Análisis 'Forza Horizon'

  • La nueva entrega de la franquicia 'Forza Motorsport' no es exactamente un fiel simulador de conducción. Sin embargo, su extrema jugabilidad lo convierte en título destacado.

La serie Forza Motorsport es una reconocida y respetada marca de velocidad, además de uno de los máximos exponentes entre los simuladores de carreras. Para variar un poco el tono más serio de la franquicia, Microsoft ha decidido ofrecer en esta ocasión a sus seguidores un juego distinto, evidentemente siempre dentro género del que son maestros. Forza Horizon surge de la colaboración de Turn 10, la ya veterana desarrolladora de la serie, y Playground Games. El resultado de este esfuerzo conjunto es un juego más sencillo aunque más dinámico y espectacular, que sitúa al jugador como eje central de un festival de coches donde el espectáculo y las pruebas no cesan, recurriendo también en gran medida, a un mundo abierto perfectamente diseñado donde sentarse al volante sólo por el placer de conducir.

Jugabilidad arcade

Como cualquier juego de velocidad que presente una jugabilidad más orientada al arcade, Forza Horizon adopta un sistema de juego más sencillo y fácil de utilizar, aunando las características propias de cada vehículo con un control menos exigente. Por lógica existen notables diferencias entre conducir un coche deportivo o un todoterreno con tracción a las cuatro ruedas, aunque las diferencias en el modo de control se han adaptado al formato del juego con gran habilidad, de manera que los pilotos novatos y aquellos que no tengan demasiada experiencia con títulos de velocidad no deberían tener demasiados problemas en la conducción o en solventar la mayoría de las pruebas. Pero también requiere cambios en el estilo de conducción y el constante aprendizaje de cada vehículo con la superficie, ya que la maniobrabilidad en asfalto es muy diferente a la conducción en tierra y para hacer frente a todo tipo situaciones hay que tener muy presente el medio en el que se desarrollan, pues es una de las claves para garantizar una victoria fácil. El planteamiento es sencillo, comenzaremos con una carrera que nos garantizará una plaza en el festival. Una vez obtenida, nos premiarán con la primera pulsera de color que abre ciertos eventos; así el jugador deberá ir superando las competiciones oficiales para sumar puntos y obtener un nuevo color para la pulsera, que a su vez abrirá la opción de participar en nuevos eventos oficiales.

Aunque el enfoque competitivo del juego deja en clara evidencia la falta de originalidad en las propuestas. Repite las mismas opciones de juego que muchas otras series donde la variedad se ofrece a través de eventos específicos, donde el jugador se ve obligado a competir en vehículos con tracción en las cuatro ruedas, o por ejemplo, en eventos reservados a coches japoneses, lo que requiere que los jugadores siempre estén variando de motor y adquiriendo nuevas máquinas para participar en las competiciones. Pero también tenemos gran cantidad de retos adicionales, búsquedas de vehículos especiales, o carreras ilegales con las que conseguir el dinero necesario para comprar y mejorar nuestros coches.

Contra las leyes de la física

También se debe valorar la forma en la que Turn 10 ha permitido a Playground Games levantar la mano con las leyes de la física. El principal problema es el sistema de colisiones, que además de comportarse de forma poco realista deja tocada la sensación de realidad, un aspecto fundamental en este tipo de juegos. Por ejemplo, el piloto puede generar cualquier tipo de movimiento brusco a velocidades extremas, que difícilmente perderá el control completo del vehículo a menos de 200Km/h. Por otro lado, el jugador puede correr todo lo que quiera entre el tráfico sin una sola variación en el equilibrio aunque se roce ampliamente con otro, mientras que una valla de madera o las señales de tráfico son capaces de destrozar completamente el vehículo o generar un vuelco. Pero todo lo demás está vivo en Forza Horizon, la jugabilidad impregna todos los aspectos del juego. Incluso si el jugador elige no competir en las pruebas y decide pasear o disfrutar del mapeado a velocidades de vértigo, siempre será recompensado. Prácticamente todas las acciones conllevan un premio, ya sea alcanzar altas velocidades, evitar accidentes, destruir elementos decorativos del entorno, superar los límites en los radares de velocidad, hacer el mejor tiempo en un determinado sector de una vía, realizar trompos, quemar ruedas, etc. Casi todas las acciones que se pueden realizar al volante de un coche cuentan con un factor de constante superación que logra motivar al jugador para continuar un par de kilómetros más.

