Bienal

Larga vida a la Bienal

Ninguno de los artistas que intervinieron en la gala de clausura han tenido presencia en la Bienal con un espectáculo propio. También he echado de menos a esa generación de bailaores que se encuentra en su gran momento creativo: Rocío Molina, Gabaldón, La Choni, Palicio ... Israel Galván y Vargas/Brûlé vinieron con espectáculos estrenados en Sevilla hace menos de un año. Las ausencias en la guitarra sería una larga enumeración, ya que sólo ha habido dos conciertos de gran formato, pero lo más doloroso es que la generación más creativa del momento, encabezada por Cano, Diego del Morao o Jerónimo Maya, ha estado ausente. Igual en el cante: la generación que hoy se encuentra en plena madurez, Estrella Morente, Miguel Poveda, Mayte Martín, Arcángel, no ha estado. Y no hablo de los clásicos. Para ver a algunos tuvimos que ir al Teatro Quintero. Y a los que sí han venido a la Bienal, a veces no se les dio su sitio: El Carrete, La Cañeta, Cancanilla o El Bobote se merecían un espacio más adecuado para expresarse, por lo que son y han sido.

Lo que he echado de más: el Teatro Tascabile di Bergamo que presentó tres espectáculos. Dos de ellos ni remotamente relacionados con lo jondo. Y una lamentable imposición a La Farruca, que se saldó con una puesta en escena ridícula y ofensiva. También a Manuela Carrasco se le impuso un guión que lastró definitivamente su propuesta. Por supuesto que estas artistas son grandes para aceptar, o no, imposiciones.

La Bienal 2012 será recordada por momentos fuera de programa: la soleá del Pele, la soleá de la Farruca, el fin de fiesta en la clausura de Manuela Carrasco, que se desquitó.

Dos espectáculos me sorprendieron para bien desde el programa oficial: el brillante concierto de Antonio Rey y la sobrecogedora propuesta de Estévez/Paños La consagración, el mejor de la Bienal pese a sus irregularidades, el mayor acierto de la programadora, incluyendo el riesgo de presentarlo en el Teatro de la Maestranza. El flamenco tiene esa capacidad de salirse del papel, pero no podemos esperar que siempre sean los márgenes los que salven los papeles. A la programación le ha faltado amor a este arte y se ha inclinado más a las formas relacionadas con el ballet y el clásico, que a las formas más genuinas del mismo.

El flamenco de calle ha sido la revelación: Rosario Toledo y su Vengo, Varuma en el Mercado de Triana, la Asociación de Artistas Flamencos en el Parque de María Luisa ... nos regalaron los momentos de mayor comunión con el público. Otra vez los márgenes. Muchos de estos problemas se solucionarían si los programadores y los gestores de la Bienal tuvieran plena independencia de las instituciones políticas: ése es el mayor lastre que tiene hoy la Bienal.

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