

Un momento de la entrevista concedida a el Día. Un momento de la entrevista concedida a el Día.

Un momento de la entrevista concedida a el Día. / Juan Ayala

–Resulta muy duro que diga que después de todo lo vivido, volvamos a ser egoístas con los demás.

–Sí, vuelve el egoísmo y las sociedades más ricas se hacen más ricas y las que han sido siempre las más desfavorecidas del mundo, si están en la miseria, ahora están en la muerte. Es algo tremendo.

–Pero es que son dos comportamientos opuestos. ¿A qué cree entonces que se debió esa gran solidaridad durante la pandemia?

–Cuando tenemos unas dificultades propias y unos dolores propios, como familiares o amigos que se mueren, nos acordamos más de la gente que lo pasan mal. Cuando las cosas se van suavizando, volvemos a nuestra vida de consumo, a nuestras cosas y nos entra el punto de egoísmo otra vez. Pero estoy segura y convencida de que podemos cambiar este mundo. El Papa nos dice que seamos audaces en la esperanza y Manos Unidas es muy audaz en la esperanza. En esta vida, unos siembran y otros recogen. Estoy segura de que esto se puede cambiar. Hay personas que pueden vivir con tranquilidad ignorando todo lo que hay fuera del contexto de su vida. Siempre ocurre que no gusta ver la realidad claramente.

–¿Cómo afectó la pandemia al desarrollo de los proyectos de Manos Unidas en estos países?

–Se han tenido que parar muchos proyectos iniciales, como por ejemplo la construcción de un colegio o de un dispensario. Sin embargo, solicitamos proyectos de urgencia para personas que se estaban muriendo de hambre. Por eso, se agilizaron proyectos de higiene, de emergencia y de alimentación. La pandemia, por otro lado, nos ha servido para conectarnos entre las vicarías a través de aparatos electrónicos, con reuniones virtuales, echando mano de quien pudiéramos y hemos ido aprendiendo. Ahora estamos más cerca.

–¿En qué países trabaja Manos Unidas desde Córdoba?

–En Asia, África y América. La campaña de este año busca 300.000 euros para desarrollar proyectos en Mozambique, El Salvador y la India. Ahora estamos lanzando la campaña y no sabemos lo que vamos a recaudar. Hemos sido prudentes haciendo los proyectos. Esto es como una gran hucha española y, en este caso, es una gran hucha de Córdoba y su provincia. Aquí recaudamos el dinero y hemos hecho los proyectos valorados en 300.000 euros. El excedente de esa hucha va a Madrid a otros proyectos que se están gestionando; el año pasado se lograron hacer 506 proyectos.

–¿Qué proyectos son los de 2022?

–Uno de ellos es desde la Vicaría de la capital, que se desarrollará en El Salvador. Se trata de una ayuda a 29 comunidades de mujeres para lograr formarlas y capacitarlas para trabajar evitando ser explotadas y que está valorado en 74.000. Otro es desde la Vicaría de la Campiña en Mozambique para mejorar las condiciones de los jóvenes de la zona, rehabilitando un edificio para ofrecer estudios de formación profesional logrando un futuro y valorado en 94.000 euros. Desde la Vicaría del Guadalquivir se va a llegar a cabo un proyecto en la India para mejorar la vida de mujeres de tribales de Kutra, con formación, y acceso a actividades que le generan ingresos, valorado en 59.000 euros. El cuarto proyecto, de 31.000 euros, también es en la India desde la Vicaría de la Sierra para mejorar condiciones de vida de mujeres en 10 pueblos rurales, con cursos prenatales y postnatales, capacitación de madres con hijos discapacitados, capacitación de viudas y orientación profesional.

–El lema de la campaña de Manos Unidas, que celebra este domingo su día, es Nuestra indiferencia nos condena al olvido. ¿Por qué se han decantado por esta frase?

–El mensaje de la campaña de 2022 centra su denuncia en las enromes desigualdades que afecta a la población mundial y que alimentan y cronifican el hambre y la pobreza. Antes no nos enterábamos de lo que ocurría en el mundo. Con los medios de comunicación, nos enteramos de todo lo que pasa, pero el corazón se nos ha hecho indiferente al dolor de los otros. Pero son hermanos míos, nuestros, que se merecen vivir con la misma dignidad que todos y con los mismos derechos.

