EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Cómics

Libre

  • Su casa era el mundo entero, el que veía pasar ante sus ojos cuando conducía a toda velocidad, con los ensortijados cabellos al viento

Ilustración de portada. Ilustración de portada.

Ilustración de portada.

Vivimos sepultados entre miles de objetos que vamos acumulando, tantos que producirían una crisis nerviosa a la mismísima Marie Kondo. Sin darnos cuenta apenas, sostenemos una enorme ancla que nos convierte en prisioneros de una cárcel que nosotros mismos hemos construido.

Esta sociedad en la que vivimos, que valora tanto las pertenencias ha hecho que perdamos la libertad. Cargamos con una mochila tan pesada en nuestras espaldas que a estas alturas seriamos incapaces de abandonarlo todo y partir, sin un destino fijo, sin mirar atrás ni importarnos el qué dirán los demás.

Pues precisamente Ann, la protagonista de este manga creado por Miki Yamamoto es el perfecto ejemplo de todo lo contrario. Su casa es, ni más ni menos, que un auto en el que tiene todo lo que ella necesita para vivir. Cuando le hace falta una buena ducha aparca en una gasolinera y, con algo de disimulo, aprovecha la manguera para lavar coches.

Y todo así. Ann es conocida por la mayoría de parroquianos del lugar donde ha 'establecido', por el momento, su hogar. Algunos, como ya la conocen, le ofrecen un café y comida de vez en cuando. Ella nunca lo pide, claro. ¿Y qué hace en el momento que necesita del vil metal? Pues aprovecha algo muy suyo, su propio cuerpo. Eso sí, no penséis que lo hace con cualquiera. Su regla número uno en este tema es conocer, y bien, a la otra persona.

Obviamente, este comportamiento no es comprendido por toda la gente del lugar, y alguno va a confundir los términos de esta existencia, queriendo exigirle a la mujer algo que ella no está dispuesta a dar así como así. Y es justo ahí cuando el elemento dramático surge dentro de este argumento, provocando que Ann tenga que convertirse en una fugitiva, dejando atrás al dueño de la cafetería, una de sus fuentes de financiación. Y, sobre todo, y creo que esto le duele aún más, a sus hijos, con los que ha pasado tantos y buenos ratos.

Es entonces cuando se inicia verdaderamente este road cómic, ya que en el siguiente episodio, el camino de la protagonista se cruzará con el de una peculiar pareja de recién casados, Edward y Laura. Él, un anciano millonario y ella, una ex actriz porno. Curiosa mezcla, ¿no?

De camino al lugar donde celebrarán la luna de miel, una antigua mansión familiar, van a suceder muchas cosas imprevistas. Tantas que terminarán por dejar a la pareja abandonada en medio de una casi infinita carretera.

Estos no serán los únicos personajes a los que la protagonista conozca a lo largo del camino. Ann rescatará del momentáneo olvido a una niña, Abbie, ignorada totalmente por su madre y, durante un día compartirán su mundo.

Finalmente, el cerco se estrecha y habrá que hacer sacrificios. Pero afortunadamente, la carretera continúa y algún conductor siempre se detendrá para recogerla en este camino que se pierde en el horizonte.

La mangaka Miki Yamamoto nos demuestra aquí que hay otro tipo de manga, extremadamente personal, con una fuerte influencia de occidente, que nos enseña los beneficios y consecuencias de la libertad absoluta, en el papel de una mujer que en pocas ocasiones mira hacia atrás, dueña de sí misma y su cuerpo, que solo se rige por sus propias reglas.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios