Antológica e histórica tarde de Enrique Ponce en Málaga

El gananadero Juan Pedro Domecq y Enrique Ponce, en su salida a hombros en La Malagueta. El gananadero Juan Pedro Domecq y Enrique Ponce, en su salida a hombros en La Malagueta.

El gananadero Juan Pedro Domecq y Enrique Ponce, en su salida a hombros en La Malagueta. / reportaje: jorge zapata

El diestro Enrique Ponce salió anoche en hombros después de una auténtica clase de toreo que brindó en Málaga, con el cenit del indulto de un toro de Juan Pedro Domecq en una tarde especial por el espectáculo Crisol, mientras que Javier Conde no pudo acompañarle en la salida a hombros.

Enrique Ponce hizo una faena antológica al quinto. Recibió al juanpedro por verónicas, lentas, de manos bajas en las cuales el toro humillaba e iba largo tras los vuelos. Con la muleta empezó a cincelar doblones por bajo para abrir faena, suaves, con cadencia. Prosiguió con diestra, llevando al toro, mimándolo, haciendo los toques imperceptibles al ojo humano, mientras que el animal iba, con humillación, cadencia. El culmen vino sobre la izquierda, con naturales antológicos, largos, profundos, enroscándose al toro, crujiendo La Malagueta. Faena de genio, de maestro. Vinieron poncinas y la locura ya estaba desatada entre el público que se rompía las manos aplaudiendo y aparecían los primeros pañuelos con olor a indulto. Ya al final, cogió Ponce el capote, para darle unos últimos lances al de Juan Pedro. Increíble. Roto por la emoción, el de chiva quería indultar a Jaraiz mientras que el presidente, Ildefonso del Olmo, le pedía en repetidas ocasiones que entrase a matar. Pero al final lo acabó concediendo. Durante la faena de este quinto toro cantó Estrella Morente Le di a la caza al alcance.

En su primero, Ponce marcó lo que iba a ser su tarde. Faena basada en el temple, en llevar al animal a su ritmo y altura, llena de detalles, muy embebido, con sutileza, sin tirones. Recibió a su segundo, de Daniel Ruiz, con el capote rodilla en tierra para proseguir con suaves verónicas, chicuelinas y una larga. Con la muleta fue haciendo al animal, con mimo, dándole tiempos, tapándole defectos, consiguiendo sacar todo del él. No era fácil, pero Ponce, con su genialidad, lo consiguió. En éste sonó Panis y el coro Conquest of Paradise.

Llevaba algunos años sin torear en su plaza el malagueño Javier Conde y volvía invitado por su compadre, en un espectáculo singular, distinto, en el que también participó su mujer Estrella Morente, que al final, y fuera de lo planeado, le ha terminado cantando en el quite al sexto. Su labor más destacada llegó en el cuarto, donde la gente se terminó de entregar con él, cuando toreó con la mano izquierda, sintiéndose, y haciendo sentir al público presente. Su faena estuvo acompañada por Pitingo cantando Gwendolyn y posteriormente el Concierto de Aranjuez. Su primera faena estuvo llena de destellos. Cantó Alba Chantar She. El sexto fue un buen toro con el que el malagueño no terminó de entenderse. Como en sus faenas anteriores, dejó algunos detalles. Cantó su mujer Estrella Morente, acompañándole después Pitingo. El maestro de la pintura Loren decoró la plaza con pinturas que evocaban las de Picasso.

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