CRÍTICA VIDEOJUEGOS

El alma de la fiesta

Lips | Microsoft | 69,99€ | +12 | Xbox 360

Era vox pópuli que a pesar de su amplio y cualificado catálogo, aún le quedaba una asignatura pendiente a nuestra Xbox 360: ser capaz de convertirse en el alma de cualquier fiesta con amigos. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de Microsoft en el ámbito de los juegos sociales, a día de hoy podemos afirmar que sus opciones crecen a un excelente ritmo, y con una calidad que disipa cualquier duda sobre cuál es hoy por hoy la consola reina del mercado en cada una de las áreas posibles.

En el principio fue Scene it?, el título que ponía a prueba nuestros conocimientos sobre cine de todos los tiempos y que recientemente nos ha sorprendido con una segunda parte más que notable. Posteriormente sería You're in the movies, un juego-curiosidad que grababa nuestros gestos, justificados en diferentes minijuegos, para luego montarlos en un video final que provocaba, como mínimo, risas entre los participantes. Y ahora, para completar este catálogo, llega Lips, un juego musical que pretende convertirse en un referente en el noble género del karaoke.

Desde luego, ingredientes no le faltan. Ciertamente es improbable jugar a Lips sin que se nos venga a la cabeza el juego que hasta ahora había dominado el mercado de los juegos karaoke, la franquicia Singstar, pero a poco que nos adentremos en lo nuevo de Microsoft entenderemos la clase de abismal salto que se ha conseguido en el género. Aquí el enfoque no está tanto en la competición entre equipos, sino que se encamina sin medias tintas a crear un ambiente de fiesta, desenfreno y libertad total a la hora de elegir el inventario musical que deseamos cantar o atender.

Para ello se ha elaborado un amplio y variado repertorio de canciones (nada menos que 40 títulos de distintas épocas y estilos), de una calidad excelente y dirigidas a todos los públicos. Un repertorio tan amplio y tan variado que quizá pueda existir el inconveniente de que aquellos que disfruten escuchando sólo un tipo de música descubran que hay pocas canciones de su estilo dentro del espectro ofrecido; pero Lips soluciona este problema de una forma genial: concretamente, convirtiéndose en el primer videojuego que nos permite importar canciones desde pendrive, cd o mediante descargas desde Xbox Live. Esto nos confiere una libertad inimaginable, ya que el juego reconoce los tonos y el ritmo de la canción que hemos introducido y nos puntúa según nuestra habilidad. Asimismo, y dado que en este modo improvisado no aparecen letras ni tonos en la pantalla, existe la posibilidad de enviar un aviso a través de internet cada vez que alguien canta una versión propia, para que en un futuro ésta sea ofrecida al alcance de todos, con letra y tonos adjuntos, por un módico precio. En este aspecto Lips ofrece otra opción jugosa: crear una lista de reproducción personalizada que podremos escuchar o cantar de forma continuada, consiguiendo que evitemos en todo momento el fastidioso fenómeno de las canciones desconocidas, y facilitándonos un clima de fiesta realmente imparable.

Una vez seleccionada la canción podremos elegir entre el videoclip original (normalmente en alta definición, todo un lujo especialmente si recordamos los terribles resultados del último Singstar para PlayStation 3) mientras cantamos el tema en solitario o acompañados (ya sea en el modo duelo o cooperativo), o asistir a otros vídeos con minijuegos. Es aquí donde se aprecia la excelente idea de haber incorporado sensores de movimiento en los micrófonos, un recurso tecnológico que nos permite usarlos en el espacio y en el tiempo, al más puro estilo wiimote, en los distintos minijuegos. En casi todos estos tendremos que acumular notas correctas para realizar distintas acciones, como llenar un vaso de agua, o facilitar el acercamiento de una pareja, y luego realizar con el micrófono el gesto exacto en el momento adecuado, para apagar la mecha de una bomba o conseguir que el acercamiento amoroso culmine con un beso.

Si elegimos jugar la opción del vídeo original, al principio creeremos estar interpretando nuestro tema en un karaoke convencional… pero nada más lejos de la realidad. En Lips cada elemento cuenta, y esto se traduce en que podremos conseguir puntuación de muchas y diversas formas. Conforme vayamos cantando correctamente iremos consiguiendo puntos y llenando una barra de energía. Una vez completa, se nos indicará en pantalla un movimiento que tendremos que reproducir con el micrófono para que aparezcan estrellas dentro de los distintos tonos, y así elevar aún más el contador de nuestros logros. La tercera forma de aumentar la puntuación son las medallas, que representan el mayor reto de Lips: para conseguirlas tendremos que sobresalir en distintos aspectos: afinación, estabilidad, ritmo, fiesta, técnica y actuación. Para conseguirlas todas no tendremos más remedio que dedicarle mucho tiempo y paciencia a las distintas canciones, y de paso, tener un compañero a mano que nos ayude con la percusión, ya que el mando analógico de Xbox 360 nos permitirá realizar distintos sonidos según el botón que pulsemos.

Los rumores lo habían configurado mucho antes de su aparición en el mercado como "otro juego de karaoke", pero en su presentación en sociedad Lips ha demostrado ser mucho más. Queda aún por conocer el jugo que sean capaces de extraer sus futuras entregas, pero hay algo claro: si el karaoke tiene futuro en las consolas (y vive dios que lo tiene), las cuatro letras de este título son cuatro saltos de gigante hacia su horizonte.

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