SOLIDARIDAD

Un ágape que es un canto a la integración

  • La Fundación Cruz Blanca lleva un año de trabajo de calle con personas en situación de prostitución, a las que atiende y protege en el ámbito sanitario y en el de la detección de indicios de trata

Las autoridades asistentes comienzan a servirse migas. Las autoridades asistentes comienzan a servirse migas.

Las autoridades asistentes comienzan a servirse migas. / Jordi Vidal

Las migas que cada año comparte la Asociación de Amigos de los Hermanos de la Cruz Blanca es ya toda una cita clásica de la prenavidad cordobesa. Es un momento para hacer balance del año que está a punto de expirar. “Ha sido un año que hemos vivido con normalidad, trabajando lo que podemos, colaborando lo que podemos y haciendo todas las actividades que están en nuestras manos por los niños de esta casa familiar”, relata el presidente de la asociación, Miguel Ángel Caracuel.

“Somos una asociación sin ánimo de lucro que subvencionamos actividades; hemos sufragado los gastos de las vacaciones de verano de los chicos, que han estado una semana en Torrox costa, las visitas a Isla Mágica, al Belén de Chocolate de Rute...un montón de salidas en las que llevamos el transporte y la manutención. Son días para disfrutar con los chicos gracias a nuestros muchos voluntarios”, anota.

La Asociación de Amigos de los Hermanos de la Cruz Blanca –que cuenta con unos 350 miembros– cumple ya tres décadas de vida y Miguel Ángel tiene “la suerte de llevar 16 años tirando de este carro, que es apasionante”, añade. “Es poner el corazón de la gente al servicio de los demás, a pesar de que ha habido altibajos y borrascas que afortunadamente han pasado”, sentencia.

El presidente del colectivo destaca esas otras actividades “que llenan la otra parte del corazón de nuestros chicos, como salidas, la integración social, que hagan vida normal yendo al gimnasio, yendo al campo de fútbol todas las semanas...en fin, actividades para la integración social de estas personas con discapacidad”, relata. Cuenta que este año “casi como siempre” se van a repartir 80 kilos de migas, 20 kilos de chorizos, 20 kilos de panceta y 15 kilos de ajos, “además de los dos millones de kilos de corazón de los migueros que están aquí desde las ocho de la mañana para que todo salga bien; casi una treintena de voluntarios”, defiende.

El Padre Patera conversa con una mujer. El Padre Patera conversa con una mujer.

El Padre Patera conversa con una mujer. / Jordi Vidal

Una de las estrellas de las últimas ediciones de las migas –aunque a él no le gusta que lo consideren una estrella– es Isidoro Macías, a quien todo el mundo llama el Padre Patera, franciscano de la Cruz Blanca conocido por su trabajo humanitario en Algeciras a favor de los inmigrantes subsaharianos que cruzaban el estrecho de Gibraltar y que reside ahora en Córdoba. Todo el que asiste a la cita quiere fotografiarse y hablar con él. El Padre Patera reparte sonrisas, tantas como los chicos que de alguna manera también se consideran anfitriones de la cita, una cita a la que este año se ha sumado el delegado en Andalucía de la Fundación Cruz Blanca, Javier Morillo-Velarde.

Las migas se organizaron en un primer momento para dar a conocer la labor de la casa familiar de los Hermanos de la Cruz Blanca y en esta ocasión han servido para hacer lo propio con la recién creada Fundación Cruz Blanca, “que lleva funcionado en Córdoba alrededor de un año”, puntualiza. “Los hermanos decidieron crear una fundación que atendiese la labor más directa y social de calle; aquí en particular, en Córdoba, llevamos un programa de calle con personas en situación de prostitución, donde atendemos tanto el ámbito sanitario como el ámbito de detección de indicios de trata”, explica.

Javier detalla que también cuentan con un programa de empleo “dividido en dos partes, básicamente para personal extranjero, aunque nacional también, y luego para jóvenes tutelados. Es importantísimo trabajar con estos menores que están en situación de protección y crear un espacio de emancipación”, apunta. La Fundación Cruz Blanca también trabaja en Córdoba en un centro de formación que esperan homologar, tal y como destaca, “a primeros de año, para todo el tejido social de esta ciudad, que tanto necesita la formación y el empleo”. Javier insiste en que son una entidad especializada en protección y en detección de indicios de trata “y ahí es donde básicamente estamos centrando nuestra labor”.

Añade que la trata inunda todo el tejido de la inmigración y “aunque Córdoba inicialmente no es una ciudad que reciba mucha inmigración, sí tiene un espacio ideal para poder trabajar la protección y los procesos de emancipación de las personas en situación irregular que necesitan una protección por una situación de vulneración de derechos”.

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