Isidoro Macías (Padre Patera). Fraile Franciscano de la Cruz Blanca

"Invité a los políticos a que fueran a conocer el drama del Estrecho y los sigo esperando"

  • Cuenta que le está costando en Córdoba adaptarse a una nueva etapa lejos de la misión que ha llevado a cabo durante las últimas décadas, en las que ha puesto su vida al servicio de los inmigrantes

El hermano Isidoro posa en las dependencias de la Casa Familiar San Francisco de Asis. El hermano Isidoro posa en las dependencias de la Casa Familiar San Francisco de Asis.

El hermano Isidoro posa en las dependencias de la Casa Familiar San Francisco de Asis. / reportaje gráfico: barrionuevo

Isidoro Macías (Minas de San Telmo -Cortegana-, Huelva, 1945) ha llegado de forma callada a Córdoba con su humilde maleta rebosante de solidaridad desde Algeciras (Cádiz), localidad en la que se hizo archiconocido mundialmente por su labor humanitaria de décadas para con los inmigrantes, sobre todo los de origen subsahariano que cruzaban el Estrecho de Gibraltar en pateras. Desde 1982 regentaba en esa localidad gaditana la llamada Casa Familiar Virgen de la Palma, en la que se recogía a ancianos sin hogar y, al principio, a inmigrantes africanos que pernoctaban en el puerto. También acogía a parados sin recursos, polizones, inmigrantes irregulares y, especialmente, a esas madres subsaharianas que cruzaban el Estrecho en busca de trabajo. Por esconder inmigrantes ilegales fue detenido en varias ocasiones, si bien el hermano Isidoro siempre habla muy bien de las autoridades policiales y de la Guardia Civil. A lo largo de su trayectoria ha recibido numerosos homenajes y reconocimientos, como ser nombrado Héroe del año por la prestigiosa revista Time en 2003, siendo el único español elegido por esta publicación estadounidense. "Me han hecho muchas entrevistas, tantas que incluso han publicado un reportaje mío contando mi labor esa revista en la que aparecen las mujeres como Dios las trajo al mundo; en una página, la foto de la señora, y en la siguiente mi historia", cuenta el franciscano.

-¿Qué significa para usted el apodo de Padre Patera? ¿Le molestó al principio que le llamaran así?

-Nunca me ha molestado. Me lo puso el periodista Julio César Iglesias cuando me hizo un reportaje. ¿Que qué significa para mí? Pues, mire yo no soy sacerdote, soy lego, soy una persona que intenta vivir el evangelio según las obras de misericordia, en el amor. Cuando le hablaron a Julio César Iglesias de que un fraile tenía acogidos en su casa a muchos niños y muchas mujeres embarazadas llegados en patera, y lo vio, dijo aquello de que no es sacerdote, pero sí es padre de muchos niños que han nacido en la casa, de ahí me viene lo de Padre Patera. Antes, desde 1967, los hermanos franciscanos de la Cruz Blanca nos dedicamos a recoger a las personas que dormían en la calle. Cómo no íbamos a recoger también a esas personas que vienen de otros sitios, que no conocen nada del lugar al que llegan, que tienen otras costumbres, otra lengua, otra religión.

-Y después de muchos y muchos años sufriendo esas personas el drama de la inmigración el mundo sigue sin escarmentar.

-No me quiero meter en política porque no es mi misión, pero en este caso me voy a meter un poquitín. ¿Por qué Europa no hace una ley de extranjería para toda Europa? ¿Por qué la ONU no se mete en estos casos? ¿Por qué no invierten en esos países de origen de los que provienen los inmigrantes? Eso lo tienen que resolver los políticos y pasan y pasan los años y no lo hacen.

-Ya puestos a hablar del papel de los políticos, ¿qué opinión le merece lo que está ocurriendo en Europa con los refugiados?

-Creo que no se está haciendo casi nada al respecto. España no se ha preparado para ello, lo mismo que ocurrió el año 2000 cuando venían tantos inmigrantes. A España, como ahora, la cogió aquello dormida. España no tenía nada entonces para afrontar la situación, ni siquiera un centro de acogida. ¿Y quiénes son los que estaban allí al pie del cañón? Pues, la Guardia Civil, porque tenía que defender las fronteras, la Cruz Roja y, mire , un fraile al que le dijeron que tenía que ir a recoger a esas personas que venían embarazadas o venían con niños. ¿Pero quién fue quien me llamó? Pues las fuerzas de seguridad. Yo digo siempre, le tememos mucho a la Guardia Civil cuando vamos conduciendo, pero ellos están para guardarnos a nosotros y en este caso he visto que de su propio bolsillo le han comprado bocadillos a la gente que llegaba cuando no tenían por qué hacerlo. Muchos de ellos son padres y me decían que veían a sus hijos reflejados en esos niños, en niños que sólo traían un pañal.

