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Córdoba

Coronavirus en Córdoba: El Obispado habilita un teléfono para la celebración de los sepelios

Un sacerdote en un cementerio durante un entierro. Un sacerdote en un cementerio durante un entierro.

Un sacerdote en un cementerio durante un entierro. / Efe

El coronavirus también ha obligado a cancelar los funerales y velatarios de quienes mueren y las medidas impuestas limitan a tres las personas que pueden acudir a las celebraciones religiosas, además del sacerdote en el cementerio. Una medida adoptada para evitar que el covid-19 se extienda, y que las familias, como pueden, están cumpliendo a rajatabla dentro del dolor insoportable de tener que despedir en soledad.

Se trata de una situación que analiza el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, en su última carta pastoral, en la que recuerda que "la situación actual de la pandemia ha multiplicado el número de muertos, que además de morir en la soledad y sin familiares cercanos, son conducidos aprisa al cementerio para su sepelio o cremación, sin apenas acompañamiento de la familia. En cualquier caso, la legislación del estado de alarma prevé que al momento del sepelio asista el ministro del culto correspondiente, entre nosotros el sacerdote católico".

Es decir, que cualquier persona que quiera celebrar el sepelio católico de su familiar puede hacerlo. Antes de la crisis del coronavirus, eran los tanatorios los que se encargaban de llamar a las parroquias para que un sacerdote, siempre que la familia así lo solicitara, oficiara la celebración. Sin embargo, tras la crisis del covid-19 estas llamadas, bien por prevención, bien por desconocimiento incluso de las familias, han descendido. 

Por ello, el obispo recoge en su carta que cualquier persona que quiera celebrar el sepelio tras el fallecimiento de un familiar puede llamar "al párroco, para que atienda esos momentos del sepelio con la oración de la iglesia". "Más tarde podrán celebrarse los actos comunitarios debidos, pero ahora en el momento de la muerte y del sepelio reclamemos la presencia del sacerdote, como nos reconoce la legislación del estado de alarma", indica.

También señala el prelado que "si en algún lugar de nuestra Diócesis el párroco tuviera especiales dificultades para asistir al sepelio de sus feligreses, comuníquelo a su arcipreste o vicario".

Además, desde la Diócesis de Córdoba se ha habilitado un teléfono (957-496.474) y una dirección de correo electrónico (obispadodecordoba@diocesisdecordoba.com) para solicitar la presencia de un sacerdote porque, según expone, "se nos han dado ya varios casos".

"Normalmente hemos contado siempre con la colaboración de las funerarias, pero en estos momentos tienen la tentación de no colaborar, quizá por la saturación del servicio. El cauce ordinario, por tanto, se ha trastocado", ha lamentado.

Fernández, además, recuerda en su carta que "vivimos, por tanto, una situación inédita en relación con los difuntos, en la que la caridad cristiana no puede inhibirse, quitándonos el muerto de cualquier manera. Atendamos a los enfermos, a los que pasan hambre, a los niños, a todos los que sufren".

"No descuidemos a los difuntos y a sus familiares en un momento tan imborrable para la conciencia personal y colectiva, como es la despedida de un ser querido. Cada uno de los que mueren tiene derecho a un sepelio digno y la familia tiene derecho al duelo por aquel familiar fallecido", subraya.

En esta línea, el Obispado pide a las funerarias que revisen si ofrecen los servicios que tienen contratados con sus afiliados. "Los familiares pueden continuar encargando misas en sufragio por sus difuntos, como es costumbre cristiana. Por los difuntos podemos ofrecer también la indulgencia plenaria en sus formas habituales de alcanzarla, además del rezo del rosario u otras oraciones", anota.

Recuerda también que "hemos de consignar en el Libro de Difuntos a cada uno de los enterrados y para eso hemos de ser solícitos en recabar la licencia de sepultura que expide el registro civil para su enterramiento, y según el mismo asentar la correspondiente partida en el archivo parroquial".

"No consideremos el número de muertos como una fría estadística, que va modulando su curva a medida que pasa la pandemia. Cada uno de ellos tiene una familia concreta, y quizá alguno de nosotros hayamos sido tocados de cerca por la muerte de algún familiar o de algún vecino o conocido cercano", concluye el prelado.

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