Un mundo para conducir donde los coches de Forza ponen la guinda

Mientras circulamos por el extenso mundo que cubre el juego, podemos encontrarnos con el resto de competidores del festival a los que podemos retar, y con aficionados que vibran con el paso de los coches y reaccionan de forma natural ante accidentes o a hechos ligados a carreras en las ni siquiera participamos, algo que brinda mucha vida al conjunto. Pero en la inmensidad del mundo de Horizon también se esconden los grandes intereses de sus desarrolladores en trabajar con el entorno. A diferencia de la mayoría de juegos de velocidad de mundo abierto, el título exclusivo de Xbox 360 cuenta con hermosos y cuidados cambios de escena. En cualquier momento podemos estar devorando kilómetros en una autopista, como en pocos minutos nos encontramos inmersos en una zona montañosa y desolada en la que los caminos estrechos y sinuosos tienen trazos de asfalto viejo y desgastado capaces de poner en entredicho la destreza del jugador, para finalmente terminar en un paraje nevado donde los excesos sobre deportivos y la habilidad al volante es lo único que cuenta. Pero lo más gratificante es que todo ofrece la sensación de producirse de manera orgánica, sin romper el ritmo salvo cuando libremente decides participar en una prueba.

Y como es tradición, los tipos de vehículos, las características y el plantel de coches que incluye este Forza Horizon se quedan cortos a cualquier alabanza. Y es que tanto en el modo foto del juego como en el trato normal con los coches, regresan las brillantes carrocerías, las impresionantes texturas de alta calidad y los sensacionales reflejos y efectos de iluminación tanto en los ciclos de día como de noche, donde es difícil no sentirse impresionado por el contraste entre luces y sombras. Correr por una montaña hacia la puesta de sol es una de las mejores experiencias visuales de Horizon. Y esto no ha cambiado en nada, ya que toda la atención de los equipos de desarrollo ha recaído en los vehículos, dejando en peor situación a los modelados humanos, que adolecen falta de texturas, pobres sombreados y expresiones faciales espantosas. Por supuesto, el enfoque es el de un juego de carreras, pero en realidad evidencia la falta de equilibrio visual y genera discrepancias a los ojos del jugador. Es normal que para un juego de estas características los seres humanos no sean tratados con el mismo cariño que los coches, pero tampoco podemos olvidar que en Horizon detrás de cada volante hay un piloto.

El canto de los motores

La parte sonora de Forza Horizon es merecedora de una mención especial. Sería muy extraño que un juego que representa un gran festival no incluya una selección musical de calidad. Y aquí el juego cumple con temas de artistas como The Prodigy, The Black Keys, Arctic Monkeys y muchas otras bandas actuales que hacen olvidar la falta de variedad en los sonidos de los motores. Para ordenar un poco esta gran banda sonora, el juego incluye estaciones de radio que exprimen los temas de cada género, y que al tiempo que ofrece la sensación de estar en un evento muy grande, donde también se comentan las principales noticias del festival y las hazañas de cada jugador. hay que destacar también un buen doblaje para nuestro país, con textos de pantalla también, en perfecto castellano.

Conclusiones

Forza Horizon es uno de esos juegos que irremediablemente recuerda a los mejores tiempos de la anterior generación de consolas. No por la repetición de conceptos, sino por el sentido de la participación, la recompensa, los coches, y sobre todo, los bellos y hermosos gráficos. Desde el principio, el título deja ver que su propuesta es la de alejarse del mundo de los simuladores. Y esto es exactamente lo que los desarrolladores han logrado, un juego divertido, un título de mundo abierto donde por desgracia el factor de repetición es alto. En definitiva, Forza Horizon es una gran fiesta del motor que esperemos se extienda mucho tiempo. Bienvenidos a la diversión a velocidades de infarto, bienvenidos a la carretera, bienvenidos a la belleza, bienvenidos a Horizon.

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