Era bueno el banco

  • El Sevilla dio a la primera, se hizo con el control y al descanso había resuelto el pleito · Tras el intermedio se aculó demasiado y, antes del gol del triunfo, permitió que el Real Madrid empatase

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La ocasión parecía ideal para la cita en la Castellana y a la hora de la verdad pudo comprobarse que ese banco donde el Sevilla tenía que faenar contaba con muy buena pesca. Un triunfo importantísimo del equipo de Jiménez en un partido con más idas y venidas de la cuenta, con un primer tiempo arrollador del Sevilla, una trepidante reacción madridista sofocada con la expulsión de Robben y gol de Renato que le devolvía los tres puntos al Sevilla. Tres puntos que le permiten al equipo sevillista volver a la auténtica aristocracia liguera, la que da opción a un lugar en Champions.

Aparece en el calendario la anual cita en el Bernabéu, la inquietante cita en el coliseo de la Castellana, pero en esta ocasión no es como otras veces. Con el anfitrión atravesando una auténtica tempestad, las previsiones ganan en ilusión según se mira desde la acera sevillista. Y para una cita en la que el Sevilla se juega seguir en el grupo de élite, Jiménez alinea lo previsto, incluso con Adriano en vez de Diego Capel.

Y en ese Madrid acuciado por los problemas, tanto internos como exógenos, Schuster pone en liza a lo que tiene y entre los que tiene hay mucha gente recién salida de la enfermería, léase Cannavaro, Higuain y Robben. Y a la hora de autos, ese dibujo asimétrico por el que el costado diestro queda prácticamente desierto, con demasiados metros para Míchel Salgado.

Es un partido ideal para la pesca de altura y, aunque el Madrid sale con mucho peligro para que Palop evidencie el aperitivo de lo que será su noche, a la primera pesca el Sevilla. Jesús Navas, al que se le presume un filón con Marcelo, asiste por vez primera, falla también por vez primera Casillas y el marcador se pone de cara. Es un Sevilla bien agarrado al piso, con el trivote funcionando sincronizada y acertadamente, pero el Madrid es el Madrid, según los que saben de la cosa.

Y el Madrid, que ya no se ha acercado más a Palop desde aquello del arranque, empata en una desaplicación defensiva de Konko. No es justo que el Sevilla no vaya ganando, pero esa contrariedad tarda sólo tres minutos en tornarse alegría. Otra vez asiste Navas, el espacio aéreo del Madrid es una verbena y Romaric adelanta otra vez al Sevilla. Y aquí aparece el mejor Sevilla, muy bien como bloque y excepcional en los tres que forman el corazón del dibujo, Duscher, Romaric y Renato.

Claro que cuentan con la inestimable ayuda de Kanoute a la hora de ganar balones divididos, y tanto en las ayudas de Adriano como en las internadas y asistencias de Jesús Navas. Tras varios aciertos del muy acertado Palop, la fruta cae por gravedad y llega el tercer gol en un alarde de calidad de Kanoute. Todo indica que la suerte está echada, que no hay vuelta atrás y cuando se llega al intermedio, nadie, absolutamente nadie, da un euro por la pelleja del Realísimo, o ex Realísimo.

Es, ha sido, tan superior el Sevilla, tiene tan controlado el juego el equipo que dirige Manolo Jiménez que, aunque los iniciados repitan recurrentemente, ni aunque que el Real Madrid sea el Real Madrid se le atisba porvenir alguno al laureado equipo blanco. Es un zombie a pies de este Sevilla tan organizado y con sus hombres tan bien aleccionados. Es pura sincronización frente a un alma en pena, por lo que nada parece presagiar riesgos para el Sevilla.

Pero cuando los iniciados hablan será por algo y en un abrir y cerrar de ojos, el Madrid empata el partido. Para ello ha tenido que ocurrir que ese trivote que tan bien funcionó antes del descanso se caiga con estrépito para que el equipo se acule y sea pasto de un Madrid enardecido tras el segundo gol, el de Higuain. Además, ese Robben que parecía sin combustible aparece para contribuir a que el Sevilla se tambalee y se caiga.

Parece mentira, pero es verdad. Ese magnífico Sevilla ya no es tal, sino un saco de golpes que tiene en Palop al auténtico héroe de la noche. Pero un lance será decisivo para que las cosas sean como fueron. Es la segunda tarjeta a Robben, que va a ser un golpe mortal para este Madrid tan en tenguerengue. A partir de ahí, y ya con Fazio en vez de Romaric, el Sevilla va a por el partido y lo consigue.

Justísima y brillante victoria sevillista en un campo donde los éxitos se gozan de forma multiplicada. Un triunfo merecido, pero que atravesó por una fase de incertidumbre que no llegó a más porque Palop hizo un partidazo, sobre todo en un paradón abajo a Raúl precisamente cuando las apuestas jugaban a favor del enardecido Real Madrid. Tres puntos de platino para ponerse en lo mejor, para estar ya en lo mejor. Y es que el banco tenía la pesca que presumíamos en la víspera.

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