La valentía de un barrio cofrade por excelencia

  • Un breve chaparrón pone en jaque la salida del cortejo procesional en Huerta de la Reina, que no dudó en continuar

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Un desafío para valientes. Una valentía propia del que se sabe perdedor en otras ocasiones por la traición de la lluvia, que llega, en algunos casos, sin ser invitada. Un cuarto de siglo en la calle y los años que aún quedan. Todo eso y más. La Hermandad de la Redención puede presumir de todos esos atributos y sumar el de populosa. La cofradía de la Huerta de la Reina, la de la Virgen de la Estrella, plantó ayer cara a un breve chaparrón que cayó justo cuando el paso de Nuestro Padre Jesús de la Redención ante Caifás no había hecho más que poner los pies en la calle. Sin dudas, consciente del riesgo, no duda y sigue su cortejo procesional desde la calle Joaquín Sama Naharro. Sin duda, esas nubes no fueron suficientes para amedrentar a toda una cofradía, a todo un barrio que presume de tener estrella propia.

Minutos antes de la salida, nada ni nadie puede aventurar que un nubarrón puede poner en peligro la procesión. A pocos metros del templo, justo en la puerta del mesón Goya, Laureno Wizner y Antonio Rodríguez, costaleros del paso de palio, apuran un refresco. "Somos costaleros por devoción, porque es un oficio antiguo, por acompañar a los amigos y para enseñar a Córdoba el buen trabajo de esta cofradía", relata Wizner, quien anota todas y cada una de las procesiones en las que ha salido en la morcilla del costal.

En la Huerta la Reina no hay calles estrechas, ni calles señoriales como en la zona Centro, sino edificios de no más de medio siglo de vida. A pocos metros, la vida sigue y el tráfico continúa con total normalidad en la avenida de la Libertad. Allí tampoco hay los típicos puestos de venta ambulantes de todo lo imprescindible de la Semana Santa infantil: ya sean tambores, ya sean cornetas. Pero la cultura cofrade sí que ha calado entre sus residentes, que se agolpan en el portón de chapa roja del templo de San Fernando. Como muestra, las colgaduras adamascadas de algunas de sus casas, como muestra las saetas que ofrecen los vecinos; como ejemplo, los aplausos al esfuerzo de la hermandad, que no se rinde ante la lluvia y, como ejemplo, los niños vestidos de esclavinas, que conforman la savia nueva del mundo cofrade. El paso de misterio logra salir, no sin esfuerzo, y exhibe con esmero su oro tallado paso a paso y se deja mecer por los aplausos.

Al igual que la Señora de la Huerta de la Reina bajo su manto de terciopelo azul, que consigue deslumbrar a toda la concurrencia. Arranca aplausos, arranca vivas, un piropo tras otros. Es la reina del barrio.

A su regreso al filo de la medianoche, los vecinos vuelven a recibir a sus titulares, a recogerlos de nuevo en el Pretorio y la acompañan por Doña Berenguela para llegar de nuevo a su casa, a su barrio, a la Huerta de la Reina.

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