Police | Crítica Un policiaco moral y nocturno

Grégory Gadebois, Virginie Efira y Omar Sy en una imagen de 'Police'.

Grégory Gadebois, Virginie Efira y Omar Sy en una imagen de 'Police'.

Más allá del polar y sus grandes maestros (de Melville a Verneuil, de Chabrol a Lautner), el cine policiaco francés de las últimas décadas ha sabido hacer de la crónica seca y descarnada y el aire documental las señas de identidad para el retrato del cuerpo y sus labores en títulos de referencia como Police, de Pialat, Ley 627, de Tavernier, El pequeño teniente, de Beauvois, o la más reciente Polisse, de Maiwann. Un modelo que también esperábamos en esta nueva cinta de la prolífica y versátil Anne Fontaine, veterana directora de títulos como Nathalie X, Coco, Primavera en Normandía o Las inocentes, en los que ha mostrado siempre un particular interés por los personajes y el enfoque femeninos.

Esto último sigue presente en Police, que adapta la novela de Hugo Boris, a través de la agente en plena crisis que interpreta Virginie Efira, aunque la crónica realista no es precisamente el marco de un filme que se escora pronto, tras la presentación de sus protagonistas y sus cambios de punto de vista, hacia el tono nocturno y existencial con apunte social. Porque Police es un policiaco moral descompuesto en las piezas de un puzle narrativo que apenas necesita de una jornada para el retrato de tres agentes de una misma brigada (Efira, Omar Sy y un extraordinario Grégory Gadebois) que proyectan sus fantasmas, sus flaquezas o su desesperación y se debaten entre la ética y el deber mientras trasladan a un refugiado político al aeropuerto para su deportación.

Police se adentra así paulatinamente en una noche catártica en la que la carretera y el furgón funcionan como escenarios para los conflictos callados, una noche envuelta en un aislante tratamiento sonoro en el que apenas una sonata de Bach irrumpe como gesto liberador de la tensión. Consciente de los límites de la verosimilitud del gesto de sus policías, Fontaine opta por ralentizar su historia y abrazar la abstracción y los silencios para moldear sensorialmente el trayecto. En última instancia, Police termina siendo antes un tratado impresionista sobre las enfermedades del alma y su gestión bajo el uniforme que un policiaco a la vieja usanza.