Bienal

La cordura vocal de Rocío Márquez

  • La onubense, Lámpara minera en 2008, regresa a la Bienal para presentar mañana su disco 'Claridad' en el Teatro Quintero.

Su voz se esparce por el aire como ondas en un estanque cristalino. Flamenca. Parece que pudiera endulzar todo el Atlántico cantando desde lo alto del Conquero. "Tengo muy buena estrella, lo siento así", confiesa Rocío Márquez (Huelva, 1985), cuya trayectoria profesional, aún en los compases de la juventud, está poblada de laurel: "La primera vez que me subí a un escenario tenía 9 años". A esa edad, la Peña flamenca de la Orden le premió en su concurso de fandangos.

Su traslado a Sevilla en plena adolescencia le permitió ensanchar los conocimientos musicales -"empecé a dedicarle muchísimo tiempo al flamenco"-. Recibir clases en la Fundación Cristina Heeren le valió para aprender de "maestros como Paco Taranto o José de la Tomasa" y de "muchos amigos y compañeros, como Virginia Gámez, Vicente Gelo, Jeromo, Javier Rivera, Sonia Miranda, Laura Vital...". Pero el esfuerzo -"hay mucho trabajo atrás, pero no es un trabajo realmente, disfruto escuchando y aprendiendo"- y la celeridad meteórica con que su carrera cabalga -"ha sido en poco tiempo, unos 7 años, cuando he empezado a dedicarme sólo a esto"- le han hecho evolucionar de alumna a profesora: "Ahora es muy bonita la sensación, es un poco poder devolver las cosas que a mí me han dado".

Con los pies bien enraizados en el suelo y la cabeza henchida de cordura, la cantaora prefiere "mantener un equilibrio y seguir una línea", absorbiendo las opiniones en su justa medida: "De las críticas intento aprender". Su humildad se revaloriza al entrar en juego la realidad, esa que tanta ventura le ha deparado. Sólo Miguel Poveda iguala su saldo triunfal en el Festival de cante de las minas en La Unión, con cuatro primeros premios y el máximo galardón en una misma edición: "No es presión, pero sí la responsabilidad de devolver esa confianza que han puesto en ti", agrega. La prestigiosa Lámpara Minera de 2008 supuso "un punto de inflexión" en su senda: "Me abrió puertas y me dio la posibilidad de estar en muchos sitios y con personas de las que he aprendido".

Rocío, postulante de la pureza -"Me encanta escuchar a Vallejo, Marchena, Chacón, Pastora. Creo esencial conocer el flamenco antiguo y a sus cantaores"-, aboga también por forjar la personalidad: "Hay que saber buscarse, aceptarse e intentar transmitirlo. Aspiro a aportar mi manera de sentirlo y percibirlo". Dotada de "un timbre claro", reconoce que durante algún tiempo le costó aceptar que dijesen que no sonaba a flamenco: "A lo mejor tenemos muy asociado el género a la voz rota; por supuesto existe ese estilo, pero también otros, no de ahora, sino de mucho antes".

A sus 26 años, exhibe su entusiasmo por poder formar parte de la Bienal: "Fue como algo que yo había soñado; cada año veía la programación y pensaba en que ojalá alguna vez pudiera estar". Fue el pasado día 11 cuando ofreció en el Espacio Santa Clara -"el sitio, precioso, se prestaba"- un recital íntimo, De viva voz, incluido en la cita que dirige Rosalía Gómez, a la que atribuye el mérito de apostar por la variedad: "Darle espacio a todo es interesante, que no haya una única manera de expresar"; recibió los halagos de público y crítica: "Iba con Manolo Herrera, con él me encuentro muy a gusto. Fue un día muy emotivo, no de los que se pasan sin darte cuenta por la presión. Fui a disfrutarlo".

Tras haber ahondado en el género merced a sus estudios en la Universidad de Sevilla, Rocío Márquez sabe valorar el ramillete de talento que acontece: "Hoy día hay una formación y un nivel increíbles. Eso es estupendo, porque así podemos aprender unos de otros, que es de las cosas más bonitas que pueden pasar entre contemporáneos". Su agenda de conciertos, que escrutará incluso el corazón de diversos países del viejo continente, se inmiscuye en la canción popular o se detiene en lo puramente jondo.

Mañana, a las 23:00, el Teatro Quintero acogerá una cita ineludible de la cantaora onubense, la presentación en directo de Claridad. El cuidado trabajo discográfico embadurna de frescura, cordura y elegancia el flamenco que palpita en estos días.

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