-He visto un cartel anunciador de que en la iglesia de la Fuensanta van a escuchar su testimonio, ¿qué mensaje transmite?

-El Evangelio. Mire, las constituciones de todos los estados se cambian cada vez que el partido político del gobierno de turno no está de acuerdo con algún artículo, mientras que el Evangelio siempre está al día. La ley del amor de Dios, las obras de misericordia... Tuve hambre, tuve sed, estuve desnudo, fui forastero, como dice el Evangelio, y tú me abriste las puertas de par en par. No miraste si era o no católico. Cuento, por ejemplo, que en todo lo que he hecho siempre Dios me ha puesto a alguien en el camino para hacerme fácil lo difícil. Una de las muchachas, por ejemplo, de las primeras que llegaron no sabía adónde venía. Se creía que había llegado a Inglaterra. Me decía papa, papa, ¿dónde estoy?, en inglés, pero mire, Dios me puso en el camino, por ejemplo, a un chico de Croacia, que vino también de inmigrante, para que me tradujera lo que me querían transmitir en inglés. Pero bueno, más que preguntarles de dónde venían o quienes eran, que no sirve para nada, lo que importaba e importa siempre es darles de comer y arreglarles los papeles.

-¿Y entre esa gente que le ha puesto en el camino Dios hay algún político?

-Pocos, pero algunos. Curiosamente, Dios me ha puesto siempre gracias a los medios de comunicación a quienes me han ayudado, por ejemplo, a arreglarle los papeles a las personas que llegaban. A mí me visitó una subdelegada del Gobierno y me dijo que me tenía de su lado, que si me pasaba algo ella estaba conmigo, pero claro, lo único que le dije es que quería que me diera los papeles para esas personas para que pudieran trabajar. Y mire lo grande que es Dios, cada vez que yo tenía que arreglar un papel, y yo soy un gran analfabeto, y se lo comunicaba por carta, ella le daba la residencia a quien yo se lo pedía. Dios le tocó el corazón, vio los niños que yo tenía.

-Después de tantos años en contacto con ese mundo, ¿se siente en Córdoba fuera de su hábitat natural?

-Bueno, para mí venir a Córdoba ha sido un palo muy grande. Pero como hombre de obediencia no he tenido más remedio que acatar los votos de pobreza que hice. Para mí aquí es todo diferente, tan diferente que tan sólo se parece un poquito a lo que yo siempre he hecho. Venir me ha costado y me estoy adaptando; un fraile se tiene que adaptar, como los sacerdotes y los seglares, y aquí me han recibido muy bien.

-Pero en Córdoba también hay necesidades...

-Bueno, poco a poco me iré poniendo en contacto con alguna ONG, con gente relacionada con la inmigración, a ver si les puedo ayudar en algo. No obstante, en la casa de los hermanos franciscanos de la Cruz Blanca también hay mucho trabajo por hacer, llevamos tres programas con personas deficientes. He ido hacia atrás en el tiempo, porque yo estuve en un colegio con niños de educación especial en Cáceres y esta labor me está recordando a la de aquellos años.

-¿Cuáles son esos programas?

-En la Casa Familiar San Francisco de Asís contamos con una residencia de gravemente afectados, en la que atendemos a 20 usuarios; una residencia de adultos con centro ocupacional, para 34 usuarios; y un centro ocupacional con centro de día; en el que atendemos a un total de 47 usuarios.

-Pero supongo que pensaría que su misión no estaba aún concluida en Algeciras.

-Me está costando convencerme de ello, porque es muy bonito eso de recoger a una mujer embarazada que no tiene nada, que a las tres de la mañana te tienes que levantar porque está diciendo que va a nacer el niño o recoger a un niño que llega también sin nada. Hay cosas que me han ocurrido que han sido una lección para mí. Un ejemplo muy grande y bonito me dieron los periodistas en 2002, cuando fueron a las ocho de la mañana a hacer un reportaje porque habían llegado la noche anterior muchas mujeres y niños; había cuatro o cinco televisiones y yo les dije que antes de nada tenía que lavar a los niños y las mismas periodistas se ofrecieron a ayudarme. Mientras unas lavaban a los niños, las otras fueron en busca de ropa a las casas de las vecinas. Me llegó al corazón.

