El cetro, sin dueño en un año atípico

  • Por diversas causas, ningún torero ostentó el bastón de mando de principio a fin en una campaña singular y con demasiadas lagunas

La temporada 2012, marcada por varios factores ajenos a los ruedos -hechos que analizaremos en una segunda entrega-, ha resultado atípica, sin un torero que haya tomado el bastón de mando de principio a fin de la misma y con demasiadas lagunas. Dos casos especiales, que abordamos por separado en estas páginas, son los del heroico Juan José Padilla y el singular José Tomás.

El escalafón de matadores, con más de dos centenares de profesionales, ha estado encabezado estadísticamente por David Fandila El Fandi, que ha alcanzado 74 corridas, en las que ha mantenido regularidad y ha destacado fundamentalmente en el espectáculo de banderillas.

Debido a uno de los factores exógenos, Julián López El Juli y Miguel Ángel Perera, abanderados del grupo de G-10, que reivindicó a comienzos de temporada derechos televisivos, quedaron excluidos de las primeras grandes ferias, decisivas. Por ello, el rompecabezas de las piezas clave se desvirtuó.

El Juli, acostumbrado a tirar del carro, se encontró que en los albores de la temporada tan sólo tenía contratadas dos corridas. Con la casta y el amor propio que le han caracterizado a lo largo de su trayectoria, se impuso de manera contundente donde actuó, incluidos los cosos de primera en los que al menos consiguió un trofeo -Málaga (en abril), Nimes, San Sebastián y Bilbao-. En cualquier caso, su ausencia en Madrid y Sevilla, fue determinante en la lucha por el cetro.

A Miguel Ángel Perera, que destaca por su profundidad y ligazón, le dejaron fuera de los ciclos de Castellón, Valencia y Sevilla. Su primer cartucho fuerte se lo jugó en Madrid, donde la espada le privó de un triunfo importante. Luego, tras actuaciones de peso y superar un bache en la suerte suprema, se apuntó un importante final de temporada, con Santander, El Puerto, Vitoria, Beziers, Bilbao y Zaragoza como referentes.

Si continuamos con diestros de primera línea, los dos toreros que más calificativos positivos han recibido han sido José María Manzanares y Alejandro Talavante. Manzanares, por una lesión en la mano, que se produjo en Aranjuez, perdió los meses de julio y agosto y no pudo volver hasta septiembre. Sin éxito en Madrid; no estuvo en los grandes puertos del Norte. Sin embargo, su figura resplandeció en Sevilla, donde atravesó hasta en dos ocasiones la mítica Puerta del Príncipe -una en la Feria de Abril y otra (tercera de su carrera) en San Miguel-. Temple y gusto, inteligencia y torería sólo al alcance de los elegidos son algunas de las virtudes por las que ha conquistado el corazón de la Maestranza.

Talavante desarrolló la temporada más completa de su carrera. Sin término medio, cuenta con la genialidad de la inspiración. Tuvo un arranque espectacular, con salidas a hombros en Olivenza, Valencia y Madrid, sendas orejas en Sevilla y Bilbao y mantuvo un nivel alto en el resto de su campaña, con algún bache, principalmente por la espada.

Del resto de los toreros de la primera línea hay que destacar muy poco. El veterano maestro Enrique Ponce se desmarcó de la lucha -ausente voluntariamente en Madrid, Sevilla y Pamplona-; el genial Morante de la Puebla sólo estuvo fino en contadas ocasiones; y Sebastián Castella y Manuel Jesús El Cid, bien situados para lucirse ante el público de Las Ventas y la Maestranza, no triunfaron en esos escenarios.

El año comenzó con el nombre de dos toreros ya forjados, pero a los que se les esperaba con mucha ilusión: Iván Fandiño y David Mora. Aportaron mordiente a la deslavazada temporada. Fandiño, sólido y siempre en busca de la pureza, triunfó con toros de ganaderías duras en un año en el que se encerró en solitario en Bilbao y Valencia, sin que consiguiera éxitos determinantes. En Sevilla cortó una oreja a un victorino. La espada le privó de varias puertas grandes. Y si arrancó en las Fallas de manera contundente, saliendo a hombros, cerró en la Feria de Otoño de Madrid con una gran actuación, cortando una oreja y perdiendo la salida a hombros por la Puerta de Alcalá debido a la mala colocación de la espada en otra faena de gran calado, por la que dio la vuelta al ruedo. David Mora concretó una digna temporada. Dentro de sus grandes triunfos, abrió la puerta grande de Las Ventas el 5 de junio, tras cortar dos orejas a un lote de Valdefresno; y salió a hombros en Pamplona. Dejó muestras de su buen toreo en Bilbao, con trofeo incluido.

Un punto y aparte merece Javier Castaño, quien ha logrado su mejor temporada, tras 11 años de alternativa, convirtiéndose en el torero lidiador más importante del año. Casi 40 tardes ante el toro-toro, una cuarta parte de ellas en cosos franceses con tradición torista. En Nimes se encerró en solitario ante seis miuras y completó, por valor y dominio, uno de los festejos más importantes de los últimos años.

Dentro de la nueva oleada de toreros, destaca Jiménez Fortes por su frescura y su valor explosivo en el segundo año de alternativa. Toda una bocanada de aire fresco. Acudió a todas las grandes ferias, a excepción de San Isidro, y sumó la mitad de sus contratos en plazas de máxima categoría, con triunfos rotundos en Málaga y Pamplona hasta cerrar con éxito en Zaragoza y asustar al público en Bilbao. En plazas de segunda, varias salidas a hombros. Y en Sevilla, donde actuó con las piernas abrasadas tras un accidente casero, se jugó la vida sin que se notase su merma física.

Una temporada con cinco despedidas de distintos colores: los sevillanos Pepe Luis Vázquez y Julio Aparicio, toreros de arte y que en los últimos años apenas se han vestido de luces; los hermanos Rivera Ordóñez: el mayor, que ahora se anuncia como Paquirri, en retirada definitiva; y Cayetano en un adiós temporal. Y cierre de una carrera muy seria a cargo de José Pedro Prados El Fundi.

De los más de doscientos matadores de toros -una cifra desorbitada-, tan sólo menos de una treintena han sumado más de 20 festejos. Por razones obvias de espacio es imposible el análisis lo que hicieron cada uno de ellos. En muchísimos casos, son profesionales que han sumado tan sólo una corrida y que se juegan la vida a carta cabal, como sucedió a Fernando Cruz, quien a punto estuvo de morir en el ruedo de Las Ventas por una cornada tremenda.

En esa otra cara de la Fiesta tampoco podemos olvidarnos de los toreros de plata; con el terrible percance del banderillero Vicente Yangüez El Chano, quien a día de hoy, tetrapléjico, intenta superar la dramática cogida que sufrió el pasado julio en Ávila.

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