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Carta semanal del prelado

El obispo de Córdoba llama a "tomar partido claramente en favor de la naturaleza" en el cambio climático

  • Fernández insiste en que "proteger la creación es un imperativo divino para el hombre"

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández.

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. / El Día

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, ha destacado que "la sensibilidad por el cambio climático y el cuidado de la creación va creciendo ante los datos que nos aportan los entendidos" y, ante esta situación, tal y como ha defendido el Papa Francisco, los católicos deben "tomar partido claramente en favor de la naturaleza, tal como Dios la ha creado para el hombre".

En este sentido y en su carta semanal, el obispo ha señalado que "hay fenómenos cuyas causas no están todavía determinadas, pero hay ciertamente pobrezas que coinciden con las zonas más desprotegidas del planeta tierra", donde "una industria descontrolada y una sociedad puramente consumista llevan al descarte de otras zonas o a la explotación incontrolada de los recursos, a la deforestación y a la contaminación de las aguas, además de a los cambios climáticos, que no garantizan el riego necesario, padeciendo enormes sequías".

A este respecto, Demetrio Fernández ha recordado que el Papa Francisco, en muchas de sus intervenciones y sobre todo en su encíclica Laudato Si (2015), "nos llama la atención sobre este problema en el que la fe no puede quedar indiferente, y en el que la caridad nos lleva a tomar partido claramente en favor de la naturaleza, tal como Dios la ha creado para el hombre".

En consecuencia, "proteger la creación es un imperativo divino para el hombre, y del quebrantamiento de esta santa ley de Dios se derivan males para la creación y para los hombres que la habitan, y los que más sufren son los pobres de la Tierra".

La verdadera ecología

Es más, según ha argumentado el obispo, "el respeto de la naturaleza creada y el consiguiente respeto de todos los recursos del planeta tiene su fundamento más profundo en Dios, que lo ha creado como casa común para el hombre", y "esa es la verdadera ecología, el cuidado de la casa común, como un don de Dios para el hombre".

"No se trata de absolutizar la creación como si fuera un dios al que adorar --ha aclarado--, se trata de ver a Dios en ese don que nos hace, y corresponder con amor al don recibido, respetando y acrecentando la belleza de tal don, el de la creación".

Por eso, según ha indicado Demetrio Fernández, "cuando se pierde esta perspectiva, no es fácil frenar los intereses egoístas de quienes tienen y manipulan los recursos de la tierra. Las diferencias son notables: los países ricos consumen y contaminan, los países pobres ven que sus recursos son cada vez más escasos y sufren el atropello de los países ricos, de su contaminación, de sus intereses egoístas".

La caridad como respuesta

Ante esto, la respuesta de cada católico, en el plano personal, debe ser "respetar con cariño la naturaleza que nos rodea y ayudar a quienes se sienten ahogados en medio de la basura del mundo" y, en este contexto, Manos Unidas "no se lamenta ni incita al odio contra nadie, sino que estudia el problema, ve sus causas y raíces y sale al encuentro de las personas que padecen el desastre de la naturaleza, aportando las soluciones que están a nuestro alcance y que son muchas más de lo que parece".

Esto quiere decir, según ha resaltado el obispo en su carta semanal, que "la caridad cristiana no es solo una ayuda puntual, sino que bien organizada lleva al estudio de las causas, lleva a la denuncia de los males y lleva a la propuesta positiva de proyectos, que puedan aliviar a muchos. Manos Unidas hace eso continuamente".

En este sentido y cuando llegan ahora los días "intensos" de la campaña anual de Manos Unidas, "denunciando los males y sus raíces y proponiendo soluciones concretas a casos concretos, en los que cada uno de nosotros y toda la comunidad cristiana puede implicarse", es cuando hay que ser "generosos", porque "nos hace bien a nosotros y hacemos mucho bien a los más pobres de la tierra".

Ello se hace con "el saneamiento de las aguas y los pozos, y co el riego que hace posible los cultivos", además de con "la educación para el buen uso de la tierra, la promoción de la mujer en tantos lugares donde su dignidad es pisoteada, la educación de los niños para garantizar un futuro mejor, el anuncio del Evangelio como buena noticia del amor y del perdón", y "la propuesta de una visión transcendente incluso de los materiales con que nos abastecemos".

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