Pepa Iribarnegaray. Pepa Iribarnegaray.

Pepa Iribarnegaray. / Juan Ayala

–La campaña de este año ha contado con la participación de numerosos cargos institucionales de Córdoba y personajes públicos, como el diseñador de moda Palomo Spain, o el alcalde de la ciudad, José María Bellido. ¿A qué cree que se debe este notable apoyo?

–Creo que somos una de las ONG que tiene las cuentas clarísimas. Prácticamente todo el dinero va para los proyectos. Hay un porcentaje que se deja para sensibilizar y para los sueldos de las 144 personas que trabajan en las delegaciones. A ni no me da apuro parar al alcalde en la calle y decirle que quiero que me escuche un momento. Cuando quieres hacer una cosa, vas por la cara y vas enseñando las cuentas claras y la gente te escucha. Fui al Colegio de Farmacéuticos y pregunté con quién podía hablar sobre Manos Unidas y me dieron el correo, les escribí, me llamaron y nos dieron un donativo.

–¿De dónde vienen las principales aportaciones que recibe Manos Unidas?

–Las principales aportaciones vienen del sector privado, un 83,5% y el resto del sector público, como los ayuntamientos y la Diputación de Córdoba. El 82,1% de los ingresos se dedicó a financiar proyectos de desarrollo del sur y el 5,2% estuvo dirigido a la sensibilización de la población española.

–¿Cree que si no se hacen más aportaciones es porque los proyectos que llevan a cabo desde Manos Unidas se desarrollan en países que están muy lejos de Córdoba y que aquí también ha miles de personas en situación de vulnerabilidad?

–La diferencia es que en España trabaja también Cáritas, pero Manos Unidas tiene ese punto de amar sin conocer. Cuando hablas con una persona y tienes simpatía con ella y le ofreces lo que le haga falta en ese momento, las cosas son más fáciles. Cuando tú tienes que enseñar que hay otros hermanos que viven en países en los que lo que aquí es pobreza allí es miseria y muerte, cuesta más porque es un amor como sin apegos, solo amor por amar.

–¿Cuál ha sido el proyecto de Manos Unidas Córdoba que ha costado más esfuerzo sacar adelante?

–No diría que hay uno que sea más complicado que otro. Si puede decir, que hay algunos que son más impactantes que otros.

–¿Puede citar alguno?

–Uno que se hizo en Sudamérica, que me llamó mucho la atención. Fue un sacerdote que había empezado a trabajar en una zona de las más pobres de Sudamérica. En concreto, en una zona alejada de un suburbio que era el basurero. Su sorpresa fue que en el basurero había niños escondidos esperando a que llegaron los camiones y se lanzaban a rebuscar entre toda la basura para poder sacar todo lo que pudieran. Esos niños cuando se iban haciendo adolescentes, las mafias los recogían y caían con balazos, y los que no, caían en la droga. Eran una vidas destrozadas. Pues este sacerdote, con Manos Unidas en la cabeza, consiguió hacer un colegio, en el que ya se hace hasta Bachillerato.

–Junto a la campaña anual, qué otros proyectos se llevan a cabo?

–El pilar fundamental de Manos Unidas es sensibilizar, ese es el mejor proyecto. Si yo no soy capaz de hablar a la gente, de sensibilizar, de hacerles conocer lo que existe lejos de ellos, no sirvo para nada. Si no se enteran, no se dan cuenta y no les toco el corazón, no puedo recoger fondos y sin ellos no podemos hacer fondos.

–Habla de la sensibilización, pero cada día hay en la calle numerosas entidades de carácter social que salen a calle a buscar socios y aportaciones. ¿Qué diferencia hay entre ellas y Manos Unidas?

–Respeto muchísimo a todas las ONG y cada una tenemos un carisma; el Espíritu Santo nos va dirigiendo a cada una a la que sea. Yo he estado muchos años en Cáritas y me he sentido muy feliz, pero este es otro modo de trabajar. Me parece muy bien que haya muchas y me gustaría que trabajáramos en conjunto, que tuviéramos reuniones. Hay que escuchar a todos. Lo que nos diferencia es que somos una ONG de la Iglesia y de voluntarios.

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