El GPS del preso que mató a su novia sonó pero no fue oído por los funcionarios

  • El presunto homicida confiesa que quería matar a su ex mujer y a la vecina de ésta

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La alarma del GPS que portaba Maximino Couto, el preso con permiso carcelario que asesinó el pasado sábado a su pareja en Pontevedra, funcionó correctamente cuando éste se desprendió del dispositivo antes de cometer el crimen, pero esta alarma no fue detectada por los funcionarios de servicio. Ésta es la conclusión de la investigación realizada por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias tras la muerte de Rosario Peso, para verificar el funcionamiento del sistema GPS colocado al interno del centro penitenciario de A Lama.

Según consta en el informe elaborado por Prisiones el interno se desprendió del emisor-receptor. Esa incidencia generó una alarma que se recogió inmediatamente mediante una señal en la Unidad Central de Vigilancia Electrónica, pero, a pesar de que el dispositivo electrónico funcionó correctamente, no fue detectada por los funcionarios del servicio.

El dispositivo consta de dos elementos, una tobillera y un emisor-receptor, ambos portados por el interno, que transmiten una potente señal si el interno entra en la zona de exclusión que tiene previamente fijada. En el caso de Couto, esa zona era de 2.000 metros alrededor de la vivienda de su ex pareja.

En una nota emitida ayer, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias puso de manifiesto "la profesionalidad" de los funcionarios del centro penitenciario de A Lama, que "activaron todos los sistemas de control ante la salida de permiso del interno, a pesar de que le faltaban 20 días para su libertad definitiva". "Los funcionarios de la Administración Penitenciaria dedican todo su esfuerzo y van a seguir haciéndolo para evitar la reincidencia de quienes han cometido delitos y proteger a las víctimas", añade el comunicado.

El presunto homicida volverá a ingresar en la prisión de A Lama después de haber reconocido ante la jueza que pretendía asesinar a su ex mujer y a la vecina de ésta, que resultó herida, y que había declarado contra él en un juicio por malos tratos. El agresor no reconoció ante la jueza que matase voluntariamente a la que era su actual pareja, Rosario P. A., de 57 años, y declaró que la muerte se produjo durante un forcejeo.

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