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Preocupantes síntomas de disgregación

  • Otra entrada floja pese al interés del rival, el reactivado problema de Gol Norte y los sempiternos males del equipo señalan ya a Del Nido

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El Sevilla de Míchel es un perro flaco al que no dejan de aparecerle pulgas por doquier. El equipo empieza a ser permeable a las carencias de la plantilla, a la dirección técnica desde el banquillo y también a las disonancias del club. La prueba evidente es que ayer el soniquete contra José María del Nido desde Gol Norte se hizo genérico al final del encuentro, con su toque de ironía: "Míchel, quédate; Del Nido, vete ya". Entre una cosa y otra se ha formado un peligroso y nocivo cóctel de pésimo sabor. Y el cliente puede empezar a mirar al barman. El propio Míchel ya ha dicho alguna vez que es lógico que se mire al entrenador cuando los resultados no son los esperados, pero el sevillismo señala ya a su mandamás.

De antemano, el calor de la grada fue escaso y sólo vibró con el arreón inicial típico del Sevilla que se fue al traste con el disparo al palo de Negredo o su otro remate previo al de Jesús Navas, o cuando reclamó el nítido penalti sobre Rakitic. Todo empezó a torcerse cuando el que sacó partido de la estrategia fue el visitante, no el local. Y la séptima expulsión del curso fue el remate.

De entrada, cabe destacar que el primer ingrediente del cóctel es la escasa entrada en el Sánchez-Pizjuán. ¿Culpa del horario, del aburrimiento del abonado, del reavivado desencuentro entre el grupo Biris Norte y José María del Nido? Cuando no había animación organizada, lustros atrás, este mismo estadio registraba muy superiores entradas y no necesitaba para llenarse la visita del cuarto clasificado de la Liga. Pero esto responde a la deriva general del fútbol español, que viene perjudicando de forma pertinaz al abonado sevillista. Lo otro, el desencuentro con el sector radical, sí es un mal endógeno.

Pero otro ingrediente sustancial del cóctel corresponde directamente a la sazón del entrenador. Ahora mismo, Palop ofrece más seguridad que Diego López, por mucho que éste fuera fichado para ser el titular. Ayer volvió a tragarse un gol a balón parado en el área chica pese a sus 1,96 metros, como ante el Espanyol en Liga. El gallego parece haber perdido la confianza que Míchel le dio de partida. El valenciano se hizo titular tras su roja en Granada, pero el técnico decidió virar de nuevo el timón en un capítulo tan delicado como la portería.

Ítem más. El madrileño intenta sacarle partido a una plantilla con muchos mediapuntas sin gol, pocos cerebros y dependencia excesiva de Negredo. Quiere mandar en los partidos, como hizo durante la primera parte, cuando aún sus futbolistas tenían fuerzas para presionar y tirar de la manida intensidad. Pero para que eso dé fruto es imprescindible marcar algún gol que dé rédito a tanto esfuerzo. Si no, la consecuencia es letal: el equipo pierde el gas y, ante la ausencia de otro concepto de fútbol, es presa fácil para cualquier rival con más orden y eficacia. Es la triste realidad de un Sevilla que requiere soluciones ya.

Un hito para nada: seis internacionales españoles juntos

Por primera vez en la historia, el Sevilla puso sobre el campo al mismo tiempo a seis jugadores que han debutado con la selección española: Diego López, Fernando Navarro, Jesús Navas, Reyes, Manu del Moral y Negredo. ¿Está sobrevalorada la plantilla del Sevilla? Viendo este dato es obvio que la plantilla del Sevilla está contrastada, al menos por nombres. Otro asunto es que esté bien estructurada, porque ¿es lógico que un futbolista del talento de Reyes no pueda ser titular por el superávit de mediapuntas? ¿O que Jesús Navas no tenga derecho a descanso, pese a no estar en un buen momento?

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