Señor | Crítica Una historia (de amor) entre castas

Tilotama Shome y Vivek Gomber en una imagen de 'Señor'. Tilotama Shome y Vivek Gomber en una imagen de 'Señor'.

Tilotama Shome y Vivek Gomber en una imagen de 'Señor'.

Formas discretas, por momentos casi televisivas en su desarrollo esencial en apenas un único decorado, el apartamento de lujo en el que viven y trabajan nuestros protagonistas, para este drama intimista que se acerca al clásico esquema del amor imposible y prohibido entre un joven adinerado de Mumbai y su sirvienta.

Formas discretas que sin embargo no entorpecen el relato de este paulatino acercamiento entre dos personajes que se sienten extraños e incómodos en sus respectivos roles sociales, él después de una boda fallida y un repliegue al entorno familiar tras volver de Estados Unidos, ella, la verdadera protagonista, atrapada en su condición de joven viuda de origen humilde y rural que apenas atisba una mejora de su condición y una posible emancipación a través del trabajo y la ilusión de convertirse en modista.

Rohena Gera se centra esencialmente en sus personajes, sus motivaciones, anhelos y renuncias para construir su alegato contra el férreo e impermeable sistema social de castas y género en la India, casi siempre sin forzar el drama y dejando que sean los pequeños gestos y acciones cotidianas los que vayan fraguando esa revelación y descubrimiento del otro como espejo de la propia existencia. Incluso cuando llega el roce y el contacto, un atisbo de romance improbable, la cineasta sabe frenar los impulsos y replegarse hacia un realismo que lo hace si cabe más intenso.  

Tilotama Shome compone a una mujer segura y autoconsciente, pero también deja ver con intensidad las fisuras y temblores de su personaje. Suya es una película modesta y sencilla con una innegable capacidad para hacer visible su mensaje político sin aspavientos melodramáticos.