Crítica 'Boi Neon'

Entre bueyes y sementales

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boi neon. Drama, Brasil-Uruguay-Holanda, 2015, 104 min. Dirección y guion: Gabriel Mascaro. Fotografía: Diego García. Música: Carlos Montenegro, Otávio Santos. Intérpretes: Juliano Cazarré, Maeve Jinkings, Josinaldo Alves, Samya De Lavor, Vinícius de Oliveira, Carlos Pessoa, Alyne Santana. 

Aún con el buen recuerdo de Vientos de agosto fresco en la memoria, se estrena en España el tercer largo de ficción de Gabriel Mascaro, uno de los jóvenes cineastas brasileños más prometedores, nueva incursión en una extraña suerte de ficción de corte etnográfico que elude la narrativa fuerte para proponer una elíptica y sensual aventura estética presidida por la puesta en escena, los elementos primarios y los cuerpos.

Boi neon nos traslada al Nordeste rural brasileño y sus Vaquejadas, a saber, los rodeos de caballos y bueyes como microcosmos con identidad propia en el que observar, a prudencial distancia, las vidas y deseos de algunos de sus protagonistas anónimos, gentes sencillas bajo cuyos movimientos y gestos parece latir el peso histórico de la pobreza y la explotación.

Mascaro despliega así una puesta en escena atmosférica que escruta el espacio, el trabajo y sus rituales, apostando por un cierto extrañamiento de lo cotidiano que se fragua en la convivencia de lo ancestral con lo moderno, de lo animal con lo humano, a saber, un universo mutante en el que bueyes y sementales conviven con bailarinas de striptease, luces de neón y músicas de discoteca, un territorio mítico, con ecos del western (yo he recordado, por ejemplo, aquella maravillosa The lusty men, de Nicholas Ray), reelaborado en clave baja y dilatada para tiempos difusos y de valores inciertos.

Pero sobre todo ello, como ya hiciera en su anterior filme, Gabriel Mascaro se muestra especialmente acertado en su acercamiento a los cuerpos, en su manera oblicua de filmar el deseo o los encuentros sexuales, lejos de todo voyeurismo o explotación de la mirada, como cualquier otro gesto de la briega diaria.

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