Cultura

Un encuentro que no se produjo

Metáfora/Llanto por... Ballet Flamenco de Andalucía. Invitados: Pastora Galván, La Tobala, Antonio Canales. Dirección y coreografía: Rubén Olmo. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Miércoles, 5 de septiembre. Aforo: Media entrada.

No ha salido airoso Olmo del envite. La apuesta era muy fuerte porque el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías es una de las cumbres de la lírica española. Decía Hichtcock que una de las claves de su éxito fue elegir obras literarias menores como base para sus filmes. Contaba el cuento de las dos ovejas comiéndose un trozo de celuloide y le dice una a la otra "el libro estaba mejor". Aunque esto es lamentable, lo que siento más es que no se haya producido el anunciado encuentro entre uno de los coreógrafos más imaginativos del panorama actual, Rubén Olmo, y un peso pesado de lo jondo como es Canales. El Llanto del Ballet de Andalucía carece de coherencia narrativa y musical, pese a algunos interesantes apuntes de Manuel de la Luz en la línea de la Tauromagia sanluqueña. Carece, asimismo, de sentido dramático y coreográfico. La puesta en escena, que mezcla lo construmbrista y realista con lo simbólico, incluyendo un encuentro final, en el cielo o el infierno, entre los dos protagonistas, rozó en ciertos pasajes lo paródico, como el momento en que Lorca-Olmo conduce la camilla de la enfermería con Sánchez Mejías-Canales en ella. En el paso a dos de Canales y Olmo sentimos la nostalgia por lo que no ocurrió, porque no se produjera el encuentro de estos dos bailaores. La obra incorpora elementos del Belmonte de Rubén Olmo y del Torero de Canales. Pero, lo que en este último era austeridad, contención y poderío físico, baile macho, en el Llanto es exceso de gestualidad, gritos detemplados y falta absoluta de ideas. De baile. La obra no cuenta nada. La fiesta con la que se inicia, que dura más de media hora y se extiende a lo largo y ancho de todos los estilos festeros, podría haberse resuelto en cinco minutos. Sólo en el caso, claro está, de que después hubiera que contar algo. Olmo demostró en varios momentos de la noche su destreza con el capote, que ya exhibiera, como digo, en su Belmonte.

El gusto por el baile flamenco lo puso Pastora Galván en la primera parte de la función, la Metáfora que ya valoramos en estas páginas con motivo de su estreno en el Central, hace unos meses. La sevillana está en una espléndida forma como demostraron sus tangos, sus alegrías, su baile por fiesta. También brilló en su intervención por tarantos la granadina Patricia Guerrero, una de las grandes intérpretes de la danza flamenca actual. Con todo, lo mejor de Guerrero lo vimos en la noche del martes en el espectáculo Las idas y las vueltas, donde estuvo realmente magnífica aunque ayer no pude apuntarlo por falta de espacio. Sirvan estas líneas como compensación.

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