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Medio ambiente

Coronavirus en Córdoba: Abejas en peligro por el confinamiento humano

Unos apicultores manejan un panal de abejas. Unos apicultores manejan un panal de abejas.

Unos apicultores manejan un panal de abejas. / El Día

Con el confinamiento de las personas, la naturaleza se abre paso pero esta circunstancia no se produce con las abejas, que precisan de los cuidados del hombre para mantener su actividad, con la que dan color al campo y garantizan la polinización de las flores.

Según explica el profesor titular del Departamento de Zoología de la Universidad de Córdoba (UCO) Francisco Puerta Puerta, la apícola es un sector que necesita del cuidado de un ganadero-apicultor para su viabilidad en el tiempo ya que, de lo contrario, el ácaro de la varroasis, que fulminó en 2019 en Extremadura el 60 % de las colmenas y en Andalucía entre el 40 y el 50%, acabaría con las abejas en una media de un par de años.

En la actualidad, esa ganadería en Córdoba implica algo más de 260 apicultores que tienen en su haber alrededor de 62.000 colmenas, lo que suponen un mínimo de 2.790 millones de abejas, todas ellas necesarias para el equilibrio natural.

Las restricciones de movimientos humanos acabarían siendo "nefastas" para la salud de las abejas, porque, a pesar de ser "animales que van a lo suyo", sin los cuidados pertinentes solo un porcentaje bajo sobreviviría. La industrialización y el desarrollo del primer mundo reduce el alimento natural de estos laboriosos insectos, que requieren de la variedad de un buen prado con flores muy distintas.

"Sin esa alimentación variada acabarían muriendo", señala Puerta, quien advierte que cada vez es más complicado hacer apicultura por la cantidad de enfermedades que van surgiendo y la falta de rincones silvestres donde llevar las colmenas. A eso se le añade una cada vez mayor presión de los productores para que hagan más miel y cada colmena alcance como mínimo entre 15 y 20 kilos para que el negocio sea rentable, una "peligrosa ecuación para la supervivencia de la abeja".

Un caso concreto

Lorenzo Ruiz, de Apícola de Montoro, lleva media vida entre colmenas y asegura que hace unos 20 años la producción "llegaba a los 30 o 35 kilos de miel y hoy en día se ha reducido a la mitad" y quizás el cambio climático puede tener la culpa, ya "las estaciones han cambiado y tardan un mes y medio más que antes en llegar".

Esto implica que hay flores que no dan néctar y baja la alimentación. Frente a eso están los sistemas tradicionales que siguen siendo efectivos contra los efectos de la varroasis desde 1986, es decir quitarles las ninfas (crías) en verano para evitar contagios y en diciembre tratar de enjaular a la reina un par de meses para que no tenga tantas crías abocadas a morir del ácaro.

Eso, unido a un goteo de ácido oxálico, mantiene la población. "Es un tratamiento que en el norte de Italia es normal y que aquí en Andalucía practicamos unos pocos", señala Ruiz quien explica que si no es más abundante es porque "resulta caro", y con los precios y la bajada de producción "es insostenible".

En Italia la miel se vende cara, a 25 euros el kilo, y hay dinero para esa contratación de personal que requiere el tratamiento, mientras que en España se lleva "dos años sin vender por falta de producción y lo que se vende es a 8 o 9 euros el kilo, entre uno y dos euros por debajo del coste de producción".

La importancia de la PAC

Lo que mantiene esta tradicional labor son las ayudas de la PAC, pero "si las acaban retirando, como dicen que van a hacer a partir de 2021, unido a la competencia de la miel china, que en realidad es jarabe, el 30 por ciento de los apicultores lo van a tener que dejar". "Ahora nos hemos recuperado un poco, pero seguimos siendo los más baratos de Europa, con precios de 15 euros el kilo en Portugal o hasta 28 euros en Marruecos y con eso no competimos", mientras que un acuerdo con Mercosur "nos mataría del todo".

Por ello, la solución pasa por que se mantengan las ayudas europeas y se controlen los precios, pero los más urgente es que el desconfinamiento del ser humano permita volver a trabajar con las abejas, uno de los insectos claves para mantener el equilibro natural.

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