Tamara Aguilera y Pepe Rueda | Crítica

Academicismo y nostalgia

Academicismo y nostalgia Academicismo y nostalgia

Academicismo y nostalgia / Óscar Romero/La Bienal (Sevilla)

Se nos ocurren decenas de cantaores más o menos jóvenes (Samuel Serrano, Lela Soto, Miguel Lavi, Sandra Carrasco, Israel Fernández, María José Pérez, Rubio de Pruna, Pepe el Boleco ...) que podrían haber tenido un hueco en esta Bienal por lo que, de partida, cuesta entender la presencia destacada de Tamara Aguilera en San Luis de los Franceses. No porque la artista no tenga facultades sino porque a priori no goza ni de la personalidad ni de la proyección de los citados.

A pesar de que la cigarrera se esforzó por refrendar su sitio, su cante suena aún excesivamente académico (de factoría cien por cien Cristina Heeren), falto de jondura y con cierto aire coplero que la lleva a alargar los tercios con vibratos. En este sentido, paseó por el repertorio festero de bamberas, tientos-tangos, abandolaos y bulerías poniendo más enfásis en demostrar su capacidad torácica que en darle un sentido a cada estilo, algo que se evidenció sobremanera en la seguiriya, un palo en el que para encontrar la emoción sólo cabe caer al abismo. Es decir, la cantaora parece tener el flamenco alojado en la memoria de lo aprendido y hasta que no olvide esto no podrá dar paso un carácter propio que la defina.

Tras ella, le tocaba el turno a Pepe Rueda, un cantaor para la nostalgia cuyo timbre melódico y cuyo repertorio (milongas, levante, fandangos, colombianas...) es un completo homenaje a figuras como Valderrama, Marchena o Pepe Pinto. De esta forma, con su voz aterciopelada y su propuesta preciosista rememoró ecos y estilos muchas veces denostados en la actualidad. De todo, se lució especialmente en la colombiana, donde sus melismas navegaron por los versos hasta arrancar los aplausos del público y en la canción de composición propia Fiesta en el cielo, interpretada a caballo entre el romance y la seguiriya,

y en la que con su característica sensibilidad devolvió la euforia por la ópera flamenca.

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