Crítica de Cine

Talento y convicción: la fórmula del gran cine

Joel Edgerton y Ruth Negga en un fotograma de la cinta dirigida por Jeff Nichols. Joel Edgerton y Ruth Negga en un fotograma de la cinta dirigida por Jeff Nichols.

Joel Edgerton y Ruth Negga en un fotograma de la cinta dirigida por Jeff Nichols.

Jeff Nichols tiene una carrera tan sólida como ascendente, mejorando de película en película: Shotgun Stories (2009), Take Shelter (2011), Mud (2012) y la atípica pero convincente Midnight Special (2015) -atípica en el sentido de romper su línea temática centrada en dramas o tragedias familiares en ambientes rurales, aunque coherente con ellas al tratar de la marginalidad- le han garantizado con justicia un lugar preeminente entre los jóvenes directores americanos. Loving reafirma definitivamente esta posición. Con ella Nichols vuelve al drama familiar en ambientes provincianos. En este caso con el racismo como eje. El matrimonio entre un blanco y una negra en la Virginia de los años 50 y 60 les conduce al infierno penal de las leyes racistas que condenan a un año de cárcel el delito de los matrimonios interraciales.

El acierto mayor de Nichols es su opción por la serenidad. Nada de panfletos. Nada de arrebatos. Nada de desgarros espectaculares. La historia, que es real, tiene la fuerza dramática suficiente para constituir la más dura denuncia cuanto con mayor contención e intimismo se narre. El núcleo es el amor entre la pareja, capaz de resistir la monstruosidad de las leyes racistas, la persecución, el desarraigo. En torno a este núcleo conmovedor giran -siempre sin retórica- los personajes malvados que les acosan y los personajes bondadosos (o ni eso: simplemente humanos y racionales) que valientemente les defienden.

Casos como éste -y el de los Loving (que tal es su apellido) fue decisivo- lograron que en 1967 el Tribunal Supremo de Estados Unidos pusiera fin a esta ley racista y nazi, aunque en algunos estados, como Alabama, no se acabó con ella hasta el año 2000. Asombroso. Tan importante fue este caso que cada 12 de junio, fecha de la sentencia a su favor, se celebra el conocido como Loving Day.

La sencillez es lo más difícil en el gran cine. Y Loving lo es. La naturalidad es lo más eficaz, cuando se trata de tragedias de la vida cotidiana. Y Jeff Nichols filma sin caer nunca en la tentación retórica, con una naturalidad tan laboriosa de conseguirse en cine como difícil es la sencillez inteligente. Hace falta mucho valor para renunciar a la siempre tentadora retórica blandamente melodramática o panfletaria, tocando un tema como éste; y mucha seguridad en sí mismo para correr el riesgo de que su sencillez se confunda con una rebaja de dificultad o complejidad para ganarse al público mayoritario. Pero cuando hay tanto talento tras la cámara y tan sincera convicción en la historia que se narra, la apuesta es segura. Gran cine, del mejor, para el gran público. Lo ideal. Magníficos los dos intérpretes, Joel Edgerton y Ruth Negga, aunque tal vez ella sobresalga más: esta actriz pedía a gritos un papel que le permitiera desplegar su talento. Lo ha conseguido.

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