Crítica 'La bailarina'

Arabescos de la 'belle époque'

Stéphanie Sokolinski, en el filme. Stéphanie Sokolinski, en el filme.

Stéphanie Sokolinski, en el filme.

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Circula en internet un corto de 1902 atribuido a Segundo de Chomón en el que supuestamente aparece Loïe Fuller ejecutando uno de sus números estrella, aquella Danza Serpentina en la que, después de mutar de un pájaro gracias a un trucaje, la bailarina agita los brazos para crear con su vestido figuras y arabescos maravillosos.

No hay certeza de esa mujer fuera realmente la Fuller, famosa ya entonces internacionalmente en el mundo de las variedades (Folies Bèrgere), y esa danza tampoco hace justicia en todo caso al verdadero alcance de su arte según las crónicas de la época. La norteamericana afincada en Francia había desarrollado un espectáculo en el que su cuerpo y su vestuario volandero cobraban una dimensión fantasmagórica gracias a un sofisticado sistema de iluminación, color y reflejos patentado por ella misma.

En los mejores y contados momentos de este biopic arty de la Fuller, Stéphanie di Giusto escenifica aquellos números en su esplendor lumínico, musical y cinético, números que sometían a la bailarina (Sokolinski, creíble y sufriente) a un esfuerzo físico y una agresión de luz que terminarían por pasarle factura.

En los peores, La bailarina asume las costuras narrativas más convencionales y superficiales del género biográfico para deleitarse en la reconstrucción de época (finales del XIX, comienzos del XX, del Oeste norteamericano a los salones y la Ópera de París), hacer lucir la fotografía desaturada de Benoît Debie y contar los episodios y encuentros más relevantes (algunos de ellos falseados) de su vida con cierta tendencia al reader's digest psicoanalítico de superación y reconocimiento.

Así, la aparición de una joven y radiante Isadora Duncan se convierte en el epicentro de un conflicto y un relevo profesional-sentimental que busca inscribir además sus frustraciones por no ser del todo aceptada en el mundo serio de la danza y por comprobar cómo su propia decadencia daría paso a una nueva era en la que, no obstante, se la recordaría como una verdadera innovadora.

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