-¿Recuerda el primer día que vivió la llegada de una patera?

-Sí. Y muchas veces no lo quiero recordar porque me partió el corazón. Me lo partió cuando vi que llegaba una mujer embarazada, otra con un niño chiquitito, que tenía dos o tres meses... Estoy convencido de que la mano de Dios está debajo de esas pateras.

-Usted destaca la solidaridad cuando el mundo sigue mirando para otro lado.

-Destaco la solidaridad porque cada vez que salía en los medios, la gente me llenaba la despensa para dar de comer a mis niños y también a sus madres. No obstante, un día me estaban haciendo una entrevista radiofónica desde una emisora en Madrid, yo entré desde Algeciras y el director general de Inmigración de Europa entró desde Bruselas; fue el mismo día en el que mientras me entrevistaban hubo 12 muertos en las playas de Tarifa. Él decía que estaba ayudando a Europa y yo le decía que no se veía nada. Fui muy duro con él, pero él como político insistía, mientras yo decía "ay Dios mío, que no se da cuenta de lo que hay aquí abajo". Claro, Bruselas está a muchos kilómetros. Por eso yo siempre he invitado a los políticos a que vayan al Estrecho de Gibraltar para que solamente vieran en qué condiciones infrahumanas llega una masificación de inmigrantes. A que vivieran ese drama en primera persona.

-¿Acudió alguno?

-Aún los estoy esperando.

-¿Y algún obispo le ha acompañado en su misión?

-El Papa Francisco ha ido a conocer ese drama en Perusa, la Iglesia siempre ha estado en el Estrecho, ayudando y atendiendo a esas personas. Aunque sólo se viera desde el exterior dar testimonio a un franciscano de la Cruz Blanca, la Iglesia estaba ahí. Yo siempre he intentado dar mi testimonio como fraile y como persona. Me llena más como persona que como fraile, ya que como fraile tengo la obligación. Hay muchísimos seglares que están haciendo igual que yo y aún mucho más; pero los medios que existían en aquellos entonces -a finales del siglo pasado y principios de este- no le ponían nada fácil su misión a este fraile. No obstante, siempre he confiado en la providencia, en Dios, que es el que me da fuerzas.

-¿Cómo cree que la sociedad ve hoy en día al inmigrante?

-Los cristianos tenemos que dar mucho testimonio para que la sociedad se vuelva un poco más solidaria y sensible. Y, sobre todo, lo tienen que dar los seglares. Vuelvo al Evangelio y a las obras de misericordia: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber... Nos encontramos en la calle con muchísimos inmigrantes, y los apartamos un poco. Y a lo mejor ese inmigrante tan sólo viene a preguntarte dónde está una calle, porque no la encuentra. A lo mejor no nos pide ni dinero, ni comida, ni nada y lo rechazamos, necesita un aliento y lo rechazamos. ¿Por qué lo rechazas? ¿No te das cuenta de que es una persona como tú? Nunca creas que escuchándole vas a perder unos minutos con ellos, no los pierdes, los ganas.

-¿No cree que la gente tiene un perfil incorrecto del inmigrante?

-Por supuesto que lo tienen. A mi me ha llegado gente que tiene terminada su carrera universitaria. Recuerdo ahora a una chica a la que le quedaba un año de Arqueología y a la que yo animé a que terminara la carrera en España. No todo el que llega es analfabeto, lo único que ocurre es que no saben el idioma, pero una vez que lo conocen se desenvuelven muy bien. Además, tengo que decir que a mí me han dado muchos ejemplos de solidaridad entre ellos. Se ayudan unos a otros sin conocerse de nada. Vuelvo a lo de atender al inmigrante. Hoy vamos todos corriendo, corriendo, corriendo, pero hay que hacer un descanso y pensar un poco en los demás. Hoy en día vivimos en un mundo en el que la sociedad está cambiando los valores por los intereses de algunos.

-Aunque no quiera hablar de los políticos, supongo que tendrán algo que ver en estos cambios de valores sociales.

-Hombre, son los que tienen la sartén por el mango. E invitaría a los políticos a que visitaran asilos, centros como éste, a que se pringuen un poquito más, porque lo que ellos están ganando se lo estamos pagando nosotros.

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