Si yo fuera rico | Crítica Rematrimonio a la asturiana

Con su horrible cartel en colores chillones, Si yo fuera rico aspira a reescribir la comedia de rematrimonio del cine clásico de Hollywood a partir del original francés Ah! Si j’etais riche (2002), con uno de esos elencos en lote de nuestro cine (ahí están, una vez más, Alexandra Jiménez, Álex García, Adrián Lastra o Jordi Sánchez) y el paisaje asturiano como fondo de film commission para el enésimo enredo de pareja en crisis y masculinidades infantilizadas con la premisa de convertir en rico de la noche a la mañana a nuestro inmaduro protagonista.

Álvaro Fernández Armero presta sus servicios, que lo mismo valen para el vitriolo en serie de Vergüenza que para productos generacionales como Las ovejas no pierden el tren, y se trabaja lo justito la comicidad verbal, el ritmo y los tics de sus actores como única escapatoria para un trazado en piloto automático en el que cada gag y cada rutina parecen llegar con preaviso.

Tampoco conviene pasar por alto que la operación regeneradora, avalada por Paramount y Telecinco y salpicada del peor tipismo costumbrista como variante al modelo globalizado, despide un rancio tufo misógino entre sus falsas llamadas al amor, la amistad cuñadista o la reconversión laboral.