Le sel des larmes | Festival de Gijón online El carpintero del amor

Una imagen del nuevo y fallido filme de Philippe Garrel, 'Le sel des larmes'. Una imagen del nuevo y fallido filme de Philippe Garrel, 'Le sel des larmes'.

Una imagen del nuevo y fallido filme de Philippe Garrel, 'Le sel des larmes'.

Los garrelianos esperamos cada nueva entrega como tabla de salvación cinéfila de la temporada, sabedores de que el director de El nacimiento del amor, Les amants reguliers o L’ombre des femmes no suele defraudar en su particular concepción anacrónica e intemporal del arte cinematográfico al servicio de historias de amor declinadas en un eterno juego de tema y variaciones.

Sin embargo, en esta ocasión, con Le sel des larmes, que puede verse desde esta tarde hasta el próximo sábado en el Festival de Gijón online, Garrel se muestra menos pulido, herido y fino que de costumbre, casi como una parodia de sí mismo, aunque vuelva aquí a lo de siempre, a saber, al relato de corte e impulso novelesco sobre las dudas y cuitas del amor de juventud, a la vida como pequeña tragedia romántica, a las relaciones paterno-filiales como eco autobiográfico bajo el barniz distanciador del blanco y negro y con nuevos rostros que den el relevo generacional a los personajes de siempre.

Y el principal problema aquí habría que encontrarlo precisamente en la escasa entidad de su protagonista, un joven de provincias que se debate entre seguir los pasos artesanos del padre y la emancipación parisina de la mano de amor verdadero, un personaje al que la distancia del relato no termina de construir como un ente atractivo o medianamente interesante en sus contradicciones, dudas y encuentros con las tres hermosas mujeres, también talladas en una sola pieza, entre las que se debatirá su afecto, su inmadurez y, a la postre, lo que parece mera estupidez.

Garrel se empeña en empujar el relato, sus tiempos y acciones, pero sus personajes no le acompañan, casi siempre por detrás de las circunstancias, quiebros y abandonos que, ya en una parte final ciertamente abrupta y risiblemente precipitada, exponen la película a un artificio de construcción y salida que no ha tenido nunca el suficiente peso y densidad en las imágenes para justificar la catarsis.