Crítica de Cine

Suspenso en patetismo

Arturo Valls se pone a la cabeza de esta mortecina película. Arturo Valls se pone a la cabeza de esta mortecina película.

Arturo Valls se pone a la cabeza de esta mortecina película.

En el colmo del cinismo disimulado, Los del túnel, primera película producida y protagonizada por el televisivo Arturo Valls, caricaturiza (con menos empatía de la deseada) a esa clase media y trabajadora que le viene dando de comer desde hace años.

El presentador y showman lidera aquí a un patético (y desequilibrado en prestaciones) grupo de españolitos de distintas generaciones y condición que han pasado por la traumática (sic) experiencia de quedar encerrados en un túnel. A su salida, se reúnen puntualmente para hacer una terapia de grupo en la que afloran los distintos perfiles, miserias y complejos de un país dominguero observado desde el ángulo del cuñadismo: de la pareja gay madura aún en el armario al inmigrante latinoamericano, del policía gallito con dotes de liderazgo al pequeño empresario que toma conciencia de su propia crisis.

Más allá del corto alcance de los gags (el de los Pecos caduca al segundo viaje) y chistes que se despachan a su costa, de su escasa confianza en la inteligencia (cómica) y el oficio de los actores (duele ver a Teresa Gimpera o a Manolo Solo en este triste sainete), Los del túnel se reviste además en ese no-hacer cinematográfico que lo confía todo a un mortecino look de piloto de sitcom.

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