Menos espectáculos y grave crisis en la organización

  • La subida del IVA ha incidido en los festejos menores, lo que puede suponer un cortocircuito para la cantera

La crisis económica, la aparición del G-10, la falta de imaginación en la confección de los carteles y un descenso en el trapío y la casta del toro han configurado una temporada atípica, en la que para colmo han incidido unos costes enormes con la subida del IVA y una guerra exacerbada antitaurina tanto desde dentro de nuestras fronteras como más allá de ellas.

Si profundizamos, nos encontramos que los toros, al igual que el resto de espectáculos, se han visto afectados este año por una crisis económica galopante. El número de espectadores ha descendido un año más y si las grandes ferias se han visto menos afectadas, el circuito modesto ha caído en picado; en algunas poblaciones, incluso, han prescindido de festejos, principalmente novilladas.

En la temporada española se han celebrado 1.390 espectáculos, 132 menos que en 2011. Durante el último lustro la disminución ha sido permanente. Sólo hace falta recordar que en 2007 la cifra era casi del doble, ya que tuvieron lugar unos 2.635 festejos en nuestra geografía. En 2012, entre las comunidades de Andalucía, Castilla y León, Castilla La Mancha y Madrid se reparten casi las tres cuartas partes de todos los espectáculos celebrados. En corridas de toros, entre Andalucía y Madrid casi alcanzan la mitad.

Sin embargo, la Fiesta, siendo el primer espectáculo en ingresos por IVA de España y el segundo de masas que más entradas vende, sólo superado por el fútbol, no ha sabido trasladar a la sociedad su potencial económico ni artístico.

Según ha manifestado el profesor de Teoría Económica de la Universidad de Extremadura Juan Medina, de los 970 millones de euros que se ingresan sólo en las ferias, 375 millones correspondieron a ingresos en taquilla. Es decir, que cada euro que se ingresa por la venta de entradas se convierte en 1,59 euros de forma indirecta o inducida.

Con respecto a lo sucedido dentro de los ruedos, la batalla de un grupo de toreros para defender sus derechos de imagen, el denominado G-10, incidió bastante y supuso un fiasco. De hecho, al término de la temporada, la mayoría de diestros -representados por grandes casas- se han desmarcado. Julián López El Juli y Miguel Ángel Perera, precisamente los dos espadas representados por apoderados independientes -Roberto Domínguez y Fernando Cepeda, respectivamente- pagaron su osadía en los despachos y quedaron fuera de las grandes ferias. Este hecho desvirtuó, en gran medida, la temporada desde el punto de vista artístico.

Los empresarios de las grandes ferias apenas han ofrecido alicientes para evitar la caída de clientes y mucho menos para captar a nuevos espectadores. Curiosamente, organizadores no pertenecientes a las grandes casas han programado los carteles más interesantes y novedosos.

Por otro lado, tras una década en la que los ganaderos elevaron la casta del toro, en las tres o cuatro últimas temporadas, el ganado ha bajado varios enteros. Un hecho que llama la atención en este sentido es que la suerte de varas se convirtió en un simulacro a lo largo de 2012. También el trapío -este año incluso se ha notado en la Feria del Toro de Pamplona- ha descendido en muchos ciclos. Lo curioso es que sucede en una época en la hay un exceso de toros en el campo, como en muy pocas ocasiones en la historia. De hecho, algunos ganaderos están vendiendo sus ejemplares a precio de carne; es decir, los mandan directamente al matadero. En ello también incide el enorme coste de crianza del toro bravo, como ya denunciaron en este diario, en un reportaje, ganaderos de primera línea.

Si la organización de un festejo por el alto número de intervinientes, con el añadido de animales criados expresamente para el mismo, ha sido siempre muy cara, en la presente temporada se ha disparado su coste, con el incremento importante del IVA que afecta fundamentalmente a los festejos menores; lo que puede suponer, incluso a corto plazo, un cortocircuito para la aparición y fomento de la cantera.

La temporada también ha estado marcada por esa guerra que antitaurinos beligerantes mantienen contra la Fiesta. En San Sebastián, Bildu ha rechazado los toros -a los que relaciona con España; mimetismo del caso catalán- y, entre tanto subvenciona un club deportivo, quiere evitar que a partir del próximo año salten los astados en la arena del coso de Illumbe. En América, varios políticos están cerrando plazas históricas, relacionando el espectáculo taurino con el colonialismo.

En definitiva, el panorama durante 2012, por hechos más allá de lo acontecido en los ruedos, es bastante desalentador. Los máximos responsables y protagonistas del sector deberían trabajar seriamente y unirse de una vez por todas si quieren evitar la sangría de espectadores e impulsar con fuerza un espectáculo que precisa una importante dinamización.

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